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Nacional

Devaluación insostenible

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En el último libro, Distribución del ingreso con equidad es posible, se sostiene que el déficit en cuenta corriente constituye uno de los temas no resueltos de la ciencia económica.

Las recesiones de 2008 en Estados Unidos, de 2010 en Europa y ahora en América Latina se originan en incrementos de los déficits en cuenta corriente y de las políticas para enfrentarlos. Se da por hecho que el déficit genera una devaluación que lo corrige o puede subsanarse con una entrada de capitales.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En el último libro, Distribución del ingreso con equidad es posible, se sostiene que el déficit en cuenta corriente constituye uno de los temas no resueltos de la ciencia económica.

Las recesiones de 2008 en Estados Unidos, de 2010 en Europa y ahora en América Latina se originan en incrementos de los déficits en cuenta corriente y de las políticas para enfrentarlos. Se da por hecho que el déficit genera una devaluación que lo corrige o puede subsanarse con una entrada de capitales.

La realidad es distinta. El déficit en cuenta corriente ocasiona una severa deficiencia de demanda efectiva que interfiere con el funcionamiento regular del sistema y, en particular, con las políticas fiscales y monetarias austeras.

En septiembre del año pasado el FMI presentaba a Colombia como una excepción de América Latina y predecía que crecería 5% en el presente año. De ahí en adelante el organismo ha estado comprometido en una carrera de rectificaciones de las predicciones que quedan desactualizadas antes de divulgarse. El vaticinio más reciente de crecimiento de 3% para el presente año fue seguido de un alud de índices negativos en la industria, las exportaciones, las importaciones, las licencias de construcción y el consumo de energía. El producto nacional marcha por debajo de esa cifra y de seguro terminará el año cerca de 2%.

El presidente Santos, en la alocución del 20 de julio, señaló que el debilitamiento de la economía obedece a la caída de los precios del petróleo y anticipa que se corregirá con la devaluación y la regla fiscal. La caída del precio del petróleo ocurrió hace ocho meses y estaba anunciada un año antes. Así no se haga explícito, el país está atrapado en el ajuste convencional del FMI. El gran interrogante es sobre la aplicación del expediente en las circunstancias actuales y sus implicaciones en el desarrollo nacional.

El ajuste se ha realizado dentro de un marco de mercado y austeridad fiscal y monetaria que no han permitido que la inflación y el salario real compensen el encarecimiento de las importaciones. La elevación del tipo de cambio ha ocasionado un aumento mayor en los costos que en los ingresos de las empresas exportadoras. Así, las compañías operan con estrechez utilidades y escasez de divisas que no les dan margen para bajar los precios externos y colocar los productos en los mercados internacionales. Tan cierto es esto, que la devaluación es cada vez más acentuada y el déficit en cuenta corriente ya supera el 7% del PIB.

El proceso se asemeja al seguido en los países periféricos de Europa, en particular Grecia. Ante la imposibilidad de elevar el tipo de cambio y la inflación, la baja del salario se realiza mediante la contracción brutal de la producción y del empleo. Así las cosas, la política de austeridad no constituye el camino adecuado para estabilizar la balanza de pagos.

En la práctica, la actitud del Gobierno es dejar que la devaluación continúe su rumbo, recortar el gasto público y esperar que en algún momento se corrija el desbalance externo. Pero si la devaluación es cada vez más intensa y el déficit en cuenta corriente se incrementa, se configura un círculo vicioso insostenible. Tarde o temprano se acaba interviniendo el mercado cambiario e incumpliendo la regla fiscal.

Los hechos se han encargado de confirmar que el ajuste de la balanza de pagos, tanto con el tipo de cambio fijo como con el tipo de cambio flotante y austeridad fiscal y monetaria, se realiza a cambio de resquebrajar la estructura productiva. El mismo resultado sobre la balanza de pagos se puede lograr, sin los efectos traumáticos sobre el empleo y la producción, dentro de un contexto de intervención del tipo de cambio, revisión comercial y amplitud fiscal y monetaria.

El Espectador, Bogotá.

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