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Nacional

El desmantelamiento de la balanza de pagos

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Cumplidos dos años de la aprobación de los TLC y de la profundización de la revaluación, el país revela un deterioro acentuado de las cuentas externas y del empleo.

No es una coincidencia. El libre mercado de aperturas y TLC dentro de un marco de revaluación es una afrenta al empleo.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Cumplidos dos años de la aprobación de los TLC y de la profundización de la revaluación, el país revela un deterioro acentuado de las cuentas externas y del empleo.

No es una coincidencia. El libre mercado de aperturas y TLC dentro de un marco de revaluación es una afrenta al empleo.

El resultado no es aislado. El mundo está operando dentro de un marco contractivo luego de la globalización. Los países mayores están comprometidos en conformar superávits en cuenta corriente para reactivar las economías mediante devaluaciones o baja de salarios. En el último año Europa devaluó su moneda notablemente con relación a Estados Unidos y, en este año redujo los salarios para devaluar con respecto al resto del mundo. Así América Latina va quedando como la región más débil en el intercambio comercial. La situación ha tenido manifestaciones en toda la región que ha visto caer el crecimiento económico, elevar la inflación y reducir el salario.

Colombia no es la excepción. No es aventurado señalar que es el país más afectado por el deterioro comercial de América Latina. En el fondo ha evitado la destorcida de la bonanza facilitando la entrada de inversión extranjera y profundizando la revaluación.

Luego de dos años y medio de la aprobación del TLC y profundización de la revaluación, el país se ve abocado en un serio resquebrajamiento del sector externo. Los costos de la mayoría de los productos industriales y agrícolas superan los precios de los países socios, las exportaciones totales caen 4,5%, las industriales 15% y las agrícolas no tradicionales 10%. El balance comercial pasó de US$6.000 millones a un déficit de US$ 1.500 millones.

La manifestación más grave está en las materias primas. El abaratamiento de las importaciones les permite a las empresas sustituir empleo por importaciones que no les cuesta nada, porque la mayor cantidad de compra menores los precios. Las empresas pueden aumentar las utilidades recortando la nómina. Es posible que el libre comercio con revaluación eleve los ingresos por el abaratamiento de las importaciones, pero, lo que se gana por ese lado se pierde con creces por la baja productividad de la canasta dominada por los servicios y la construcción y, sobre todo, por la destrucción del empleo.

Nada de esto ha conmovido a los organismos internacionales y a las firmas calificadoras de riesgo. El FMI en declaraciones recientes proclamó que la revaluación en Colombia no había tenido ningún efecto sobre la industria. En contraste, los empresarios no disimulan la angustia. El presidente de la Andi, que hasta hace pocos meses aparecía como uno de los consejeros más influyentes del Gobierno, reveló a viva voz en el programa Hora 20 que el modelo económico había fracasado y que está en camino de arrasar la industria. En cierta manera se replica la época anterior a la crisis de 1999, cuando el Fondo señalaba que la economía debía subir la tasa de interés para mantener el tipo de cambio y la inflación y anticipaba que ello no afectaría el desempeño de la economía.

En las teorías económicas convencionales, se considera que dentro del tipo de cambio flexible están blindadas al sector externo. Los choques de divisas se compensan con movimientos del tipo de cambio que las neutralizan o entradas de capitales que las subsanan. El resultado no es cierto porque las naciones poderosas intervienen los mercados cambiarios sin consideración. Así, los países de mediano tamaño quedan expuestos a rigurosidades, que se manifiestan en cuantiosos déficits en cuenta corriente que contraen la demanda efectiva y el empleo. Es hora que se entienda que la apertura, los TLC y la revaluación son unas de las principales causas de la caída de los ingresos del trabajo en el PIB y el deterioro de la distribución del ingreso.

El Espectador, Bogotá, 17 de agosto de 2014.

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