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El proceso electoral colombiano

Por José Arlex Arias Arias  

Después de cumplido el proceso electoral que eligió al parlamento es factible, con toda serenidad, hacer unas reflexiones sobre el tema. El Congreso de la República es la principal institución del modelo democrático, puesto que es el encargado de confeccionar las Enmiendas Constitucionales

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Por José Arlex Arias Arias  

Después de cumplido el proceso electoral que eligió al parlamento es factible, con toda serenidad, hacer unas reflexiones sobre el tema. El Congreso de la República es la principal institución del modelo democrático, puesto que es el encargado de confeccionar las Enmiendas Constitucionales

y las Leyes que son el marco jurídico del paradigma que orienta política, económica y socialmente al país. Dicho en otra forma, es el encargado de decirle al Presidente qué es lo que debe ejecutar.

La anterior es la razón por la que el presidente Santos, a pesar de la supuesta autonomía del Congreso, se esforzara en poner a funcionar estrategias para cooptar las mayorías legislativas. Es lo que se conoce con el eufemismo de la “mermelada” o “aceitar la maquinaria”, pero su verdadero nombre es la más profunda corrupción, que parte desde colocar los recursos del Estado al servicio de una cauda política, pasando por un sistema electoral frágil y manipulable hasta implementar los más macabros mecanismos de exterminio a quienes no sean sus correligionarios ideológicos.

Esos hechos se han colocado en boga en nuestra “profunda” democracia. Las denuncias fueron contundentes y el mismo gobierno del presidente Santos las justifica, sin que haya reacción popular; fueron cerca de tres billones de pesos con los que el presidente Santos aceitó a la Unidad Nacional, repartiendo mermelada a diestra y siniestra, prostituyendo el proceso electoral para su propia causa y asegurando unas mayorías legislativas que posibiliten su reelección y unos parlamentarios borregos al servicio del modelo neoliberal, comandado por los grupos económicos –nacionales y extranjeros–, con unos apéndices que son los grandes medios de comunicación.

Con ese “engrase”, pulularon las filas de gente vendiendo su voto en las casas de “acopio”, ante las miradas complacientes de las “autoridades” que solo funcionan para darle garrote a quienes osen protestar. El pueblo inconsciente, víctima de la alienación de esos “cacaos” de los medios que critican la corrupción en otros países pero impulsan y acallan la propia, termina eligiendo a sus verdugos. Votos amarrados por unos miserables pesos o un contrato de obra o de trabajo, que terminan prestándole un flaco servicio a esa misma democracia que dicen defender. 

Pero además, el sistema utilizado para computar los resultados tiene todas las debilidades que permiten hacer la manipulación de la voluntad popular, puesto que gran parte de las operaciones son manuales. Todos estos gobiernos se han resistido a computarizar todo el proceso porque entonces el voto de opinión podría darles un “golpe de Estado”; voto de opinión que se mueve entre la abstención de casi el 57%, los votos en blanco del 5,21%, tarjetones no marcados del 5,88% y votos anulados del 10,38%, cifras con las cuales habría una gran mayoría que le permitiría a Colombia un nuevo amanecer. En esta franja es digno destacar el trabajo incansable del senador Robledo y del Polo Democrático Alternativo. El primero –con cerca de 200 mil votos– se constituye en la gran figura electoral, sin ningún tipo de maquinaria, y su partido logró subsistir ante la gavilla que lo ha querido desaparecer, ya que aunque en 2010 eligió ocho senadores, al poco tiempo se le fueron seis –votación con la cual nunca contó–, por lo que sus cinco curules significan la cualificación y consolidación de dicho partido. ¡Todavía la alternativa es clara!   

arlexariasarias@yahoo.com

Cartagena,17 de marzo de 2014.

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