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Nacional

Equidad y clase media

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En los últimos días aparecieron informes de las Naciones Unidas y el Banco Mundial que revelan que en América Latina, y en particular en Colombia, la movilidad social se incrementó y la clase media se amplió.

Durante el mismo período, en la mayoría de los países de la región la participación del trabajo en el PIB disminuyó, la distribución del ingreso se deterioró y la calidad del trabajo retrocedió.

En mi último libro, Distribución del ingreso con crecimiento es posible, señalo que el problema de la distribución del ingreso es teórico.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En los últimos días aparecieron informes de las Naciones Unidas y el Banco Mundial que revelan que en América Latina, y en particular en Colombia, la movilidad social se incrementó y la clase media se amplió.

Durante el mismo período, en la mayoría de los países de la región la participación del trabajo en el PIB disminuyó, la distribución del ingreso se deterioró y la calidad del trabajo retrocedió.

En mi último libro, Distribución del ingreso con crecimiento es posible, señalo que el problema de la distribución del ingreso es teórico.

Durante dos siglos las instituciones económicas han girado alrededor de la concepción neoclásica de que la eficiencia y la equidad son separables. Dicho en otros términos, el crecimiento económico no afecta la distribución, y viceversa. En este contexto la distribución del ingreso se puede lograr con transferencias fiscales, como sería el aumento de la participación de los recaudos y del gasto social en el producto nacional y la elevación de los niveles de escolaridad y la reducción de las diferencias de oportunidades. La actitud se refleja en los informes de las Naciones Unidas y el Banco Mundial; dentro de un gran despliegue claman que las transferencias de ingresos fiscales y la movilidad social han configurado sociedades de clase media altamente equitativas. Infortunadamente, el discurso no cuadra con las cifras que muestran que la distribución del ingreso se deterioró en los últimos 20 años y que el índice de Gini de Colombia se encuentra entre los diez más altos del mundo.

Parte de la explicación está en la separación entre la economía y la distribución del ingreso. El orden económico mundial, representado por la OCDE, los organismos internacionales y los gobiernos, ha seguido al pie de la letra el diagnóstico neoclásico de ampliar la participación del gasto social y los recaudos, y elevar los niveles de escolaridad. Todas estas políticas han sido compensadas con creces por la acción deliberada de los gobiernos y los agentes económicos para establecer el retorno del capital por encima de su productividad y elevar su participación en el producto nacional.

La otra parte de la explicación reside en que tanto la política educativa como la fiscal recaen fundamentalmente en los ingresos medios de la población. Mientras el impacto es de grandes dimensiones en las economías donde la mayor parte de la población está en la clase media, como Europa, y Estados Unidos, es de menor orden en las economías en que la mayoría de la población está representada por el 40% más pobre, como sucede en los países medianos de América Latina, y desde luego en Colombia.

El avance de la equidad no será fácil sin una teoría que reconozca sus múltiples vínculos con la economía, en particular la estrecha relación entre la distribución del ingreso y el crecimiento inducida con el ahorro. La conciliación de los dos propósitos está condicionada a un modelo que actúe sobre ambos frentes y corrija los posibles conflictos.

El problema y la solución adquieren carne y hueso cuando se introducen las especificidades de los países. En el libro antes citado se muestran que las causas de las enormes desigualdades de la sociedad colombiana se encuentran en la acción de los gobiernos y los agentes económicos para establecer el retorno del capital por encima del crecimiento del producto, el bajo ahorro del capital y la exclusión del 40% más pobre. La receta es un impuesto al patrimonio que cierre la brecha entre el retorno del capital y el crecimiento, la orientación de los recaudos para cubrir un subsidio a la contratación de trabajadores provenientes del sector informal y la elevación del ahorro del capital mediante diversos procedimientos.

El Espectador, Bogotá.

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