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Esa tal industria nacional, ¡no existe!

Cedetrabajo capítulo Valle del Cauca   

Ahora sí debería usar estas palabras el presidente Santos para presentar su golpe certero y final a la industria colombiana, pues no caben dudas que la intención de aprobar otro nefasto tratado comercial con Corea del Sur es un claro epitafio con el que se sepulta por completo dicha actividad económica. No puede esperarse menos de una industria que al cierre del año pasado reportó una caída en la producción y un bajo crecimiento, que además “para el período enero octubre de 2013,

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Cedetrabajo capítulo Valle del Cauca   

Ahora sí debería usar estas palabras el presidente Santos para presentar su golpe certero y final a la industria colombiana, pues no caben dudas que la intención de aprobar otro nefasto tratado comercial con Corea del Sur es un claro epitafio con el que se sepulta por completo dicha actividad económica. No puede esperarse menos de una industria que al cierre del año pasado reportó una caída en la producción y un bajo crecimiento, que además “para el período enero octubre de 2013,

comparado con el mismo período de 2012, reportaba una disminución en la producción de –0,3%, un crecimiento en ventas de 1,4% y, dentro de éstas, las ventas hacia el mercado interno crecieron 1,6%. Hace un año estas tasas eran de 0,8%, 2,7% y 1,6%, respectivamente”[1].

Situación que no debe entenderse separada de hechos históricos que datan de la apertura económica y que se fueron agravando con la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos en mayo del 2012 y con el de la Unión Europea en agosto de 2013. Así, a pesar que el capital extranjero con todos los beneficios que ha usurpado, lleve más de dos décadas desmantelando las empresas nacionales, este gobierno sólo necesitó menos de dos años para arrasar con la industria (y el agro) de nuestro país. Lo anterior se pudo reflejar en el 2012, cuando “27 de los 48 subsectores industriales registraron una disminución en su producción, destacándose negativamente la caída del sector de vehículos automotores (-31.8%), sustancias químicas básicas (-11.8%), refinación de petróleo (-1.6%), productos de plástico (-9.1%), hilatura, tejedura de productos textiles (-23,3%) y otros productos químicos (-2.9%). En conjunto estas seis actividades restaron 3.8 puntos porcentuales a la variación total”[2].

Sin dejar de lado que un sector como el agro, fundamental para la seguridad alimentaria, “está presentando un comportamiento adverso y su participación en el producto interno bruto es cada vez menor. De igual manera, su crecimiento en los últimos cinco años no ha estado por encima del 2,6% llegando incluso a presentar cifras negativas o de crecimiento nulo, como sucedió en el 2009 y el 2010”[3]. Razón suficiente para que cientos de familias que viven de esta actividad salieran a paro a finales del año pasado para decirle al gobierno que no había garantías para la producción nacional y que lo único seguro para dicho sector era la pobreza y la miseria.

En consecuencia, la entrada en vigencia de otro TLC será “un carro-bomba contra la industria”, pues el país se va a enfrentar con la “economía número 13 del planeta; el cuarto exportador mundial de textiles y confecciones; el quinto fabricante de automóviles y autopartes; su productividad es cinco veces la de Colombia y sus subsidios a la industria y a la agricultura son descomunales. Es como poner a competir a un bebé de tres meses con un jayán de 21 años”[4].

Sin embargo, muchos aduladores de la manguala nacional afirman que es ese desarrollo tan avanzado de la industria sur coreana el que le permite tener una ventaja comparativa a Colombia, en tanto que dicho país se convirtió en comprador neto de bienes agropecuarios y alimenticios, insinuando ingenua o descaradamente que Colombia, aunque poco a poco ha venido perdiendo su soberanía alimentaria, será capaz de arrebatarle el mercado a potencias agrícolas como Estados Unidos, China, Sudáfrica, Rumania, Brasil, Alemania, Hungría, entre otros.

Frente a este panorama tan desolador, sólo puede vislumbrarse a corto plazo una réplica incesante de cierres como el sucedido con Icollantas, con el agravante que ahora es a toda la industria automotriz que puede llevar a pérdidas cercanas a los 24.783 empleos directos y casi 200.000 indirectos, dejando a su paso una plaga de desempleo y rebusque en una sociedad a la que le arrebatan los cimientos necesarios para desarrollarse, como lo son la industria y la agricultura. En suma, hoy nuevamente se comprueba el carácter neoliberal y antinacional del gobierno santista, que le confirma a los defensores de la producción y la industria nacionales, que no debe creerse en la reelección del atraso y la pobreza, y que es necesario y urgente un cambio democrático para Colombia que inicie por ejemplo con la renegociación de dichos tratados comerciales y guíe el camino hacia la recuperación de la soberanía nacional.

Notas:

[1]http://www.andi.com.co/Archivos/fil…

[2]http://www.eje21.com.co/opinin-secc…

[3]http://www.polodemocratico.net/inde…

[4] http://www.moir.org.co/Aprobacion-d…

Cali.

 

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