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¿Histórico?, tal vez sí: columna de opinión de Clara López en portal Las 2 orillas

En los últimos tiempos, la calificación de “histórico” se adjudica de manera liviana a casi todo, siguiendo esa costumbre de ser superlativos, sin darle la proporción debida a los acontecimientos. Es entonces histórico el crecimiento económico o las ventas de un producto o la visita de un personaje. Hemos convertido el calificativo en una especie de récord Guiness, subjetivo por cierto, de los acontecimientos cotidianos.

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En los últimos tiempos, la calificación de “histórico” se adjudica de manera liviana a casi todo, siguiendo esa costumbre de ser superlativos, sin darle la proporción debida a los acontecimientos. Es entonces histórico el crecimiento económico o las ventas de un producto o la visita de un personaje. Hemos convertido el calificativo en una especie de récord Guiness, subjetivo por cierto, de los acontecimientos cotidianos.

Por ello, la integración de la comisión de víctimas y su reunión con la mesa de negociaciones entre el Gobierno y la insurgencia armada de La Habana merece contextualizarse para medir su verdadera importancia. Ya se ha repetido que la prioridad otorgada a las víctimas en esta negociación es hasta la fecha única en el mundo. Son cientos los conflictos armados que han encontrado su salida negociada durante el último medio siglo y en ninguno de ellos las víctimas habían recibido el reconocimiento que han encontrado en esta etapa en Colombia.

Sin embargo, ser la primera vez no convierte el acontecimiento en histórico. Son las características de los protagonistas, sus ejecutorias y los resultados que irradien sobre el cuerpo social los que pueden hacerle merecer esa atribución y hay muchos indicios de que ello está en proceso de concretarse. En primer lugar, porque las víctimas pueden convertirse en el punto de encuentro de una sociedad dividida, polarizada y enfrentada contra sí misma. El ejemplo de unidad que han protagonizado las primeras víctimas de los distintos actores del conflicto que viajaron a La Habana podría efectivamente servir de catalizador de un proceso de reconciliación sin el cual la paz difícilmente puede aclimatarse. Después de ser escuchada la primera comisión de doce víctimas, coincidieron todas en un comunicado conjunto en afirmar estar “unidas en el dolor” independientemente de quienes fueran sus victimarios e invitaron al resto de víctimas a hacer “causa común” en el camino hacia la paz, sin renunciar la verdad que se convierte en un pilar para salir de la construcción de paz. Esas doce personas dieron múltiples lecciones de fortaleza y dignidad. Constanza Turbay afirmó, por ejemplo, “Iván Márquez me pidió perdón con sinceridad” y Janet Bautista considerada víctima del Estado encontró su dolor reflejado en el de las otras víctimas. “Las lágrimas, el sentimiento y el sufrimiento que tenemos las víctimas es uno solo”.

Con más de seis millones de víctimas, sin contar las de La Violencia, así con mayúsculas, protagonizada entre 1948 y 1958, el dolor compartido por tantas colombianas y colombianos puede convertirse en la clave de la construcción a la salida de la guerra. Por ello también merece un repudio social generalizado el comportamiento sectario de una parlamentaria que incitó un hostigamiento injusto contra una de las víctimas que no debe repetirse.

Las víctimas exigieron al unísono a Gobierno y Guerrilla que no se paren de la mesa sin lograr los acuerdos que le pongan fin al conflicto armado al expresar de forma unánime su confianza en el proceso de paz como único camino para el fin de la violencia y la reconciliación nacional. Para no seguir reproduciendo más y más dolor hay que “cerrar la fábrica de víctimas”.

Esta vez tendrá que ser con una alta dosis de verdad histórica. Ya empezó su labor otra comisión integrada por las partes de la mesa encargada de estructurar el relato de lo sucedido en los últimos tiempos. La historia a medias sirve para justificar a las partes. Este experimento de buscar también un encuentro con los hechos del pasado para transmitirlos a las nuevas generaciones como testimonio vivo puede, si se hace debidamente, romper el ciclo que abona nuevas violencias. Winston Churchill decía que la historia lo trataría bien, no sin aclarar de manera picaresca, que pensaba escribirla. Los alemanes demoraron una generación al salir de la Segunda Guerra Mundial para escribir en los libros de texto escolar los pormenores del holocausto contra los judíos.

No es una simple frase de cajón: Para que la historia no se repita tiene que conocerse y convertirse en lección aprendida desde las aulas. Unidad en el dolor, verdad y perdón, las palabras en boca de los protagonistas de La Habana el pasado fin de semana, pueden hacer de ese episodio uno de características históricas si todos los actores asumen su responsabilidad con la dignidad de las víctimas. Entre los actores están, desde luego, no solo los dirigentes sino todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas.

Clara López Obregón

Las 2 orillas.co.

 

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