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Información y poder

Por Fander Falconí  

Una métrica errónea, o una medición adecuada pero mal aplicada, son como el diagnóstico equivocado de un médico. Cuando la evaluación de partida es errada, la medicación prescrita no resuelve el problema de salud, incluso podría agravarlo.

Esto ocurre cuando medimos problemas sociales,

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Por Fander Falconí  

Una métrica errónea, o una medición adecuada pero mal aplicada, son como el diagnóstico equivocado de un médico. Cuando la evaluación de partida es errada, la medicación prescrita no resuelve el problema de salud, incluso podría agravarlo.

Esto ocurre cuando medimos problemas sociales, económicos y ambientales. A título de ejemplo, el dominio de la métrica centrada, en forma miope, solo en el crecimiento económico –léase la evolución del Producto Interno Bruto (PIB)- ahoga el surgimiento de otras realidades sociales fundamentales como la pobreza, la concentración de la riqueza o la degradación ambiental. Esta métrica o medida es la que le conviene al capital, que sigue tratando de ocultar que el planeta es finito y que toda actividad productiva tiene secuelas sociales y ambientales.

La métrica es parte de la información (y es un término más vinculado a la técnica de la economía), la información es poder y por tanto los grupos de poder la usan (de manera positiva o por omisión) para preservar su poder, si se trata de estrategias defensivas, y para expandirlo, en el caso de estrategias ofensivas.

Las estrategias ofensivas las conocemos en forma perfecta, como cuando comienzan a hablar de los puestos de trabajo que se perderán si no se firma un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. Las estrategias defensivas son menos conocidas, porque suelen requerir restricciones y censuras, como cuando las transnacionales de los alimentos genéticamente modificados bloquean las noticias sobre las afectaciones a la salud. O también es una estrategia de desinformación la campaña de Chevron contra Ecuador. 

Noam Chomsky, el lúcido profesor norteamericano del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha desenmascarado todas las artimañas de información empleadas por la burguesía mundial para acrecentar su poder, desde los industriales del armamento hasta los farmacéuticos.

Sin una métrica adecuada para la sostenibilidad ambiental, las transnacionales pueden seguir extrayendo recursos de la naturaleza casi como si fueran bienes libres, la industria del petróleo puede seguir infravalorando el crudo gracias al ocultamiento de todas los daños sociales y ambientales que genera, o muchos productores pueden seguir “compitiendo” sin internalizar los costos ambientales y humanos por el uso del agua, que la toman gratis.

Hay un elemento adicional que es necesario destacar, y tiene que ver con la falta de información. Existe un conjunto de actividades públicas y privadas que pueden servir para proteger el ambiente y para recuperarlo, si ha sido afectado por las actividades humanas (la remediación, como se la conoce en términos generales).

Esto se podría registrar como el gasto social en protección ambiental: del aire, manejo de aguas residuales y residuos sólidos, protección y remediación del suelo, aguas superficiales y subterráneas, ruido, protección de la biodiversidad y protección ambiental.

El hecho de que se siga insistiendo solo en el crecimiento económico, como único factor de éxito de un país, es otra demostración del éxito abrumador del capitalismo. Éxito insostenible, como sabemos.

El Telégrafo, Ecuador, 14 de mayo de 2014.

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