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La democracia negada en Colombia: frustrada consulta popular minera en Cajamarca

Por Rodrigo Rojas Orozco  

El pasado viernes 13 de febrero en sesión ordinaria del Concejo Municipal de Cajamarca y por una votación de 10 a 1 se negó la realización de una consulta popular para definir si los habitantes de esa población tolimense querían o no la minería en su territorio.

Esta decisión estuvo precedida por presiones del gobierno nacional, la Procuraduría Regional y la multinacional Anglo Gold Ashanti a los concejales y el alcalde municipal.

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Por Rodrigo Rojas Orozco  

El pasado viernes 13 de febrero en sesión ordinaria del Concejo Municipal de Cajamarca y por una votación de 10 a 1 se negó la realización de una consulta popular para definir si los habitantes de esa población tolimense querían o no la minería en su territorio.

Esta decisión estuvo precedida por presiones del gobierno nacional, la Procuraduría Regional y la multinacional Anglo Gold Ashanti a los concejales y el alcalde municipal.

No era poco lo que estaba en juego: 24 millones de onzas de oro diseminado en el lomo de la cordillera central, en una zona donde hay más de 400 nacederos de agua y en la que se producen 82 cultivos diferentes y más de 25 mil habitantes que tienen como su mayor orgullo el ser parte de la despensa agrícola de Colombia.

La justificación para esta negativa no puede ser más peligrosa para el futuro de la democracia y significa el mayor de los retrocesos a la autonomía administrativa municipal consagrada en la Constitución del 91.

Los concejales renunciaron a su derecho a decidir y a permitir que el pueblo escogiera su presente y futuro. Centenares de esperanzados campesinos habían marchado el día anterior desde sus veredas hasta la plaza principal exigiendo la consulta popular ya.

El gobierno nacional a través del Ministerio de Minas y del Medio Ambiente ha optado por un camino que puede generar desobediencia y resistencia popular. Estas acciones contra la voluntad popular son una señal para agudizar más los conflictos  sociales y son una agresión al campesinado colombiano.

Existe cada día más un mayor grado de concientización de estos habitantes de la cuenca de río Coello en el sentido de que el agua vale más que el oro y que hay una responsabilidad con las nuevas generaciones para que ellos no vivan en un desierto sin la posibilidad de producir alimentos.

Cajamarca merece una oportunidad, la de la tranquilidad, el respeto a sus derechos colectivos y a no ser castigada por la violencia, ni por un proyecto megaminero que amenaza su existencia.

 

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