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Nacional

La destorcida externa

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En la columna publicada en septiembre 27, “Se dispara el dólar”, señalé que la caída de los precios del petróleo y el disparo de la devaluación daban un panorama de la economía colombiana muy distinto al pintado por el FMI y las firmas calificadoras de riesgo. En efecto, anticipaba que la dinámica de la economía decaería en el segundo semestre.

El estado actual de la economía colombiana era previsible. En repetidas ocasiones dije que el déficit creciente de la balanza de pagos era el resultado de un serio desequilibrio de la economía.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En la columna publicada en septiembre 27, “Se dispara el dólar”, señalé que la caída de los precios del petróleo y el disparo de la devaluación daban un panorama de la economía colombiana muy distinto al pintado por el FMI y las firmas calificadoras de riesgo. En efecto, anticipaba que la dinámica de la economía decaería en el segundo semestre.

El estado actual de la economía colombiana era previsible. En repetidas ocasiones dije que el déficit creciente de la balanza de pagos era el resultado de un serio desequilibrio de la economía.

En razón de que los dólares no pueden adquirir bienes no transables, como los servicios y la construcción, los abultados ingresos provenientes de la minería ocasionaron una revaluación que indujo a adquirir la mayor parte de los bienes industriales y agrícolas en el exterior y especializarse en minería y servicios. Debido a la baja productividad de este perfil, la mayor parte de la mejoría del salario real provino del abaratamiento de las importaciones y resultó muy inferior al avance del producto per cápita.

El proceso se vio agravado por la inversión extranjera. Cuando las monedas se revalúan lentamente, las entradas de capitales dan lugar a enormes rentabilidades que inducen más entradas de capitales y revaluación. Así las cosas, la afluencia de divisas se lleva por delante la discrecionalidad cambiaria.

Se configuró el típico modelo de altos precios de los productos básicos y revaluación que no es sostenible. En algún momento experimentan grandes caídas en los ingresos de divisas, que no pueden regularse por los conductos convencionales. Luego de un alza en los ingresos de divisas, que eleva los salarios y dispara el crédito, la destorcida es traumática. La baja de los ingresos de divisas amplía el déficit en cuenta corriente, y como éste no puede cubrirse, la demanda y la producción se contraen. Así, la acelerada devaluación revela un severo estrangulamiento de la economía que sólo se verá en detalle en las cifras de los dos próximos meses, pero ya se percibe en los indicadores más comunes.

La industria regresó a índices cercanos a cero. Las licencias de construcción de vivienda caen más de la cuarta parte. La tendencia creciente del consumo y los servicios quebraron. El hueco fiscal, que antes de la reforma tributaria se estimaba en $12,5 billones, en la actualidad supera los $18,5 billones. Los salarios reales dejaron de crecer. Tal como lo anticipé en columnas anteriores, el producto nacional crecerá 4% en el segundo trimestre y 3 en el próximo año, y lo peor, la pérdida de dinamismo estará acompañada del deterioro de los índices de equidad.

De nuevo se demuestra que no es cierto que las economías que operan con tasas de cambio flexibles están blindadas contra los choques externos y pueden operar con déficits crecientes de balanza de pagos. No se aprendió la lección de la apertura económica. En ese entonces la baja de los aranceles y la revaluación elevaron los ingresos y ocultaron el deterioro de la industria y la agricultura. Luego, el aumento persistente del déficit en cuenta corriente cercenó la economía y la precipitó en la recesión de 1999.

El país está pagando los costos del predominio de los recursos naturales y de la macroeconomía de banco central autónomo para bajar la inflación y las tasas de cambio flexibles, que ha fracasado a lo largo y ancho del mundo. La especialización en minería y servicios, la rienda suelta a la inversión extranjera y el libre cambio están haciendo aguas. El país no tiene más alternativa que avanzar en un perfil productivo que coloque en primera línea la industria y la agricultura, al igual que en un sistema macroeconómico más regulado y orientado en favor de la producción, el empleo y la estabilidad cambiaria.

El Espectador.

 

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