Conecta con nosotros

Nacional

“La rentabilidad empresarial en call centers y supermercados se garantiza a través de una estafa a clientes y trabajadores”

Por Nahuel Placanica / Agencia Paco Urondo   

Entrevista con la socióloga argentina e investigadora especializada en temas laborales Paula Abal Medina.

Ser sólo un número más, es el último libro publicado por la investigadora y docente universitaria Paula Abal Medina. En este trabajo analiza las características que imprime la fase del capitalismo actual sobre el trabajo en el sector terciario de la economía, más precisamente en supermercados y call centers.

Publicado

en

Por Nahuel Placanica / Agencia Paco Urondo   

Entrevista con la socióloga argentina e investigadora especializada en temas laborales Paula Abal Medina.

Ser sólo un número más, es el último libro publicado por la investigadora y docente universitaria Paula Abal Medina. En este trabajo analiza las características que imprime la fase del capitalismo actual sobre el trabajo en el sector terciario de la economía, más precisamente en supermercados y call centers.

Si bien esta investigación se realizó teniendo como referente el caso argentino, el campo de estudio de Abal Medina nos introduce en las condiciones laborales que rigen en la actividad, los abusos patronales y las formas de resistencia ensayadas por los trabajadores en prácticamente toda América Latina.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué características tiene el sector de call centers?

Paula Abal Medina: Definí estudiar, hacia el 2005-2006, las conocidas como empresas de call center, los centros de contacto y de llamadas, que tras la devaluación de 2002 en la Argentina habían crecido fuertemente porque se abarataron costos locales y, al ser empresas que tienen bajísimos niveles de inversión, se deslocalizan e instalan en cualquier otra parte para aprovechar estas “oportunidades de negocios”. Son formatos empresarios que ilustran brutalmente los rasgos más sustantivos del tiempo actual: tercerización, deslocalización y acentuación de las desigualdades sociales y laborales.

Este sector tenía alrededor de 6000 trabajadores en 2002 y fue ascendiendo hasta alcanzar los 70.000 trabajadores en 2008. Desde entonces la tendencia ha sido la inversa. La Cámara del sector estima que en 2013 descendieron a 54.000 trabajadores. Según esta fuente el 42% se concentra en Córdoba. Se menciona especialmente entre los motivos que impulsan esta destrucción de puestos de trabajo el avance de los registros No llame, que permite que las personas se inscriban en registros para no recibir ofertas telefónicas de productos y servicios.

APU: ¿Cómo influye la globalización en las condiciones de trabajo y salariales?

PAM: Vale aclarar que la operatoria del capitalismo vigente no es homogénea. Para ser clara: ¿a cualquier cliente que resida en EEUU lo atenderá un trabajador argentino, colombiano, indio, etc, desde un lugar lejano sin herramientas – por decisión empresaria- para responder su consulta, resolver su problema, atender su reclamo? La tercerización y la deslocalización son herramientas que potencian y también transforman los modos de la desigualdad laboral y social. La de los clientes (usuarios y consumidores) y la de los trabajadores. La segmentación de trabajadores y de clientes es un modo de segregación.

Los clientes rebotados por los trabajadores frontón. Los trabajadores frontón arremetidos por los clientes estafados. Son las figuras y las accionesque sintetizan parte de la trama de la desigualdad social del capitalismo actual.

¿Se terceriza y deslocaliza todo? No, y creo que esto es una cuestión muy importante para pensar. A un cliente de alto poder adquisitivo es mucho más probable que lo atienda el compatriota estadounidense, fuertemente capacitado por la empresa proveedora del servicio o por una tercerizada muy confiable para la misma, esto se traduce de formas múltiples: tendrá mejor remuneración, más capacitación, una intensidad del trabajo no contradictoria con la “buena atención”. Y el cliente con alto poder adquisitivo entonces será atendido más rápido, tendrá que sortear menos obstáculos hasta dar con un ser humano, seguramente le resuelvan lo que necesite y además le otorguen varios beneficios porque es el cliente con riqueza acumulada el que asegura rentabilidad con horizonte temporal.

Como decía antes a propósito de Harvey: el capitalismo en todas las etapas conjuga formas de la explotación con formas de estafa. Una economía de la explotación y una economía del despojo. Por eso la contracara del círculo virtuoso para las empresas, es el círculo vicioso de clientes y trabajadores pobres de las cadenas invisibles de la deslocalización y la tercerización.

Lo que quiero decir en definitiva es que la rentabilidad empresarial también se garantiza a través de una estafa bastante descarnada a clientes y trabajadores pobres de distintos lugares del planeta, ambos más bien funcionando como desechables. De ahí la preponderancia que tiene en los relatos de los trabajadores la percepción de ser sólo un número más.

Por eso al estudiar las relaciones de trabajo en estos call centers que se instalaron raudamente desde 2002, tras realizar un análisis de las prácticas cotidianas, y trabajar sus vinculaciones definí como dimensión estratégica la esquilmación inmediata.

Y ahí está la temporalidad propia de la esquilmación que es fulminante: por eso la enfermedad del burnout que produce esta experiencia de trabajo. Los trabajadores circulan (viralizan la crítica como dicen ellos) por blogs y redes distintas gráficas que ilustran con mucha ironía y sentido crítico al trabajador quemado, son prácticas muy productivas para des-individualizar el proceso de padecimiento de cada trabajador e inscribirlo en el funcionamiento propio del dispositivo empresario: es un síndrome compartido por los trabajadores sobre los que arremeten los clientes estafados.

Luego están las distintas prácticas que configuran la especificidad del dispositivo de esquilmación inmediata: la infantilización de los trabajadores, las ilegibilidades, el tiempo estrujado y el control extendido, la figura del trabajador frontón de la que ya charlamos y la configuración de unos colectivos de trabajos parcelados y perecientes.

De acá la importancia que tienen las iniciativas legislativas para regular las condiciones de trabajo en los call centers. Como la que entiendo podría ser aprobada a raíz del proyecto de ley presentado por el diputado Larroque, que representa un avance fenomenal frente al arbitrio exclusivo de los empresarios del sector. Se establecen en el proyecto de ley pausas, tiempos mínimos entre llamados, se establece un piso salarial que deberá corresponder al salario básico de convenio no pudiendo exceder la jornada las seis horas diarias, los trabajadores tendrían también derecho a gozar de dos fines de semana completos al mes, se interviene también sobre el modo de control y de escuchas definiendo que serán únicamente con fines correctivos y no podrán provocar sanciones monetarias, entre otras varias regulaciones muy importantes. Como también el aumento del pago de adicionales por trabajar durante fines de semana y feriados. Ojalá se apruebe en 2015.

APU: ¿Cómo evolucionaron las formas de organización y resistencia a lo largo del tiempo?

PAM: Siento que puede sonar repetido hablar de esto pero de todos modos considero que es imperioso retener la desolación de 2001, el miedo a perder el trabajoentre quienes tenían uno, las cifras de desempleo masivo como garantía de trabajo en negro, de bajos salarios, el hambre y la desesperación. Por supuesto que la organización popular aún en ese contexto de debilidad se articuló de todos modos, como pura resistencia, desde las rutas a través de la figura del piquetero, y a través de los nuevos nucleamientos sindicales durante los noventa como la CTA y el MTA; etc.

Con la recuperación del empleo que se produce con el kirchnerismo, la negociación colectiva, la derogación de algunas leyes neoliberales que habilitaron los llamados contratos basuras, algunas nuevas regulaciones muy importantes como la de trabajadores de casas particulares y la del trabajador rural, la recuperación de una tradición nacional y popular, cierto empoderamiento objetivo y subjetivo de organizaciones en general y de sindicatos en particular, las cosas cambiaron. Sumando otras medidas muy importantes como la AUH o programas como el Argentina Trabaja.

Todo esto se suma a cierta memoria de omnipotencia que dejó el 2001 en ciertos sectores sociales: la capacidad de cambiar las cosas y ampliar un poco el campo de posibles. Néstor Kirchner, y el kirchnerismo en general, es el resultado de esa ampliación.

Todo esto sacudió los suelos empresarios. Los trabajadores recorrieron el trecho subjetivo entre la constatación de ser sólo un número más a ejercitar y construir un “ya sabemos que hay muchos queriendo entrar por cada uno de nosotros pero esa no es razón para que nos traten como cosas”. Se manifestó el malestar producido por estas experiencias de trabajo. Luego también surgieron formas organizativas.

En los momentos en que profundicé la investigación sobre modos de politización de organizaciones encontré mucha riqueza de idearios. Lo que llamé activismo asambleario, un activismo de izquierda tradicional, sobre el final (2007 y 2008) comenzaron a ser elegidos delegados sindicales en el marco de una disputa al interior de la conducción del Sindicato de Empleados de Comercio de Ciudad de Buenos Aires entre la línea Cavalieri y otro sector que intentaba disputar bases, insinuando cierta adecuación de la tradición nacional-popular a estas realidades del trabajo.

Con el tiempo pude reconstruir también las diferencias al interior de lo que llamé activismo de izquierda tradicional. Y observando otros conflictos me parece que cada vez queda más claro que hay diferencias al interior de la izquierda. Un macartismo de base bastante esparcido entre nuestro sindicalismo, que les dice a todos sin más “los troskos”, asimila y mezcla. Pero las diferencias son importantes.

APU: ¿Cuáles son esas diferencias?

PAM: Encontré en los call centers, por un lado, unas figuras de activistas, ligados un poco mecánicamente a partidos de izquierda, con casset muy puesto, con un libreto muy rígido, con un cuestionamiento global y a la vez muy impreciso al sistema, con frases reiteradas del estilo “dar vuelta todo”, son activistas que suelen referirse de modo muy peyorativo a los trabajadores con quienes comparten la diaria. Porque son nenes de mamá, o son apáticos, o son individualistas, etc. Y entonces “hay que bajar treinta mil escalones para organizar un call”. Se trata de un activista cuya secuencia de acción política es empujar el conflicto hasta el límite, en cualquier circunstancia y donde sea, entendiendo al conflicto como forma de descontrolar o desestabilizar el sistema, y que finalmente concluye, auto-ratificándose en su entrega con, como decía Tarcus, derrotas heroicas. Me parece que como consecuencia de su concepción negativa del trabajador de carne y hueso, no se propone disputar relaciones de fuerza en los lugares de trabajo. Tiende a desentenderse de procesos de acumulación y se recuesta en las oportunidades de desestabilización que se producen por las permanentes brutalidades que realizan las grandes empresas. Se desencadena el conflicto y deciden amplificarlo‘desde afuera’ con grupos militantes. La construcción “desde afuera” es compleja. Es importante la articulación solidaria, pero para mí no puede ser sustituta, no se puede renunciar a la organización colectiva en cada lugar de trabajo.

Pero también he podido ubicar una izquierda que desde tradiciones marxistas-leninistas,y desde encuadres más trotskistas, mantiene un vínculo mucho más autónomo respecto de los partidos. Sostiene por lo general que el delegado sindical es un laburante más, construye una identificación fuerte con sus compañeros de trabajo, respeta a rajatabla el mandato de asamblea, se somete a las discusiones y se banca que la mayoría no coincida con su plan de acción. Por lo general interpreta históricamente el peronismo como un proceso político que habilitó acumulación en ciertos momentos para la clase obrera. En el mismo sentido puede caracterizar al kirchnerismo. Es un militante que constata relaciones de fuerza, tantea, mide, tensa, y que negocia para ir asegurando victorias parciales. Y yo pienso que cada vez se diferencia más explícitamente de prácticas como las mencionadas a propósito de la otra izquierda. Y pienso que es muy importante reconocer la riqueza de sus construcciones. Cómo diferencian desestabilización de desestructuración, interpretando que son acciones políticas con temporalidades y con consecuencias muy diferentes.

El gran denominador común de una y otra caracterización de estas izquierdas es hacerse presentes. Cuando se produce un conflicto están y bancan con presencia organizada. En algunos casos no banca nadie más. Entonces hay que retener esta cuestión y reconocerlos como parte del entramado popular.

APU: ¿Cómo caracteriza el activismo asambleario?

PAM: Me parece que el terreno más propio y productivo de este activismo es el de la subjetividad. Ejercitan luchas por la emancipación subjetiva. Y no es nada menor que hayan identificado que la subjetividad es un campo de batalla en tiempos que las trasnacionales se proponen, mediante sus operadores en materia de recursos humanos, acceder al ser, fidelizar.

Por encontrarse en el espacio de trabajo, grises como un robotito todo el tiempo repitiendo frases guionadas, deciden que el activismo tiene que ser diferente, que no pueden seguir siendo robotitos pero con guiones partidarios (parafraseo su propia forma de enunciarlo). Y ahí vienen algunos planteos bien interesantes: hablar de un modo que se oiga, recuperar el poder de interpelación de las palabras, decir de otro modo; poner en cuestión la relación mecánica entre número y fuerza. No todo número traduce fuerza y además, ciertas formas cercan el contenido; forma y contenido están vinculados. Por ejemplo, lo que se decide en una asamblea que dura mil horas y quedan cuatro extraterrestres discutiendo expresa un contenido muy pobre, esta forma inhibió contenidos. Apelan al humor, la ironía, los graffitis, las representaciones artísticas, etc. Invierten los sentidos convenidos, incluso en las propias organizaciones porque es Teleperforados en Teleperformance y Qualquemados en Qualfon y así. Son organizaciones fugaces como los colectivos de los cuales surgieron pero se recrean otras de similares características. Suelen transcurrir clandestinas respecto de empresas y de sindicato de empleados de comercio.

APU: ¿Qué sindicatos se disputan la representación de estos trabajadores? ¿Cómo se relacionan los trabajadores con ellos? ¿Cómo conciben los trabajadores su relación con el sindicato? 

PAM: Yo laburé empresas de call centers ubicadas en Ciudad de Buenos Aires. Estaban todas nucleadas en el Sindicato de Empleados de Comercio (SEC). Con Cavalieri. Interesante para destacar también como uno puede ubicar algunas grietas en este modelo sindical, el caso de la seccional de Rosario, por ejemplo, que construye diferencias con el modelo Cavalieri.

Yo creo que en este momento no se disputa el encuadramiento de los trabajadores de call centers. En un momento disputó FOETRA a raíz del caso Atento pero porque era muy claramente una tercerizada de Telefónica.

Para hablar del modelo del SEC, me gusta reponer una idea que es que un sindicato asume representaciones múltiples: la del colectivo de trabajadores, la del empleado, la del convencionado, la del afiliado, la del cotizante.El sindicalismo empresarial en la medida que hace de la acumulación de capital un objetivo central, despliega la representación del cotizante, desplazando o resignando otras, en especial la del colectivo. La relación política representante-representado deviene una relación de servicio entre proveedor y usuario. La centralidad de este tipo de relación nos lleva a un sindicalismo que extravía completamente el horizonte de transformación social.

APU: ¿Cómo estructuró la investigación para el libro?

PAM: Venía trabajando desde hacía algunos años alrededor de problemáticas afines: grandes establecimientos empresarios, con concentración de trabajadores en un mismo espacio físico, con fuerte presencia de trabajadores jóvenes y con la representación sindical ejercida por sindicato de empleados de comercio. Me interesaba mucho poder comprender las experiencias de trabajo en grandes empresas por parte de quienes se socializaban laboralmente, por primera vez, en un capitalismo de nueva fase ya consolidado.

Una enseñanza muy evidente pero que vale la pena reiterar es que no se trata del gran capitalismo, así con mayúscula, monolítico y fusionado, si no de pensar los núcleos comunes y a la vez las formas heterogéneas de lograr la transformación de fuerza de trabajo en trabajo efectivo, porque en esa plasticidad residió siempre la fortaleza del capitalismo.

Esto es muy importante porque tiene consecuencias políticas ya que entonces no se puede hacer sindicalismo del mismo modo en todas las empresas, ni en todos los encadenamientos de trabajo. Son los lugares de trabajo, en tanto espacio vivos, los que realmente pueden informar, al sindicalismo cómo se construye fuerza trabajadora. Entonces se vuelve imperativa la organización de los trabajadores, las comisiones internas y las coordinaciones de delegados por las cadenas invisibles de la tercerización. La distancia entre la comisión directiva de los sindicatos y sus edificios y las comisiones internas y los lugares de trabajo, ya no se explica sólo por los procesos de burocratización. Se trata también de una distancia potenciada por la opacidad del capitalismo financiero trasnacional, por su lógica de enredo, de caja negra, cuyo denominador común es la transferencia de ingresos y seguridades desde el trabajo al capital concentrado trasnacional.

Entonces resulta más determinante que nunca la recuperación de los delegados y las comisiones internas porque son quienes pueden reconstruir y llevar realidad de la trama productiva a los espacios sindicales. Pueden hilvanar fuerzas y necesitan más que nunca de estructuras sindicales poderosas que los preserven de persecuciones y despidos discriminatorios que caracterizan a las empresas en este tiempo.

Potenciar la organización gremial requiere imaginar nuevas institucionalidades populares, encarar una suerte de pasaje desde la urdimbre al entramado popular, que no se construye con voluntarismos, hay que potenciar coincidencias entre sectores que tienen denominadores comunes, canalizar en este proceso la fuerza histórica acumulada por la institucionalidad sindical, reconocer la riqueza política del otro movimiento obrero y también aprovechar la fuerza desde arriba de este momento político.

APU: ¿A qué se refiere con “institucionalidades populares”?

PAM: Lo que hay que reconstruir como saber popular primero y después como forma política es la cadena de subordinaciones del capital para luego transformar la existencia atomizada entre cada fábrica, taller, galpón, fondo de casa, subsidiarias, empresas desdobladas en razones sociales varias, contratistas, proveedoras, sucursales … en lo que antes denominaba entramado popular.

Lo que hoy me parece que ocurre es que el Movimiento Obrero Organizado parece un poco blindado sin capacidad para reconocer la realidad social, política, territorial y cultural del Otro Movimiento Obrero.

Además, si sólo se organizan en paralelo estos trabajadoresdesde la debilidad institucional que hoy tienen y, por el otro lado la fortaleza de los trabajadores con más capacidad de ampararse en las viejas institucionalidades no me parece que construyamos acumulación y fuerza social. Pero realmente es complejo.

En la teoría cuando se definen las mutaciones del mundo trabajador a partir de la nueva fase del capitalismo, digo del capitalismo este financiero y trasnacional, algunos dijeron así de manera estruendosa, la tapa de un libro que se vendía en los supermercados y fue una suerte de bestseller de época intensamente neoliberal, con letras rojas y grandes, decía: FIN DEL TRABAJO. Así: una sentencia sobre las mayorías sociales formulada como un designio irreversible.

Tremendo, hablo de Jeremy Rifkin. Sin exagerar prácticamente señalaba que había que potenciar el tercer sector o construir cárceles para los millones de pobres del mundo que no tendrían trabajo. Frente a este planteo arrasador se construían otras lecturas, se pensaban alternativas hasta lo que Gorz llamó “utopías concretas” refiriendo a la posibilidad de arrancar una utopía a la técnica y construir las sociedades liberadas del trabajo, sociedades de la cultura. Sociedades en las cuales no se institucionalizaran las desigualdades entre hiperactivos, sus servidores y excluidos; por el contrario se trataba de distribuir igualitariamente el trabajo remunerado entre todos y liberar igualitariamente a todos del mismo. Bueno, el planteo es más complejo y largo. La forma más concreta, creo yo, bajo la cual se plasmó algo de esto es la reducción de las jornadas. Entiendo que tendieron a fracasar frente al modo trasnacional de gobierno de las corporaciones empresarias.

En fin, más allá de esta discusión, propia de los años noventa, es interesante como en los dos mil la discusión más que en torno al desempleado y al excluido, se da alrededor de la noción de precariado. No se acabó el trabajo, se transformó la forma de acumulación del capital y entonces también se transformaron las experiencias de trabajo y asoma un nuevo sujeto. Pero lo más llamativo es que algunos sostienen ahora, con mucha sintonía con Rifkin, que el precariado es la clase peligrosa. Pienso por ejemplo en el libro de Guy Standing. En la tapa aparecen dos jóvenes sin rostro sentados en la calle, vestidos igual, algo que en jerga local se traduciría como los ni-ni.Que son también definidos así y se insiste en la necesidad de atender este foco de peligrosidad.

Pienso que sectores ligados al papa, actualmente, contestan de forma audible y con poder performativo estas representaciones reaccionaras. Dicen, decía el propio Francisco hace poco: el pobre padece y también lucha, reclama, se organiza. Padece y lucha. Dice también los pobres tienen derechos, incluso habla de la reforma agraria como derecho y deber moral.

Es interesante porque se articula un campo de debate novedoso porque una enunciación legitimada, desde la cúspide de la iglesia católica, dice“los pobres padecen y se organizan y tienen derechos esenciales que son la tierra, el techo y el trabajo”.

Por un lado el pobre peligroso, el ni-ni y las soluciones represivas centradas en el problema de la inseguridad; y por el otro se planta esta otra enunciación: el pobre que padece, se organiza y tiene derechos. Bueno, no quiero ser tan esquemática. Pero son dos discursos de sectores poderosos. En muchos momentos de la historia tuvieron posiciones y representaciones mucho más armoniosas entre sí, más comunes.

Pienso que en este marco la izquierda de la tradición nacional-popular, que me parece es una parte del kirchnerismo, y sectores de izquierda podrían construir puntos de encuentro con esta representación del pobre.

Profundizando en las coincidencias como dicen los grandes cuadros del peronismo para reponer también que no se trata del Dios del Dinero versus la persona, el ser humano. Se trata, para ser muy terrenal, del accionar de empresas trasnacionales, de los buitres, del orden mundial, de los sojeros, de los mineros, de los nuevos imperialismos, de los narcos, etc. Y con ello la necesidad de pensar cómo la organización del pobre, del precariado, del otro movimiento obrero, a mí me resulta mejor llamarlo así, se organiza ya no mediante el voluntarismo, sino con una nueva forma política,que implica un trabajo colectivo muy complejo para definir qué institucionalidad popular.Y que significa un cambio respecto del sindicato creado por y para el denominado movimiento obrero organizado.

Pienso que el primer peronismo logró enormes transformaciones porque supo interpretar el otro movimiento obrero, el del ‘45. Así es que cuando el 17 de octubre algunos sectores de izquierda no los reconocían como trabajadores y los llamaban “los desclasados” y afirmaban que aquellos millones no eran parte del auténtico proletariado argentino, Perón, el peronismo, una izquierda nacional como la de Scalabrini Ortiz, los reconoció como tales y, en esa fuerza de ida y vuelta, se construyó la forma política que impulsó las transformaciones: sindicalismo de afiliación masiva,  comisiones internas, delegado tocando el silbato y parando la fábrica, sindicato por rama de actividad, con personería gremial, con estructuras fuertes y poderosas; luego las grandes movilizaciones, la plaza de mayo como espacio en el cual la clase se resignificaba en lo popular, de industrialización con protagonismo de los trabajadores, con conducción estatal y disputa con sectores empresarios, de actor empresario nacional con la CGE y el proyecto Gelbard, y ese tan tensa articulación entre la dimensión nacional y la dimensión clasista de las luchas por la liberación.

APU: ¿Cómo se comportan los Estados frente a estas empresas a nivel provincial y nacional (teniendo en cuenta otros países)?

PAM: La trama del actual capitalismo involucra esta cuestión de gobiernos empresarios trasnacionales y gobiernos políticos nacionales en relaciones complejas con gobiernos provinciales al interior de un país.

No ha sido el centro de mi investigación pero el poder de extorsión de las grandes empresas sobre los gobiernos políticos es muy grande, así como queda clarito en las afirmaciones de integrantes de cámaras empresarias.

Las trasnacionales del call center presionan sobre los gobiernos: fuimos viendo cómo se fueron localizando en provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y cómo de a poco se reinstalaron en otras provincias. Todo supeditado a los “incentivos agresivos” que exigen a los gobiernos.

Fijate, por ejemplo, que en Tucumán pude constatar que se realizaron financiamientos directos a multinacionales destinados a solventar gastos de traslado a empresas que residían en Córdoba y también costos de propaganda, marketing, salarios, alquiler de inmuebles y refacciones. En Mendoza y en Ciudad de Buenos Aires se sucedieron escándalos cuando se trataban en legislaturas proyectos enviados por sus ejecutivos con exenciones impositivas y regímenes especiales que involucraron denuncias de presiones empresarias. Y en Córdoba la normativa habilitó numerosas exenciones y un convenio con cláusulas que obstruían el derecho a manifestarse de los trabajadores.

Luego estas empresas cada vez que se intenta una regulación la boicotean, con recursos jurídicos varios o, antes de su aprobación, en sus merodeos por los despachos de legisladores.

Las necesidades de disminuir el desempleo de una provincia, llevan a transferencias directas desde la recaudación pública hacia estas empresas trasnacionales concentradas. Algunas provincias funcionan como en una subasta levantando la oferta anterior y esparciendo una lógica de intensificación de la desigualdad entre territorios de un mismo país.

Y lo más complejo es que estas empresas pueden irse de un portazo porque son muy volátiles por sus bajísimos niveles de inversión. Por eso se les llama empresas golondrina asimilándolas con los flujos financieros.

En general los países más ponderados de la región por las cámaras de estas empresas son los que tienen continuidad brutal con lo que solemos denominar como neoliberalismo. Por ejemplo Colombia, recuerdo que hablaban de Uribe como de un héroe. Y Uribe diciendo cosas como: “antes en mis visitas a provincias me pedían policías y ejército, ahora me piden un call center”. Patético realmente.

Agencia Paco Urondo, Buenos Aires.

 

Continúe leyendo
Click para comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Facebook

⚠️LO MÁS RECIENTE ⚠️️

NUESTRO TWITTER