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Nacional

La supremacía de la Reserva Federal

Por Eduardo Sarmiento Palacio   

La Reserva Federal de Estados Unidos ha manifestado por los más diversos conductos su propósito de subir la tasa de interés en diciembre. La medida se justifica como una forma de erradicar las burbujas de las acciones y la construcción, y reducir los riesgos de la inflación. 

El dispositivo forma parte del arsenal de instrumentos adoptados en Estados Unidos a partir de 2008 para enfrentar las dificultades de la economía mundial. En general, se trata de medidas que resuelven los problemas estadounidenses a cambio de trasladarlos al resto del mundo. 

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Por Eduardo Sarmiento Palacio   

La Reserva Federal de Estados Unidos ha manifestado por los más diversos conductos su propósito de subir la tasa de interés en diciembre. La medida se justifica como una forma de erradicar las burbujas de las acciones y la construcción, y reducir los riesgos de la inflación. 

El dispositivo forma parte del arsenal de instrumentos adoptados en Estados Unidos a partir de 2008 para enfrentar las dificultades de la economía mundial. En general, se trata de medidas que resuelven los problemas estadounidenses a cambio de trasladarlos al resto del mundo. 

No sobra recordar que el sistema de relajación cuantitativa de adquirir bonos del tesoro fue una intervención abierta en el mercado para mantener tasas de interés negativas, estimular el consumo y la inversión, y devaluar el dólar. La política reactivó la economía de Estados Unidos a cambio de causar revaluación en el sur de Europa y América Latina. Ahora, el alza de la tasa de interés, en un marco de inflación de menos de 2%, ocasionará la revaluación del dólar que acentuará la caída de los precios de las commodities, la devaluación de las monedas del resto del mundo y el alza de las tasas de interés domésticas.

La actitud descrita está en abierto conflicto con el orden económico mundial y la prioridad a la inflación, presupuesto fiscal balanceado y modalidad cambiaria flexible. El modelo está inspirado en la pura doctrina de equilibrio monetario en la escuela de Chicago y fue impuesto por Estados Unidos. Se considera que las desviaciones del sistema son menores, se manifiestan en la inflación y se corrigen con ajustes de la tasa de interés en la misma dirección. La tasa sube cuando aumenta la inflación y baja en el caso contrario. De esta manera, las economías logran mantener baja la inflación, operar en plena capacidad productiva y empleo sin afectar al resto del mundo. La realidad es distinta. En razón que el mercado monetario opera en desequilibrio, como lo pone en evidencia la tasa de interés y el exceso de ahorro, la prioridad excluyente de la inflación se consigue a cambio de la inestabilidad de la balanza de pagos y la contracción de la producción y el empleo.

Las prácticas de Estados Unidos han sido imitadas por Europa y Japón, y por muchos otros países, que intervienen en el mercado monetario para obtener propósitos cambiarios y de actividad productiva que afectan negativamente a los socios. Se ha creado una gran asimetría mundial. Los países, como Colombia, que se mantienen en la órbita del equilibrio monetario y emplean la política monetaria únicamente para controlar la inflación, están en una clara desventaja. En la práctica, perdieron el control del tipo de cambio y quedaron al vaivén de las decisiones de la Reserva Federal. De acuerdo con The Economist, el tamaño del grupo se ha reducido y en la actualidad no pasa de 20 naciones.

El país está en mora de pasar a un nuevo orden económico mundial de prioridad a la estabilidad de la balanza de pagos, la producción y el empleo, presupuesto desbalanceado y tipo de cambio regulado. El papel principal del banco central sería mantener el tipo de cambio dentro de una banda de largo plazo y coordinarse con el sector fiscal para neutralizar los efectos monetarios de la intervención; en las épocas de abundancia de divisas se configurarían superávits fiscales y en las épocas de escasez.

La aplicación del expediente en las circunstancias actuales significaría la intervención del Banco de la República para mantener el tipo de cambio por debajo de $2.700 y la ampliación del déficit fiscal, que reducirían tanto las presiones inflacionarias como las fuerzas recesivas. De entrada, contribuirían a mitigar el estado de estanflación que asfixia la economía.

El Espectador, Bogotá.

 

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