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Los campesinos son los grandes perdedores: balance del TLC con E.U., dos años después

Por Fernando Barberi / Las 2 orillas.co  

Tras la implementación del TLC Colombia-Estados Unidos, negociación más significativa para el país en los últimos años, queda claro que los conflictos del campo, secuela del narcotráfico y el conflicto armado, debieron ser resueltos antes de su firma. Inequitativo y asimétrico, este acuerdo comercial caracteriza al sector agrario como perdedor. Por un lado, el Gobierno permite el ingreso de toneladas de productos sin aranceles, generando competencia desleal, y por otro,

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Por Fernando Barberi / Las 2 orillas.co  

Tras la implementación del TLC Colombia-Estados Unidos, negociación más significativa para el país en los últimos años, queda claro que los conflictos del campo, secuela del narcotráfico y el conflicto armado, debieron ser resueltos antes de su firma. Inequitativo y asimétrico, este acuerdo comercial caracteriza al sector agrario como perdedor. Por un lado, el Gobierno permite el ingreso de toneladas de productos sin aranceles, generando competencia desleal, y por otro,

esas concesiones libres de tributo, superan las ofrecidas por la nación socia.

No obstante, el valor de compras de productos estadounidenses es superior a las ventas de productos colombianos allí. Expertos aseguran que no hay posibilidades de revertir tal situación a mediano plazo.

Con el aumento de importaciones viene la reducción de precios internos, de áreas sembradas, de producción nacional agraria y por supuesto, los ingresos en los hogares campesinos, actualmente por debajo de un salario mínimo cada mes.

Planteamiento del Problema

Teniendo en cuenta la magnitud de los flujos comerciales existentes entre Colombia y Estados Unidos, el tamaño del mercado estadounidense y las relaciones políticas entre las dos naciones con motivo de la lucha contra el narcotráfico, es posible afirmar que la negociación del TLC con los Estados Unidos ha sido una de las manifestaciones más importantes de la política de “internacionalización” de la economía adoptada por el Gobierno Nacional hace más de 20 años.

Las negociaciones del TLC con Estados Unidos iniciaron formalmente en 2003 y tras un largo proceso, el 22 de noviembre de 2006 los gobiernos de Colombia y Estados Unidos firmaron el tratado que entró en vigor hasta el 15 de mayo de 2012, luego de varios altibajos en el proceso de aprobación del mismo por parte del Congreso de los Estados Unidos.

Al evaluar el resultado de la negociación agropecuaria tanto a través de la comparación del logro de los intereses de Colombia y de Estados Unidos frente a sus respectivas matrices de intereses como de los posibles impactos de la negociación sobre el sector agropecuario, resulta claro que éste fue un sector perdedor de la negociación, en contra de las expectativas que habían mantenido al principio de la negociación el Ministro Carlos Gustavo Cano y el Presidente Uribe. Como afirmó el ex ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Juan Camilo Restrepo, el sector agropecuario fue el comodín de la negociación del TLC.

Resultados de la negociación del TLC Colombia-Estados Unidos

La negociación del TLC fue de carácter comercial y no involucró, como se esperaba en Colombia, elementos de orden geopolítico. Estados Unidos desconoció el papel que Colombia ha venido jugando en el escenario internacional en la lucha contra las drogas y el terrorismo, ignorando así el papel de corresponsabilidad que le compete en estos campos. No de otra manera se explica la posición adoptada en la negociación de condicionar la consolidación de las preferencias del ATPDEA (Andean Trade Promotion and Drug Erradication Act) a la eliminación de todos los mecanismos de protección con que contaba la economía en general y la agricultura en particular, sin permitir exclusiones de índole alguna.

En este contexto Estados Unidos, con la anuencia del gobierno colombiano, no tuvo en cuenta que las raíces del problema rural colombiano, como afirmaba el entonces Ministro de Agricultura, expresadas en el elevado grado de exclusión social de la población, se derivaban del narcotráfico y del conflicto armado.

La negociación resultó inequitativa en contra de Colombia

En efecto, mientras que los Estados Unidos logró mantener buena parte de la protección a sus productos a través de la preservación de las ayudas internas a la producción, Colombia accedió a desgravar la totalidad de sus aranceles (en distintos plazos según el producto) y a desmontar sus principales medidas de protección, como el Sistema Andino de Franjas de Precios y el Mecanismo de Administración de Contingentes. Además de que no se obtuvo y ni siquiera se planteó la congelación de las ayudas internas existentes en los Estados Unidos al momento de la negociación. Tampoco pudo el país lograr un sustituto adecuado de las franjas de precios como hubieran sido las salvaguardias de precios.

Adicionalmente, mientras que los Estados Unidos excluyeron de la desgravación el azúcar así como los productos con alto contenido de azúcar no listos para el consumo final, unos de sus productos más sensibles y a la par renglones de gran interés ofensivo para Colombia, el país no pudo excluir ninguno de sus productos altamente sensibles como la carne de pollo o el arroz, de la negociación.

Igualmente, se acordó la introducción de una cláusula de preferencia no recíproca en el ámbito agropecuario a favor de Estados Unidos, en virtud de la cual Colombia debe otorgar a éste país cualquier preferencia arancelaria que negocie con otros socios comerciales, si ésta es mayor a la concedida en el TLC, lo cual le resta enorme flexibilidad a Colombia en sus negociaciones comerciales futuras, impidiéndole otorgar acceso preferencial a otros países en productos en los cuales no tengan grandes ventajas a cambio de obtener tratamientos favorables en productos de interés.

La negociación resultó asimétrica a favor de Estados Unidos

En la negociación resultó claro el desconocimiento de las diferencias en el tamaño y grado de desarrollo de las economías y de los sectores agropecuarios de ambas naciones, y contrario a lo que sería de esperar las concesiones otorgadas por Colombia (valor del comercio ubicado en desgravación inmediata y valor de los contingentes libres de arancel) superaron en valor a las ofrecidas por los Estados Unidos.

En efecto, Colombia ofreció desgravar de manera inmediata a través de la incorporación en dicha canasta o en virtud de los contingentes otorgados un valor de importaciones anuales (promedio del periodo 2001-2004) equivalente a US$ 839 millones, mientras que Estados Unidos solo desgravó de manera inmediata US$ 776 millones. De la misma manera, el valor de los contingentes otorgados por Colombia excedió en 29,7% el promedio anual de las importaciones de esos productos originarias de Estados Unidos en el periodo 2001-2004, mientras que el de los otorgados por este último país solo excedió en 10,3% las compras externas de esos productos originarias de Colombia.Lo anterior significa que por lo menos a corto plazo se registrará un aumento de las exportaciones estadounidenses superior al de las colombianas.

Así mismo, no es previsible que esta situación se pueda revertir al menos a corto y mediano plazo, toda vez que no se logró garantizar el “acceso real” de los productos colombianos que, según, los negociadores, podrían tener potencial de penetración en el mercado estadounidense, en la medida en que los compromisos sanitarios y fitosanitarios asumidos por Estados Unidos no fueron más allá de los contemplados en el Acuerdo de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y aquéllos que se consignaron fuera del texto del Tratado (en carta adjunta) no contemplan obligaciones concretas para las partes a la luz de las cuales puedan solucionarse los problemas de índole sanitaria y fitosanitaria que afronta un grupo importante de productos agropecuarios colombianos para ingresar al mercado estadounidense. A diferencia, las exigencias hechas por Estados Unidos a Colombia en estas materias, sí fueron muy precisas, por ejemplo en cuanto a las obligaciones de entrada para productos cárnicos.

Implicaciones del TLC Colombia-Estados Unidos en la Economía Campesina

Pérdida de producción e ingresos para los productores que compiten con importaciones
Teniendo en cuenta que la eliminación de los aranceles traería como consecuencia una reducción de los precios internos recibidos por los agricultores colombianos y un incremento en las importaciones, un conjunto importante de bienes agropecuarios producidos en Colombia, en el que Estados Unidos tiene una capacidad importante de exportación, sería el más afectado por el TLC.

Estos efectos se presentarían en los principales cultivos transitorios desarrollados en el país, por los pequeños productores tales como cereales (arroz, maíz amarillo, maíz blanco, sorgo y trigo) en algunas leguminosas (fríjol y arveja) y algunas hortalizas (tomate, cebolla y zanahoria), así como en algunas actividades pecuarias como las carnes de pollo y de cerdo.

En estas circunstancias, y dependiendo de la magnitud de las elasticidades de oferta en cada caso, es previsible esperar que la reducción en los precios internos tenga como consecuencia una disminución en el área sembrada y en la producción nacional de estos bienes.

En efecto, de acuerdo con los estimativos realizados por Garay, Barberi y Cardona (2010), basados para la mayoría de los productos en las elasticidades de oferta incluidas en el estudio realizado para el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural publicado en el 2005[1] y en la actualización de los precios tanto internos como externos de los productos agropecuarios hasta enero del 2009, la desgravación acordada en el marco del TLC con Estados Unidos se traduciría, en un escenario medio de precios y tasa de cambio, en una disminución de los precios internos de los productos de economía campesina en proporciones que oscilan entre el 15%, en el caso de arveja y hortalizas, y el 55%, en el fríjol(Cuadro1).[2] Estas disminuciones en los precios llevarían a reducciones en los niveles de producción de las distintas actividades que oscilarían entre un 19% para arroz y un 54% para fríjol.

En conjunto, los cambios estimados tendrían un efecto importante sobre el valor de la producción de estos bienes, con disminuciones superiores al 50% en gran parte de los bienes, como son los casos del fríjol (79%), la carne de pollo (68%), el sorgo (66%), la carne de cerdo (65%), el trigo (62%) y el maíz amarillo y blanco (54 y 52%, respectivamente).

Nivel de impacto del TLC con Estados Unidos para los productores de economía campesina

Debe tenerse en cuenta que el impacto del TLC sobre los productores de economía campesina dependerá del tipo de bienes que produzcan, siendo más acentuado entre mayor sea la proporción de la producción que compite con importaciones.

Previendo que el impacto del TLC será diferente entre los productores de economía campesina que se dedican únicamente a la producción de productos que compiten con importaciones de Estados Unidos los y los que no, el estudio de Garay et. al (2010) divide el universo de unidades productivas campesinas en cinco (5) categorías de impacto del TLC, según la proporción de su actividad agrícola y pecuaria que se vería afectada (ver Anexo1).

Con base en esas categorías el estudio de Garay et al. 2010 encontró, como se puede apreciar en el Cuadro 2, que el 14% de las unidades productoras de economía campesina se clasificarían en la categoría de impacto pleno, la cual abarca el 9% del área; otro 14% se clasificaría en la categoría de impacto alto, concentrando un 14% del área; un 13% en la de impacto medio, con el 15% del área; un 31% se ubicaría en la de impacto bajo, concentrando el 36% del área; y un 29% de las unidades no tendría impacto, concentrando el 27% del área. En síntesis 71% de las unidades campesinas y el 73% de su área se verían de una manera u otra afectadas negativamente por la suscripción del tratado de libre comercio con los Estados Unidos.

El TLC Colombia-Estados Unidos disminuye los ingresos de los hogares campesinos

Bajo un escenario de precios y tasa de cambio promedio para las unidades productivas campesinas, el estudio de Garay et al. (2010) encontró que el ingreso agropecuario neto (las utilidades de la actividad agropecuaria) disminuiría como consecuencia del TLC en un 16,1% y que el ingreso total de los hogares campesinos lo haría en un 10,5%.

Como recién se anotó, el impacto del tratado será diferencial para los distintos grupos de productores de economía campesina en función del porcentaje de sus actividades que compiten con las importaciones originarias de los Estados Unidos.

Según se afirma en el estudio recién referenciado para el 14% de los productores que se verían afectados de manera plena por el tratado, la ganancia neta agropecuaria se reduciría en $0,13 billones, lo que representa un 70,2% menos de utilidad frente a la situación sin tratado.

El 14% de los productores que sufrirían impacto alto verían disminuidas sus ganancias agropecuarias en $0,10 billones, una cifra equivalente al 51,5% de las que hubieran obtenido en ausencia del tratado.

Por su parte las ganancias netas agropecuarias del grupo de productores campesinos que sufrirían impacto medio derivado del tratado, los cuales representan el 13% del total descenderían en $0,07 billones, en términos absolutos y en 25,2% en términos relativos.

Por último las utilidades agropecuarias de los productores campesinos (31% del total) con impacto bajo como consecuencia del tratado se rebajarían en $O, 06 billones, cifra equivalente al 5,3% de estas utilidades en ausencia del tratado.

Las reducciones estimadas de los ingresos totales de los hogares campesinos que se derivarían de la suscripción del Tratado de Libre Comercio de Colombia con Estados Unidos serían del orden del 45% para los productores que se verán afectados con impacto pleno, del 31% para aquellos de impacto alto, del 16% para los de impacto medio, y del 3,4% para los de impacto bajo.

En síntesis, el estudio concluyó que el acuerdo comercial no reconoció el profundo grado de asimetría entre las economías de ambas naciones, lo que derivó en una negociación desfavorable para los pequeños agricultores de Colombia, que representan el 87% del total de productores del país, el 10% de la población trabajadora y contribuyen con el 49% de la producción agrícola nacional.

En conjunto alguien podría aducir que los efectos sobre los ingresos de los productores de economía campesina no son muy significativos pues apenas llegan al 10%. Sin embargo, es preciso tener en cuenta de una parte, que en el sector rural colombiano, de acuerdo con información correspondiente al año 2005, el 68.1% de los hogares cuenta propia de la rama agropecuaria obtienen ingresos mensuales por debajo de un salario mínimo y el 44.1% de los mismos por debajo incluso de medio salario mínimo y de otra, que los efectos del tratado son diferenciales en función de la intensidad del impacto sobre los hogares llegándose al extremo de que aquellos que serán afectados de manera plena por el tratado pueden ver reducido el total de sus ingresos agropecuarios casi en un 50%.

Primer año de vigencia del TLC. El sector campesino, claro perdedor del TLC entre Colombia y Estados Unidos

El Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, que entró en vigor hace más de un año, fue el resultado de negociaciones inequitativas, en detrimento del sector agrícola de Colombia en particular. Un estudio encargado por Oxfam analizó los datos disponibles de los primeros nueves meses del Acuerdo e identificó tendencias preocupantes, así como productos agrícolas de la economía campesina expuestos a un mayor riesgo. El estudio examinó un conjunto de indicadores y construyó un índice de riesgos y un sistema de alertas. El lactosuero, seguido por el arroz, el maíz blanco, la leche en polvo y la carne de cerdo, son los productos que enfrentan un mayor riesgo debido al aumento de las importaciones procedentes de los Estados Unidos y una caída de los precios de importación.

Los resultados del estudio contradicen las promesas anunciadas por el gobierno colombiano en cuanto a los beneficios del Tratado. En estos primeros meses las importaciones de los Estados Unidos han crecido a un ritmo mucho mayor que las exportaciones a ese país, provocando un deterioro de la balanza cambiaria. Y el sector campesino colombiano se ve forzado a competir en desigualdad de condiciones con productos que disfrutan de importantes subsidios en los Estados Unidos. Como resultado, se prevén importantes caídas en la producción nacional, y consecuentemente en los ingresos de las familias campesinas.

Las 2 orillas.co.

 

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