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Los homenajes a Gabriel García Márquez

Por Diego Otero Prada  

Los homenajes en el Museo de Bellas Artes en la Ciudad de  México y el Tedeum en la catedral primada en Bogotá fueron un  insulto a la memoria del Nobel.

En ambos homenajes estaba presente el poder en todas sus manifestaciones: presidentes, ex presidentes, políticos tradicionales,

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Por Diego Otero Prada  

Los homenajes en el Museo de Bellas Artes en la Ciudad de  México y el Tedeum en la catedral primada en Bogotá fueron un  insulto a la memoria del Nobel.

En ambos homenajes estaba presente el poder en todas sus manifestaciones: presidentes, ex presidentes, políticos tradicionales, representantes de los sectores económicos y de los grandes diarios, autoridades eclesiásticas. Es decir, el establecimiento en pleno.

En Bogotá estuvo el señor Gerlein del partido conservador, y otras faunas similares. Afortunadamente, la ceremonia no estuvo concurrida. Llovió como en Macondo para que los asistentes fueran pocos.

En México estuvo presente como era de esperarse el Presidente Peñas Nieto, bastante ignorante, quien antes de las elecciones  presidenciales de ese país le preguntaron que estaba leyendo y no supo contestar. Me imagino que por su ignorancia cultural no ha leído ningún libro de García Márquez. El espectáculo se salvó por la asistencia de verdaderos seguidores del Nobel, gente de todas clases populares y medias.

Lo cínico está en el hecho que estos homenajes oficiales fueron organizados por los mismos que García Márquez ha pintado negativamente en sus libros, los ha ridiculizado, criticado, y mostrado como han sido  y son nuestros partidos, militares y autoridades eclesiásticas. En sus libros y en sus acciones, él fue un defensor de los pobres, de los oprimidos y crítico de los poderes establecidos.

El mejor homenaje que le podemos dar a nuestro Nobel es leerlo. En sus libros, aunque tienen como referencia al Caribe colombiano, está pintado como es nuestro país, como es Latinoamérica y como es el mundo, como son los pobres y los ricos, como son las compañías multinacionales, el imperio y los medios de comunicación.

En Cien años de  soledad, al comentar la matanza de los bananeros, pinta muy bien como se tapan las tragedias, las masacres, los crímenes contra el pueblo. No hubo masacre, no hubo trenes llevando los muertos al mar, todo era una fantasía, mentira de los terroristas.  El gobierno y los medios  taparon la masacre, la hicieron olvidar de la historia. Igual que ahora, no ha habido asesinatos (lo que se llama eufemísticamente falsos positivos), Uribe no tiene nada que ver con los paramilitares, las elecciones son limpias, nuestros políticos son pulcros, la justicia funciona y este es el mejor país del mundo. Aquí todo está bien. No hay pobres, no hay desempleo, la salud es muy buena como la educación.

Entonces, más que actos multitudinarios, hay que leer a García Márquez, este es  el mejor homenaje, él, estoy seguro, se sentirá muy satisfecho de ver que con sus libros pudo cambiarse un poco el dominio de los poderosos sobre los explotados. Qué hubo manos que entendieron su mensaje humanista, su gran amor por los pueblos.

28 de abril de 2014.

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