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Los incumplimientos del presidente Santos

Por José Arlex Arias Arias  

Se volvió lugar común escuchar a los diferentes sectores que, producto de la movilización social, lograron algún tipo de acuerdo con el gobierno de Juan Manuel Santos, denunciar que les ha quedado mal en el cumplimiento de los términos que dieron lugar a los levantamientos de las protestas.

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Por José Arlex Arias Arias  

Se volvió lugar común escuchar a los diferentes sectores que, producto de la movilización social, lograron algún tipo de acuerdo con el gobierno de Juan Manuel Santos, denunciar que les ha quedado mal en el cumplimiento de los términos que dieron lugar a los levantamientos de las protestas.

Hacen reclamos los industriales, productores agropecuarios, transportadores, dirigencia cívica y popular, madres comunitarias, trabajadores y personas en particular. Con cierta preocupación la gente del común se pregunta ¿Qué está pasando con la palabra presidencial? ¿Qué valor tiene la palabra empeñada? Si esta perdió su importancia, entonces ¿Dónde quedan los códigos de la moral y la ética?, e incluso peor ¿Dónde queda el respeto por la Constitución, las Leyes y en general, por la superestructura del Estado?

No existe razón alguna que justifique el incumplimiento de la palabra presidencial. De hecho, siempre fue ejemplo para la formación ética de las generaciones de educandos que veían en esta figura la razón de la rectitud y la honestidad, y por lo tanto, del máximo respeto. ¡Cómo han cambiado las cosas! Hoy la palabra presidencial está “perrateada”, vale menos que nada y las consecuencias para la sociedad no son de poca monta. Esta actitud, además de generar desazón, produce desconfianza y desconcierto, puesto que la sociedad se queda sin su principal interlocutor. Lo más grave es que todo incumplimiento del Presidente quiebra las reglas a lo interno de la sociedad. Por eso es necesario analizar a qué se debe esta conducta:

Es indiscutible que el fondo del tema se encuentra en su carácter neoliberal. Por más esfuerzos que haga para disimularlo, el presidente Santos es un redomado implementador de este paradigma –galardonado con premios internacionales–, que ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, cuya virtud principal es profundizar esa brecha, al precio que sea pero lo más maquillado posible. Con esa base, ha comprometido al Estado colombiano más con los intereses de las multinacionales que con los de la Nación y por lo tanto no es dable retroceder entregando las reivindicaciones acordadas con productores y población en general: aranceles, subsidios, incremento de salarios, etc. En el fondo adquiere unos compromisos para salir de paso, con el objetivo de desactivar la movilización social y ganar tiempo para reforzar el aparato represivo, como con la nueva ley que tipifica como delito la “incitación” a la protesta y reforzar con más unidades a los Escuadrones Antidisturbios –ESMAD–, como efectivamente acaba de suceder.

Hoy, víctima de la dictadura de las encuestas, sale a tratar de explicar lo inexplicable: “Es injusto que digan que este gobierno no ha cumplido”, dice Santos. Pero la verdad la tiene la situación que vive la población, reactivándose las movilizaciones sociales de Madres Comunitarias, estudiantes, usuarios de servicios públicos y productores de la ciudad y el campo. También se agudiza la discusión del modelo: Los analistas sentencian señalándolo como un instrumento agotado y perjudicial para los colombianos y según el Centro Nacional de Consultoría solo el 20% cree en la orientación de la economía, 14% en la política de empleo –el Dane dice estar en un solo dígito–, y en la política agrícola apenas confía el 14%. Su gestión la aprueba el 41% y se declaran optimistas el 39%. ¡Eso que persisten en reencaucharle la imagen!

arlexariasarias@hotmail.com

Cartagena, 21 de octubre de 2013.

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