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Mi voto es por Clara López, un voto por la paz

Por Ingrid Penagos Peña  

En los tiempos en que Maquiavelo escribió el Príncipe, Europa atravesaba  por un hervidero de conflictos: transcurría el periodo medieval en el que el poder se lo disputaban la Iglesia, los príncipes y reinos dinásticos que enfrentaban la amenaza de ejércitos de mercenarios que tenían

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Por Ingrid Penagos Peña  

En los tiempos en que Maquiavelo escribió el Príncipe, Europa atravesaba  por un hervidero de conflictos: transcurría el periodo medieval en el que el poder se lo disputaban la Iglesia, los príncipes y reinos dinásticos que enfrentaban la amenaza de ejércitos de mercenarios que tenían como oficio la guerra ofrecida al mejor postor;  fue bajo estas circunstancias que apareció la figura del  asesor, ofreciendo una suerte de recomendaciones a los tomadores de decisiones de la época  que trascendieron la historia de la humanidad.

Si Maquiavelo hubiera vivido estos tiempos de contienda electoral en el país,  se enfrentaría a un contexto de menor densidad con respecto a la  convulsión medieval, pero no de menos rapiña por la obtención  del poder; probablemente se encontraría en apuros por el candidato presidencial a asesorar, tal vez  Juan Manuel, Zuluaga,  Peñalosa o Ramírez, todos distintos, pero parecidos, o más bien como dice la recordada canción de Silvio Rodríguez, no son lo mismo, pero es igual.

Las elecciones presidenciales de este año son tan trascendentales como aburridas,  rodeadas de hechos políticos que más parecen un campo de batalla de guerra sucia, que un debate programático y propositivo; mediadas por la idea creada por “Maquiavelos” y la agenda de medios de comunicación  de guerra o paz, la primera representada en Santos y la segunda en Zuluaga; nada más artificial, ausente de profundidad política y argumentativa que ha pretendido aislar del debate candidaturas como la de Clara López, quien representa por disposición colectiva del Polo Democrático una noción de paz y solución política más allá del necesario silencio de los fusiles, pero  que igualmente  significa transformaciones necesarias para desactivar las causas que catalizan el conflicto. Clara López  es también  por   convicción personal una comprometida con la paz y los cambios, así ha quedado demostrado en toda su trayectoria política, desde que era una joven activista hasta su actual etapa como presidenta del PDA.

Equivocadamente -a mi juicio-, suele atribuírsele  a Santos la misión exclusiva desde la presidencia de “entregar” un país en paz, esta idea se ha vuelto un lugar común y ha venido permeando sectores democráticos y de izquierda que acudiendo a la noción del “voto útil” manifiestan que es mejor votar desde la primera vuelta por Santos que arriesgar el retorno de la extrema derecha, es tan así, que el profesor Alejo Vargas en su reciente columna del portal Ola Política expresa que a Uribe y sus amigos no les molestaría que triunfara cualquier otro candidato que no sea Santos, opinión por cierto discutible. En principio ésta afirmación tendría sentido si no existiese una candidatura democrática que ofrece un programa por el cambio y la paz del país, como en efecto existe; la candidatura Clara López y Aida Avella tiene como epicentro del programa la construcción de un país en paz, darle curso a las negociaciones que se desarrollan en la Habana e instalar un diálogo con el ELN, acompañar los mecanismos acordados entre las partes para refrendar los acuerdos que se logren  y adelantar ajustes institucionales que mejoren las condiciones de vida de la población.

Quienes se asumen como  demócratas deberían  estar más preocupados por acompañar y difundir la propuesta política de la candidatura real de la  paz, no  de la paz neoliberal que inspira y representa Santos, un experto trapecista en dar las volteretas que sea; quienes no olvidamos el esguince a su  mentor Uribe y  sus  maniobras para asegurar su segundo periodo. No es menor el temor de quienes padecieron la crudeza y persecución de 8 años de retroceso y violencia al timón de Uribe,  la posibilidad de un retorno en cuerpo ajeno de este nefasto personaje de la historia política nacional debe conjurarse pisando el acelerador de la opción  Clara López como opción y alternativa para que alcance una eventual segunda vuelta.

Hay que cambiar el chip del escenario Maquiaveliano de consejos que se aplican en cualquier tiempo como  manual inamovible para los “príncipes”,  no estamos en la Italia medieval, urgen por el logro de la democracia un cambio en  las conductas y prácticas en la política, por lo tanto se debe presionar la realización de un debate nacional en el que se exhiban los puntos de vista de todos los candidatos y candidatas, no es admisible en un país que posa de democrático la no concurrencia en un espacio común de las propuestas de los candidatos en el que la ciudadanía confronte ideas y tome decisiones.

Vamos derrotando la idea Santos o Zuluaga, los ciudadanos y ciudadanas tienen en Clara López y Aida Avella una dupla de valerosas luchadoras por la paz, que además representan la cuota alternativa del resto de  candidaturas provenientes del  tronco común de las elites de la política Colombiana. Los sectores sociales y la población hastiada de la mermelada, la guerra, la corrupción, el desempleo  y el  abandono del Gobierno  tienen por quien votar.

Quienes crean  en la paz, en la justicia y en la vida digna deben apartarse de la idea de votar por Santos, Peñalosa, Ramírez o Zuluaga; ahora bien, porque creo en las tres anteriores, mi voto es por Clara López del Polo Democrático Alternativo.

16 de mayo de 2014.

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