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Nacional

Salarios e impuestos

Por Eduardo Sarmiento Palacio   

En días pasados se presentaron estudios del BID y la OCDE que señalan que el salario mínimo en Colombia es alto. Consideran que la remuneración supera la productividad. Los mismos organismos por otros conductos señalan que los gravámenes a las empresas son altos y recomiendan sustituir los impuestos a la renta y patrimonio por la elevación del IVA. 

El argumento de alto salario mínimo en Colombia está basado en artificios aritméticos. La productividad del trabajo, definida como la relación entre la producción y el número de trabajadores, puede ser aproximada por el aumento del ingreso per cápita, que ha estado entre 3 y 4%, superando el ajuste promedio del salario mínimo de los últimos 10 años. 

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Por Eduardo Sarmiento Palacio   

En días pasados se presentaron estudios del BID y la OCDE que señalan que el salario mínimo en Colombia es alto. Consideran que la remuneración supera la productividad. Los mismos organismos por otros conductos señalan que los gravámenes a las empresas son altos y recomiendan sustituir los impuestos a la renta y patrimonio por la elevación del IVA. 

El argumento de alto salario mínimo en Colombia está basado en artificios aritméticos. La productividad del trabajo, definida como la relación entre la producción y el número de trabajadores, puede ser aproximada por el aumento del ingreso per cápita, que ha estado entre 3 y 4%, superando el ajuste promedio del salario mínimo de los últimos 10 años. 

Lo anterior se confirma con la información de las cuentas nacionales que muestra que en las últimas dos décadas la participación del trabajo en el PIB descendió considerablemente. Lo mismo se observa en los coeficientes de Gini, donde los ingresos del capital que están representados en los sectores de mayores ingresos aumentan más que los de los grupos salariales. Mal puede calificarse el salario de alto cuando los ingresos de los trabajadores en su conjunto constituyen una proporción cada vez menor del producto.

Piketty muestra con un gran despliegue de cifras que el comportamiento se presenta en forma generalizada en la mayoría de los países, pero lo atribuye en forma incorrecta a factores inevitables de la naturaleza. En mi último libro se muestra que la principal causa de la caída de la participación de los ingresos del trabajo se encuentra en las acciones de los agentes económicos para colocar el retorno del capital por encima de su productividad, entre las cuales se destaca la represión salarial. Por eso, durante más de medio siglo el retorno del capital se mantuvo por encima del crecimiento del producto nacional.

Las reformas tributarias son una fuerte de confusión. La de 2012 se orientó a reducir los gravámenes al capital y resultó en una caída de los recaudos que llevó a rectificarla con la de 2013. Ahora, ante la caída de los precios del petróleo, la comisión tributaria ha regresado al primer escenario. En cierta manera se mantiene la concepción dominante de los últimos 30 años de sustituir los gravámenes al capital y al ingreso por tributos indirectos. El expediente ha resultado altamente inequitativo. El coeficiente de Gini después de impuestos no se reduce ni en 0,02 puntos.

El mal desempeño de la economía mundial se origina en buena medida en mitos contra el salario y la política fiscal que han generado un marco de exceso de oferta. Siempre aparece un amplio grupo de países en recesión y crisis cambiaria. Los diagnósticos parten clamando, sin mayor base técnica, que los salarios son altos y los impuestos al capital excesivos. De inmediato las soluciones consisten en ajustar el salario mínimo por debajo de la productividad y sustituir los impuestos directos por indirectos.

La ampliación de las desigualdades se explica por la reducción de la participación del trabajo en el producto nacional, la inequidad fiscal y la exclusión del 40% más pobre. En este contexto, el diagnóstico de la OCDE y el BID, de enfrentar los bajos niveles de crecimiento y empleo mediante la regresividad fiscal, no lograría los propósitos y acentuaría las desigualdades. En su lugar, se abre camino una estrategia que le dé prioridad a la distribución del ingreso sin sacrificar el crecimiento. La tarea puede realizarse con sistemas tributarios que eleven los gravámenes al capital y los orienten a la inversión y el empleo, subsidios para la contratación de trabajadores informales, alza del salario mínimo y prioridad a la industria y la agricultura.

El Espectador, Bogotá.

 

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