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Nacional

Se amplía el desbalance externo

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En las últimas semanas aparecieron cifras que revelan el deterioro acelerado de las cuentas externas.

En los dos primeros meses las exportaciones cayeron drásticamente con respecto a las importaciones, y en los cursos introductorios se enseña que un comportamiento de esa

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En las últimas semanas aparecieron cifras que revelan el deterioro acelerado de las cuentas externas.

En los dos primeros meses las exportaciones cayeron drásticamente con respecto a las importaciones, y en los cursos introductorios se enseña que un comportamiento de esa

naturaleza debe ser seguido por una baja de la tasa de interés y la devaluación del tipo de cambio.

En el último mes ocurrió lo contrario. El tipo de cambio se revaluó y el Banco de la República elevó la tasa de interés de referencia. La explicación está en la cartilla del Banco, más concretamente en la inflación objetivo, que le da prioridad al miedo a la inflación sobre cualquier otro objetivo.

De tiempo atrás, los gobiernos han enfrentado el molino de viento de la revaluación sin consistencia. Cuando el tipo de cambio presiona la inflación o da lugar a altos crecimientos de los agregados monetarios, el Banco detiene las compras de dólares y sube la tasa de interés, y cuando desciende a un bajo nivel, reanuda las compras y baja la tasa.

Este manejo de pare y siga lo conocen de sobra los especuladores y no ahorran esfuerzos para sacar ventaja. El juego se ha repetido por varios años con elevados costos para la Nación. Las ganancias de los especuladores tienen como contraparte las pérdidas del Banco de la República que se trasladan a los contribuyentes.

No es difícil corroborar que el manejo en su conjunto ha propiciado una monumental revaluación. En consecuencia, se ha configurado un perfil productivo en el cual el país se especializa en minería y servicios, adquiere la mayor parte de la demanda industrial y agrícola en el exterior, y opera con un déficit creciente de balanza de pagos.

La contracción de la demanda ocasionada por el déficit en cuenta corriente se contrarresta con el abaratamiento en los precios de las importaciones y la explosión del crédito. Como estos últimos efectos se dan por una sola vez, y en cualquier caso no son sostenibles, a la larga predomina el déficit en cuenta corriente. Como lo señalamos en forma repetida, inevitablemente se llega a un estado en que no es financiable o que su efecto sobre la demanda efectiva no es compensable.

Todo parece indicar que la economía colombiana no está lejana de la predicción. En los dos primeros meses las importaciones superaron las exportaciones en US$350 millones y de mantenerse la tendencia la diferencia llegará a US$2.000 millones en el año. El déficit en cuenta corriente superará el 4,5% del PIB, uno de los más altos del mundo, que ni siquiera los países con moneda de reserva han logrado sostener.

No sobra señalar que la mayor parte del desajuste se origina en Estados Unidos. El balance positivo de US$6.000 millones de exportaciones e importaciones que se registraba antes de la firma del TLC, al cabo de un año y medio se tornó negativo. ¿Qué información adicional requieren el Gobierno y los economistas que impulsaron el infortunado tratado para entrar en razón?

Se repite la historia. La apertura económica fracasó. En los siete primeros años de funcionamiento ocasionó el desplome de la industria y la agricultura, un déficit creciente de la balanza de pagos de 6% del PIB y desempleo del 20%. En 1999 la economía se precipitó en crisis y luego se ajustó temporalmente por el aumento de la inversión extranjera, el alza de los precios de los productos básicos y la caída del salario. Sin embargo, la inestabilidad estructural se mantuvo y reapareció por la proliferación del TLC y la profundización de la revaluación. La mayoría de los productos agrícolas e industriales son más baratos en el exterior. De nuevo, el país se ve abocado a un cuantioso y creciente déficit en cuenta corriente que amenaza la producción y el empleo, y en algún momento quebrará el salario real.

El Espectador, Bogotá, 4 de mayo de 2014.

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