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Semblanza de Paco Barrero

Por: Rafael Torres

“Su trayectoria artística y cultural siempre estuvo acompañada de la preocupación política y la sensibilidad por los necesitados”

Como un pretexto para no estar en su casa y evitar ver las carencias económicas que padecían, Joaquín Rodríguez Barrero ingresó a la Escuela Nacional de Arte Dramático a formarse como actor, una de las pocas actividades que se podían hacer en la noche. Lo que comenzó como un escape de la realidad hogareña, se convirtió en la columna vertebral de la vida de Paco Barrero, seudónimo que adoptó por el apellido de su mamá y porque los conocidos lo habían apodado como uno de los tres sobrinos de Rico McPato. Sobrenombre del que ya nunca se despegaría, como tampoco lo haría del teatro.

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Por: Rafael Torres

“Su trayectoria artística y cultural siempre estuvo acompañada de la preocupación política y la sensibilidad por los necesitados”

Como un pretexto para no estar en su casa y evitar ver las carencias económicas que padecían, Joaquín Rodríguez Barrero ingresó a la Escuela Nacional de Arte Dramático a formarse como actor, una de las pocas actividades que se podían hacer en la noche. Lo que comenzó como un escape de la realidad hogareña, se convirtió en la columna vertebral de la vida de Paco Barrero, seudónimo que adoptó por el apellido de su mamá y porque los conocidos lo habían apodado como uno de los tres sobrinos de Rico McPato. Sobrenombre del que ya nunca se despegaría, como tampoco lo haría del teatro.

Únicamente por necesidades actorales, para construir personajes, comenzó a estudiar sociología y a tomar cursos de psicología en la Universidad Nacional. Allí fue alumno de Carlos Rincón y Camilo Torres, con quienes creó estrechas relaciones. También comienza ahí su preocupación por el teatro universitario, que años más tarde sería materializada en la creación y dirección de compañías teatrales universitarias en Cúcuta, Bogotá y Manizales y en la organización de dos Congresos de Teatro Universitario. En una de esas travesías, precisamente en Cúcuta, conoció a Consuelo Moure, su compañera a lo largo de la vida.

Hizo parte de esa generación de actores que, discípulos de Dina Moscovici, se dedicó a propagar el teatro moderno en Colombia. Colaboró en el Teleteatro, en la fundación del Teatro la Mama, en el Teatro el Búho y fue cercano al Teatro Libre. Sin embargo, se distanció de todos esos proyectos porque su verdadero sueño era la creación de una escuela de dramaturgia al estilo del Teatro de Arte de Moscú, donde se formaran actores, directores y escritores. No lo cumplió. Pero junto a Consuelo creó la Fundación Estudio XXI de donde salió un importante número de actores colombianos.

Se consagró a la formación de actores, faceta que siguió cumpliendo hasta los últimos momentos de su vida, tanto en la educación formal, como en grupos juveniles independientes. A partir de los aportes de Stanislavski, Grotowski y Brecht, más los avances de la psicología, desarrollo el método de Desagregación-Agregación para enseñar a los actores la construcción de personajes.

Su trayectoria artística y cultural siempre estuvo acompañada de la preocupación política y la sensibilidad por los necesitados. En las épocas del Teatro Universitario se presentó en los barrios humildes y ante los obreros, a quienes siempre les preguntaban la opinión tras cada función. Participó en los diversos intentos por crear organizaciones gremiales de artistas y fue grande su entusiasmo al ver los logros que iba alcanzando la Asociación de Actores de Colombia en los tiempos recientes. Hizo parte del Polo Democrático los últimos años de su vida.

Con la partida del Maestro Paco Barrero, la cultura nacional pierde a uno de sus protagonistas. Aunque su estrepitosa carcajada no se vuelva a escuchar, su legado perdurará entre sus discípulos y conocidos.

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