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Unión en torno a un modelo

La contienda para elegir nuevos mandatarios locales y regionales ha entrado en su etapa decisiva. A menos de un mes, 36 millones de colombianos están habilitados para acudir a 11.590 puestos de votación y elegir a 1.101 alcaldes, 32 gobernadores, 1.101 concejos municipales y más de 1.000 miembros de juntas administradoras locales.

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La contienda para elegir nuevos mandatarios locales y regionales ha entrado en su etapa decisiva. A menos de un mes, 36 millones de colombianos están habilitados para acudir a 11.590 puestos de votación y elegir a 1.101 alcaldes, 32 gobernadores, 1.101 concejos municipales y más de 1.000 miembros de juntas administradoras locales.

 

Fotografía: El Espectador

La contienda para elegir nuevos mandatarios locales y regionales ha entrado en su etapa decisiva. A menos de un mes, 36 millones de colombianos están habilitados para acudir a 11.590 puestos de votación y elegir a 1.101 alcaldes, 32 gobernadores, 1.101 concejos municipales y más de 1.000 miembros de juntas administradoras locales.

En el ámbito político, las campañas no han dejado de estar reñidas en varios puntos de la geografía nacional, si bien en algunos lugares –y a juzgar por lo que dicen las encuestas y los sondeos– pareciera que las cosas ya están definidas.

En el caso particular de Bogotá, la campaña se ha vivido de manera vertiginosa. Como pocas en el resto del país, comenzó mucho antes de lo esperado, en buena medida fruto del coletazo que dejó el debate presidencial y de la polarización política que desde hace más de una década se enquistó en la vida de los bogotanos. Cuatro alternativas se disputan el favor de los votantes: Claudia López, de Alianza Verde, una coalición que incluye el Polo Democrático y otras fuerzas alternativas; Carlos Fernando Galán, movimiento inspirado netamente en el fervor ciudadano; Miguel Uribe, de Avancemos, que cuenta con el respaldo de los cristianos y de partidos tradicionales, y Hollman Morris, que representa la izquierda radical y fuerzas como Mais, UP y Colombia Humana.

La elección en la capital reviste una importancia mayor, comoquiera que está en el foco mediático nacional, en el tinglado de las redes sociales y porque convergen en ella reconocidas figuras con amplia influencia en el país. No en vano, varias de esas figuras han sido candidatos presidenciales, ministros de Estado, alcaldes o han ocupado posiciones de alta figuración y hoy militan en alguna de las cuatro causas ya señaladas.

Sin duda alguna ha sido la fricción política la que ha dominado la escena en Bogotá. Tanto así que los últimos alcaldes se convirtieron en mandatarios con apenas el 30 por ciento de los votos, lo cual no deja de ser un problema a la hora de gobernar. La democracia representativa es, en esencia, una señal de confianza en quien es escogido para dirigir los destinos de una ciudad, pero cuando esa confianza está inspirada en una minoría, el elegido no tiene otro camino que tratar de convencer o emplearse a fondo para garantizar un gobierno en el que tengan cabida todos. Y eso no siempre es fácil. El alcalde Peñalosa lo ha vivido en carne propia, ha sufrido toda suerte de ataques que han influido en su baja popularidad. Lo mismo sucedió con Gustavo Petro, que, además, tuvo la férrea oposición del Concejo y vio truncadas muchas de sus iniciativas.

Por fortuna, el Congreso aprobó recientemente el mecanismo de la segunda vuelta para las elecciones de Bogotá. Dicha figura no se aplicará para estos comicios, sino para los que vendrán dentro de cuatro años, lo cual no es óbice para decir que la capital de los colombianos no puede darse el lujo de repetir la experiencia de gobiernos que deben gastar buena parte de su energía en responder a las malquerencias políticas y el saboteo permanente de quienes resultaron perdedores. Insistimos: con un 30 por ciento de respaldo popular, resulta más difícil gobernar y generar confianza ciudadana.

Cuando la confianza está inspirada en una minoría, el elegido no tiene otro camino que tratar de convencer o emplearse a fondo para garantizar un gobierno en el que tengan cabida todos

En la actualidad es claro que en Bogotá hay dos modelos de ciudad en disputa y, por ende, dos modelos políticos. Y que en uno de ellos convergen, con algunas diferencias, los candidatos Galán y Uribe. El desgaste es evidente y la confusión en el electorado, también. Por tanto, lo aconsejable sería que a pocos días de ir a las urnas se produjera entre los dos una alianza que de tiempo atrás vienen reclamando distintos sectores en aras de facilitar que Bogotá pueda contar con un alcalde que supere ese 30 por ciento de electores que si bien ponen gobernante, ello no garantiza gobernabilidad ni estabilidad política; por el contrario, nubla la visión de una ciudad pensada a largo plazo.

Los bogotanos han asistido durante años a una especie de ‘guerra fría’ que se ha traducido en un constante rifirrafe y derivado en señalamientos, mentiras y obstrucción; en la que ha primado el afán desmedido por destruir o paralizar las ejecutorias del otro. ¿Consecuencia? La imposición de una narrativa de odio y pesimismo que terminan golpeando la misma ciudad. Los tiempos que vienen son difíciles y ampliamente retadores para quien asuma el rumbo de la capital el próximo primero de enero: migración, desempleo juvenil, lucha contra el crimen organizado, crecimiento económico, movilidad, cambio climático… Para hacerles frente a todos ellos, un gobernante necesita construir confianza, ganar respaldos, escuchar a la ciudadanía y saber que cuenta con un mandato sólido.

No es el tiempo de los egos políticos sino de las ciudades, y las ciudades no las hace un alcalde, las hace la gente… cuando es mayoría.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

 

Tomado de https://www.eltiempo.com

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