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Al exministro Pardo se le acaba la gasolina

Por Octavio Quintero  

A la gente le va quedando claro que está inhabilitado, no por lo que dice de su encargo como alcalde el procurador, sino por lo que dice la sentencia del Consejo de Estado que tumbó los estatutos del Partido Liberal

Al exministro Rafael Pardo se le envolató la Alcaldía de Bogotá. Si tuviera vergüenza debiera renunciar antes que precipitar la capital del país a una nueva crisis de gobernabilidad de la cual no sale desde los escándalos de corrupción de Samuel y la fallida destitución de Petro.

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Por Octavio Quintero  

A la gente le va quedando claro que está inhabilitado, no por lo que dice de su encargo como alcalde el procurador, sino por lo que dice la sentencia del Consejo de Estado que tumbó los estatutos del Partido Liberal

Al exministro Rafael Pardo se le envolató la Alcaldía de Bogotá. Si tuviera vergüenza debiera renunciar antes que precipitar la capital del país a una nueva crisis de gobernabilidad de la cual no sale desde los escándalos de corrupción de Samuel y la fallida destitución de Petro.

El concepto de la Procuraduría sobre su desempeño como alcalde encargado, cuando salió transitoriamente Petro, podría ser su impedimento, pero el mayor obstáculo jurídico que se le interpone, es la sentencia del Consejo de Estado que declaró inconstitucional la reforma a los estatutos del Partido Liberal expedida en el 2011 bajo la dirección de Pardo, los que insisten en mantener, desacatando tamaña sentencia judicial de última instancia.
 
Y ojo, que lo de Pardo, tomado por los lados de la sentencia del Consejo de Estado, puede replicar en todos los candidatos del partido liberal que recibieron avales a dedo de la Dirección Liberal, desconociendo la descentralización de los Estatutos del 2002 que le otorgan todo el poder de selección de candidatos en elecciones locales a los directorios municipales y departamentales.
 
Es una vergüenza política que un “prócer” del liberalismo como el senador Serpa, en su calidad actual de director del Partido Liberal, se esté prestando a semejante desacato jurídico, él que fue juez de la República y en su ya larga carrera burocrática se ha desempeñado hasta como procurador general de la Nación.
 
Podría decirse en su propio beneficio, y para tranquilidad ciudadana, que ha cogido esas mañas después de viejo, porque si así fue su actuación al frente de tantos cargos como los que le ha dado el Partido y la democracia, está cerrando una carrera política sencillamente vergonzosa.
 
Es muy lamentable lo de Pardo porque, a qué negarlo, es un candidato con cara de alcalde serio. Pero en su afán de alcanzar el máximo protagonismo en el gobierno de Santos ha caído en su propia trampa, tendida en camarilla con el expresidente Gaviria para darle vuelo al hijo Simón, sacando “de taquito” a los que avanzaban en la resocialización del liberalismo en Colombia, recentrándolo nuevamente y convirtiéndolo de nuevo en un club de “los mismos con las mismas”, como dijo Gaitán de este mismo Partido en 1948.
 
Gran favor le haría a los electores de Bogotá que renunciara a su candidatura, pues, al tenor del fallo del Consejo de Estado, si insiste, hará que muchos bogotanos boten su voto y, como se advierte atrás, meta a la capital en un interregno propio de las “repúblicas banana”, término peyorativo que se predica de aquellos países considerados políticamente inestables, empobrecidos y atrasados, que desconocen el Estado de Derecho y aplican la ley al vaivén de los intereses de la clase dominante.

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