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Aunque sea por la paz, me hubiera gustado ver a Clara López al frente de un ministerio

Por Cecilia Orozco Tascón  

No exagero si afirmo que ella podría darles cátedra a muchos de los miembros del gabinete anunciado por Santos hace un par de días, porque es una profesional preparada como pocos. Sí, me habría gustado que, armada con su formación técnica y política, sacara la cara por la izquierda y por el Polo en el poder Ejecutivo, en el que les ha ido tan mal que ambos, izquierda y Polo, han sido sometidos a una injusta discriminación de imagen a pesar de que en el Legislativo se han lucido con creces.

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Por Cecilia Orozco Tascón  

No exagero si afirmo que ella podría darles cátedra a muchos de los miembros del gabinete anunciado por Santos hace un par de días, porque es una profesional preparada como pocos. Sí, me habría gustado que, armada con su formación técnica y política, sacara la cara por la izquierda y por el Polo en el poder Ejecutivo, en el que les ha ido tan mal que ambos, izquierda y Polo, han sido sometidos a una injusta discriminación de imagen a pesar de que en el Legislativo se han lucido con creces.

Pero también me alegro de que López no hubiera aceptado, no sólo porque el Polo y ella se necesitan, sino porque la oposición democrática es indispensable para alertar sobre los excesos y las falencias de este y de cualquier gobierno. Y porque en esta etapa crucial de reformas constitucionales “al equilibrio de poderes” —como las describió el nuevo mininterior—, y de procesos de reconciliación social, la voz disidente no puede estar en manos de la ultraderecha egoísta que vela por ella y por nadie más. Me tranquiliza, además, que no integre una administración que no parece haber entendido el mensaje de los votos de opinión que le pedían, a gritos, exclusión del clientelismo, discusión ideológica y análisis programático amplio en lugar de puestos y argumentos tan vergonzosos como el de la bancada costeña: haber nacido o no en su región.

Me alegra, de otro lado, que Yesid Reyes, gran ser humano, jurista impoluto, profesor de penalistas y admirado por tirios y troyanos, tome la cartera de Justicia. Nadie como él para suceder a Alfonso Gómez Méndez, su “hermano” de vida, retirado prematuramente del ministerio por un enfrentamiento que el presidente no ha debido recoger como si fuera suyo. La presencia del ministro Reyes, en esta época, es una prueba real para el proceso de paz, para las cortes y para la Rama Judicial entera: hijo de Alfonso Reyes, presidente de la Corte Suprema que murió bajo las balas, horas después de la toma del Palacio de Justicia por la guerrilla del M-19 y durante la retoma de la edificación por parte de un ejército primario que para “recuperar la democracia, maestro”, entró asesinando parte fundamental de ella, Yesid Reyes es un símbolo del país víctima y podría llegar a serlo del país que perdona los errores de la otra orilla y que lleva a reconocer los de la orilla propia. No le va a ser nada fácil al doctor Reyes manejar la soberbia y el egocentrismo de los miembros de las cortes, del procurador Ordóñez y del fiscal Montealegre, a la hora de hablar de reforma a la justicia.

Hablando de egos, pago por ver cómo administrará el presidente las vanidades del vicepresidente Vargas en competencia de poder con el anunciado “superministro” Néstor Humberto Martínez. No comento más. Fuera del hábil ministro del Interior, otra víctima del conflicto e indispensable componedor político, el resto del gabinete era previsible. Ninguna sorpresa individual, ningún giro económico o político asombroso. Los uribistas quedaron como loquitos anunciando un mandatario del “castrochavismo” (!) y quienes votamos contra la ultraderecha, como tontos, esperando una apertura que no llegará. Sin embargo, y aunque sea por el proceso de paz, ojalá que esta reelección sea fructífera para Colombia.

Entre paréntesis. Los pájaros tirándoles a las escopetas: un señor en todo el sentido de la palabra; un fundador, junto a Daniel Samper Pizano, de la primera unidad investigativa del país en los medios de comunicación; un maestro del periodismo dedicado a la defensa de los intereses públicos; uno de los hombres más respetados y respetables de la prensa, Alberto Donadio, ¡cuestionado por un abogado, doctor gracias a una materia bien conocida por él, el tráfico de influencias! Definitivamente las sociedades sufren más daño de los amorales que de los inmorales.

El Espectador, Bogotá.

 

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