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China y la economía mundial

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

La desaceleración de la economía china ha creado una gran inestabilidad mundial.  No obstante que su evolución estaba anunciada y obedece a cambios estructurales que parecían conocerse, genera grandes sorpresas. La devaluación del yuan ocasionó una caída de las bolsas que se asemejan a los episodios que antecedieron la crisis de 2008.

La economía china opera dentro de un modelo similar al aplicado por Japón y los Tigres Asiáticos. En virtud de su elevada tasa de ahorro y el avance industrial, China logró orientar la producción hacia la exportación de bienes industriales y la producción de bienes de capital y materias primas complejas.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

La desaceleración de la economía china ha creado una gran inestabilidad mundial.  No obstante que su evolución estaba anunciada y obedece a cambios estructurales que parecían conocerse, genera grandes sorpresas. La devaluación del yuan ocasionó una caída de las bolsas que se asemejan a los episodios que antecedieron la crisis de 2008.

La economía china opera dentro de un modelo similar al aplicado por Japón y los Tigres Asiáticos. En virtud de su elevada tasa de ahorro y el avance industrial, China logró orientar la producción hacia la exportación de bienes industriales y la producción de bienes de capital y materias primas complejas.

Así, la economía impulsada por la demanda y carburada por superávits externos y los bienes industriales logró mantener durante varios años crecimientos cercanos a 10%.

El crecimiento de China, que ha sido su principal carta de presentación mundial, ha venido decayendo desde hace más de 2 años. El reciente agravamiento de la tendencia llevó a las autoridades a adoptar medidas que generaron una gran convulsión mundial. Las acciones están orientadas a propiciar la expansión del sector externo mediante la baja de la tasa de interés, la minidevaluación y la intervención en el mercado bursátil, que no significan cambios estructurales de fondo, y más bien tienen la forma de guerra de monedas.

La verdad es que la economía mundial no logró acomodarse a la globalización. En varias oportunidades señalé que la liberación comercial dejó un exceso de ahorro mundial que sólo puede arreglarse con grandes déficits fiscales y en cuenta corriente en las economías mayores, que no están dispuestas a hacerlo.

Alemania no accede a reducir el superávit en cuenta corriente, la verdadera causa del deterioro de las economías periféricas. Estados Unidos está empeñado en elevar las tasas de interés que acentuarían la revaluación del dólar y pondría en peligro la recuperación de los últimos meses.

En este contexto, el margen de maniobra para impulsar la economía mundial se reduce a acciones individuales de los países para fortalecer la balanza de pagos y mejorar sus condiciones a cambio de empeorar las de los demás. El resultado es una economía mundial de desbalances externos que se trasladan de un lugar a otro. En 2008 le correspondió el turno a Estados Unidos, en 2010 a Europa y ahora a América Latina y a los NICS.

La evolución de China significa un severo golpe para la economía mundial. China es la cabeza de los nuevos países industrializados (NICS), que aparece como el grupo llamado a reemplazar la pérdida de dinamismo de Europa y Estados Unidos. Por lo demás, opera como un dique para sostener los precios de los commodities y constituye un ejemplo de industrialización e innovación en naciones de bajos ingresos. En tal sentido, el debilitamiento de China se agrega al déficit en cuenta corriente de Alemania, el alza anunciada de la tasa de interés de Estados Unidos, la caída de los precios del petróleo para crear un marco mundial enrarecido que se manifiesta en las fluctuaciones de las cotizaciones de las bolsas, que rememoran los episodios que antecedieron a la crisis de 2008.

Todo esto es el reflejo del orden económico internacional de tasa de cambio flexible, bancos centrales que le dan prioridad excluyente a la inflación y balance fiscal, y tiene como síntesis la alta vulnerabilidad y el bajo crecimiento de la economía mundial.

A la luz de la experiencia de la última década, para superar este estado se plantea, como mínimo, una nueva visión que induzca a los países mayores a ampliar la inversión pública y les permita a los menores reducir los déficits en cuenta corriente.

El Espectador, Bogotá.

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