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Colombia y el régimen alimentario corporativo

Por Freddy Ordóñez / Prensa Rural  

En el año que acaba de terminar el país presenció la mayor protesta social de los últimos tiempos: el paro nacional campesino. En efecto, el llamado Paro nacional agrario y popular abarcó veintidós departamentos del territorio nacional, así como manifestaciones en treinta de las 32 principales ciudades del país; desbordando la protesta al sector rural y logrando generar fuertes expresiones urbanas de solidaridad y rechazo a las injusticias padecidas por el campesinado.

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Por Freddy Ordóñez / Prensa Rural  

En el año que acaba de terminar el país presenció la mayor protesta social de los últimos tiempos: el paro nacional campesino. En efecto, el llamado Paro nacional agrario y popular abarcó veintidós departamentos del territorio nacional, así como manifestaciones en treinta de las 32 principales ciudades del país; desbordando la protesta al sector rural y logrando generar fuertes expresiones urbanas de solidaridad y rechazo a las injusticias padecidas por el campesinado.

Ahora bien, el paro transcurrido durante 24 días debe ser leído como una gran manifestación de rechazo a la configuración y dinámica del régimen alimentario corporativo en Colombia, y por ende, debe ser interpretado como la más grande exigencia de soberanía alimentaria en el país, esto a pesar de la falta de una lectura sistémica e integradora de las diferentes demandas y hechos que llevaron a la protesta campesina. El interés con este escrito es presentar algunos elementos que por una parte, permitan aportar al desarrollo de la misma y, de otra, diluciden lo que será la profundización del régimen alimentario corporativo en Colombia para el 2014.

El papel de la agricultura y la alimentación en el capital: el régimen alimentario

La noción de régimen alimentario permite analizar de manera particular el rol de la agricultura y la alimentación en un periodo histórico-espacial determinado de hegemonía económica y acumulación capitalista (McMichael, 2009a), pero adicionalmente, el concepto proporciona una pauta para el entendimiento de la historia del capitalismo en sí, incluyendo las contradicciones inherentes a éste (McMichael, 2013), puesto que el régimen alimentario se configura como un pivote del que dependen otras relaciones capitalistas , y da luces sobre las relaciones políticas, sociales, geográficas, ecológicas de momentos espacio-temporales de la acumulación y reproducción del capital.

De acuerdo con McMichael (2005; 2009b) el régimen alimentario corporativo es el tercer periodo identificado en la evolución histórica del sistema agroalimentario global. Los orígenes del régimen se sitúan en la década de 1980, caracterizándose esta tercera fase por la concentración corporativa del poder sobre el sistema; es decir, a diferencia de los regímenes precedentes que se estructuraban en el imperio y en el Estado , el tercero tiene como centro el mercado y las empresas. Las diferentes fases de la cadena de producción de alimentos, se configuran industrial y tecnológicamente como una relación globalizada, liberalizada, privatizada y concentrada, donde diversos escenarios de la geografía mundial cumplen una labor determinada , en el marco de la profundización y expansión global de la relación capitalista.

Las grandes corporaciones encontraron en los organismos multilaterales, particularmente en la OMC, las regulaciones del mercado global; y en los Estados, los escenarios de reglamentación nacional, destacándose por parte de éstos la implementación de subsidios para la producción agrícola en el Norte global; y la eliminación de aranceles a importaciones y desprotección agraria en el Sur. Con este escenario las empresas se apoderaron de la cadena del cultivo a la mesa (Delgado, 2010; Vorley, 2003).

El régimen alimentario corporativo se soporta en la dinámica acumulación-miseria, soporte fundamental del capital, siendo así cómo la incorporación de sectores sociales o espaciales, traen consigo exclusión y desposesión. Tal es el caso de pequeños productores, tenderos, vendedores informales de alimentos, etc., en lo que se constituyen como verdaderos procesos de acumulación por desposesión (Harvey, 2004), con consecuencias sociales y ecológicas, pero también con la apertura de posibilidades de articulación y construcción de sujetos, así como de propuestas colectivas contradictoras al régimen, como es el caso de la soberanía alimentaria, que al plantear la democratización de la agricultura y la alimentación, se muestra como alternativa, no sólo al régimen alimentario corporativo, sino a la dinámica capitalista en sí, estando ante “una nueva visión de las condiciones necesarias para desarrollar formas sostenibles y democráticas de reproducción social […] una visión más amplia de cómo repensar las condiciones ecológicas y la escala en la cual las comunidades humanas puedan vivir” (McMichael, 2013: 4), la soberanía alimentaria se presenta como una propuesta anti sistémica.

El régimen alimentario corporativo y su dinámica reciente en Colombia

Históricamente el país ha cumplido la labor de proveer de ciertas materias primas el mercado global, esto fue visible en el marco de los dos regímenes alimentarios precedentes al corporativo. En los inicios de éste último, fundamentalmente a partir de la década de 1990, se configuró un modelo de ruralidad basado en una precaria industrialización, la extracción de recursos minero-energéticos y los agronegocios. La apuesta se centraba en la descampesinización del mundo rural, a partir de lo que sería la configuración de un campo “desarrollado”, en el que los campesinos –que quedaran- se convertirían en pequeños empresarios e industriales rurales, de la mano de las promesas elevadas por el desarrollo rural, la revolución verde y la agroexportación, promesas que nunca llegaron; a la par de lo anterior, la violencia del capital, en su versión paramilitar, expulsó a aquellos productores que se negaron a adaptarse y servirle al modelo, o a la profundización del latifundio ganadero. El resultado fue un proceso económico y violento que profundizó las precarias condiciones de vida de los agricultores, expulsó a la población más vulnerable del campo y les despojó de sus tierras, paralelamente, se vivió un proceso de concentración de tierras y riqueza en el campo facilitado por las políticas sectoriales implementadas.

Tal como señalan Nohora León, Carlos Mesa y Jairo Isaza (2012), el neoliberalismo impactó fuertemente las economías campesinas, aumentó las importaciones de alimentos, provocó una drástica reducción del área sembrada. Con este entorno lo que se presentó al inicio del siglo XXI fue la consolidación del régimen alimentario corporativo que presenta hoy en día, entre otros, los siguientes elementos característicos: (i) Una institucionalidad y unos marcos normativos funcionales al sistema agroalimentario capitalista; (ii) La privatización de las semillas y la restricción de su conservación y libre circulación; (iii) El uso intensivo de insumos químicos y fertilizantes. La concentración corporativa de su producción, importación y venta; (iv) El acaparamiento de tierras por parte de empresarios nacionales y extranjeros en grandes regiones del país como la altillanura; (v) La profundización en las apuestas agroindustriales y la extensión de los monocultivos; (vi) La expansión y aumento de la cadenas de distribución de alimentos en los formatos de grandes superficies y express; (vii) La proliferación de las ventas de “comida chatarra”, restaurantes y cadenas de comidas rápidas; (viii) Incremento en la población con obesidad/sobre peso y estandarización de las personas en situación de desnutrición; y (ix) La definición clara de un importante bloque empresarial en el sector agrícola y de alimentos.

Profundización del régimen alimentario corporativo en el 2014

Sin dudas el año que inicia traerá una mayor profundización en las apuestas del capital transnacional y del bloque empresarial nacional ligado a la alimentación, especialmente a partir de lo que será un nuevo año del TLC con EE.UU. y la puesta en marcha de otros tratados firmados por el gobierno. Un estudio publicado por Oxfam señala que en los nueve primeros meses del Acuerdo las importaciones han aumentado a un ritmo mayor que las exportaciones colombianas a EE.UU., afectándose fuertemente la agroindustria y deteriorándose el sector agropecuario colombiano. El estudio también indica que con la continuidad del TLC, está en riesgo la economía campesina, preocupando especialmente la producción de lactosueros, arroz, maíz blanco, leche en polvo y carne de cerdo; así como, la producción de trigo, carne de pollo, zanahoria y arveja (Oxfam, 2013).

De otra parte, se proyecta la incursión en el país de una serie de empresas del sector agroalimentario. La presencia cada vez mayoritaria en Colombia de diferentes compañías, se evidencia en lo que ha sido una tendencia al alza en el registro de marcas al interior del país: “según la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), en 2013 se registraron 34.000 marcas, frente a 30.600 del 2012” (El Tiempo, 2013, dic. 30).

Dentro de las empresas que llegarán al país durante el 2014 en el sector comidas se encuentran Krispy Kreme (EE.UU.), Beleki Donitas (México), Starbucks (EE.UU.), Rubaiyat (Brasil), La Mansión (México), Carl’s Jr. (EE.UU.), Doggis (Chile), Bob’s (Brasil) y Bembo’s (Perú). Ahora bien, Carl’s Jr. entrará a Colombia por medio de la brasileña IMC, que ya tiene franquicias de Presto y Palmeto Café, así como las marcas Delicias, Traversata y Three Amigos (que venden comida típica colombiana como bandeja paisa), de igual forma, IMC espera abrir los primeros locales de la estadounidense Darden Restaurants, dueña, entre otras, de las marcas Red Lobster, Olive Garden y LongHorn Steakhouse (El Tiempo, 2013, dic. 30). También se espera que este año ingrese la cadena Walmart (EE.UU.).

Sin duda los TLC y la profundización en la corporativización alimentaria afectaran no solamente a pequeños productores, sino a sectores de la periferia urbana, clases medias y habitantes de ciudades intermedias. A estos elementos puntuales se debe agregar la continuidad en los aspectos, ya referidos, que han caracterizado el régimen en las primeras décadas del siglo XXI.

La Soberanía Alimentaria es la alternativa

El 2013 significó el resurgir de las luchas campesinas, logrando las exigencias trascender la dinámica rural para despertar la solidaridad de importantes sectores urbanos. No obstante, ante lo que es una clara tendencia a la continuidad en las afectaciones al campesinado por la dinámica nacional del régimen alimentario corporativo, se requiere que los sectores urbanos que expresaron su rechazo a las injusticias vividas por el campesinado identifiquen como suyas las luchas agroalimentarias de los labriegos ; así como también es imperativo sumar a aquellos sectores sociales vulnerables a la configuración que presentará a partir del 2014 el régimen. Este movimiento social debe tener la fuerza suficiente para superar el accionar coyuntural y el espontaneísmo, y lograr transformaciones políticas y estructurales, que lleven a un nuevo sistema alimentario, diametralmente antagónico a la lógica del capital global, lo cual se logra bajo la bandera alternativa al régimen alimentario corporativo: el paradigma de la soberanía alimentaria.

Fuentes

DELGADO, Manuel (2010), “El sistema agroalimentario globalizado: imperios alimentarios y degradación social y ecológica”, en: Revista de Economía Crítica, No. 10. pp. 32-61.

EL TIEMPO (2013, dic. 30), las marcas que ingresarán en el 2014 al país. Disponible en: http://www.eltiempo.com/archivo/doc…

HOLT-GIMÉNEZ, Eric (Ed.) (2013), ¡Movimientos alimentarios uníos! Estrategias para transformar nuestros sistemas alimentarios. Bogotá, Food First e ILSA.

LEÓN, Nohora; MESA, Carlos; y ISAZA, Jairo (2012), Las transformaciones del sector rural en Colombia desde las reformas neoliberales: un análisis entre 1980 y 2004, Bogotá, Universidad de La Salle.

MCMICHAEL, Philip (2013), “Historicizing Food Sovereignty: a Food Regime Perspective”, en: Program in Agrarian Studies, Yale University, ICAS, ISS, TNI, Food Sovereignty: A Critical Dialogue. International Conference Yale University (Sep. 14-15). Disponible en: http://www.yale.edu/agrarianstudies…

MCMICHAEL, Philip (2009a), “A food regime genealogy”, en: The Journal of Peasant Studies, Vol. 36, No. 1. pp. 139-169.

MCMICHAEL, Philip (2009b), “A food regime analysis of the ‘world food crisis’” en: Agriculture and Human Values, Vol. 26, Issue 4. pp. 281-295.

MCMICHAEL, Philip (2005), “Global development and the corporate food regime”, en: Buttel, Frederick and McMichael Philip (Eds), New Directions in the sociology of global development. Research in rural sociology and development. Vol.11. pp. 265-299.

OXFAM (2013), Expectativas frustradas. Bogotá, Oxfam.

VORLEY, BILL (2003), Food, Inc. Corporate concentration from farm to consumer, Londres, UK Food Group.

Prensa Rural.

 

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