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De las víctimas

Por Omar Ospina García  

La frase, como tantas otras, se atribuye a varios autores: “En la guerra, la primera víctima es la Verdad”. Y no solo porque la historia la escriben los vencedores, sino porque en el balance de la contienda las víctimas son siempre las nuestras. Las del otro lado, son estadísticas irrelevantes.

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Por Omar Ospina García  

La frase, como tantas otras, se atribuye a varios autores: “En la guerra, la primera víctima es la Verdad”. Y no solo porque la historia la escriben los vencedores, sino porque en el balance de la contienda las víctimas son siempre las nuestras. Las del otro lado, son estadísticas irrelevantes. De modo que la frase es precisa y sigue vigente, haya sido Esquilo quien la dijera hace 2400 años, o el congresista norteamericano Hiram Johnson en 1917.

Quizás en ningún otro lugar y momento la frase tenga más vigencia que en la Venezuela de los últimos meses. Las elecciones de abril de 2013, dieron la victoria al presidente Maduro, en ejercicio por muerte del titular Hugo Chávez. La presencia de más de 200 observadores internacionales que avalaron la victoria, no fue suficiente para la campaña que siguió a las elecciones: hubo fraude, se convirtió en lema de la oposición derrotada. El recuento de votos exigido por los perdedores, y sus resultados acordes con las leyes de ese país, no fueron suficiente. La idea de fraude se mantuvo a pesar de las evidencias, lo que dio pábulo a la posición beligerante del perdedor Capriles, quien ordenó a sus militantes desconocer la victoria del Gobierno, “con arrechera”. 

De tal incitación a la violencia, 13 muertos, más de 80 heridos, hospitales públicos, mercados populares, puestos de salud y hasta escuelas de la Revolución Bolivariana destruidos por los “arrechos”, fueron minimizados. Pero en cuanto una conocida actriz y su novio, contrarios al régimen, fueron asesinados en una autopista por agresores no identificados en ese momento, la noticia saltó: la violencia cobra dos víctimas; la inseguridad en Venezuela es inmanejable.

En las semanas siguientes, las redes sociales se llenaron de fotos y videos en los que se mostraban escenas de violencia oficial contra manifestantes en las calles. Varias de esas “pruebas” de represión por parte de policías y militares, fueron acogidas como noticias confirmadas. Sin embargo, casi todas esas fotos y videos mostraban escenas ocurridas en Siria, Egipto, Chile, Líbano, España y algunos otros lugares del mundo, en un tinglado de desinformación y falsedad que una somera investigación en las mismas redes sociales donde proliferaron arrojando sospechas sobre una supuesta represión oficial, dejó al descubierto. ¿Rectificación de quienes las difundieron en las redes sociales o protesta de quienes las acogieron como verdaderas? Ninguna.

En las calles de Caracas, barricadas levantadas por los manifestantes “pacíficos” fueron comidilla diaria. Que las barricadas fueran construidas con escombros de edificios públicos destruidos y autos incendiados, y que sirvieran además para disparar a mansalva sobre transeúntes o personas ajenas al conflicto, pareció lo de menos. En una calle, un alambre de lado a lado causó la muerte por degüello de una oficinista, sin que la noticia trascendiera. Y en el Táchira y su Capital San Cristóbal, manifestantes violentos incendiaron una universidad y una biblioteca, sin que el hecho haya trascendido como debería.

Coletillas: Dicho por Esquilo hace más de dos milenios o por el leído o creativo congresista norteamericano, lo cierto es que en un conflicto preñado de intereses económicos y políticos, la primera víctima es la Verdad. Pero ni ella ni las víctimas humanas tienen importancia. Y menos cuando son del “lado contrario”. La Verdad, de nuevo, es víctima de esos intereses, que son, desde luego, los que importen a los dos lados del conflicto.

Quito, Ecuador, 23 de marzo de 2014.

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