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Del Acuerdo General inicial al esperado final en La Habana

Por Juan Manuel López Caballero  

Una vez se supere la primera etapa con el ‘acuerdo final’ que espera el gobierno, debemos exigirle que inicie la de “construcción de una paz estable y duradera”.

Lo que se ha dado en llamar ‘Proceso de Paz’ es lo que, mediante un denominado “Acuerdo General” —compromiso inicial ya suscrito— conduce a una expectativa de resultado que según su texto contempla dos elementos: 1) la terminación del conflicto; y 2) la construcción de una paz estable y verdadera.

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Por Juan Manuel López Caballero  

Una vez se supere la primera etapa con el ‘acuerdo final’ que espera el gobierno, debemos exigirle que inicie la de “construcción de una paz estable y duradera”.

Lo que se ha dado en llamar ‘Proceso de Paz’ es lo que, mediante un denominado “Acuerdo General” —compromiso inicial ya suscrito— conduce a una expectativa de resultado que según su texto contempla dos elementos: 1) la terminación del conflicto; y 2) la construcción de una paz estable y verdadera.

Lo primero por lo tanto es estudiar el contenido de ese acuerdo inicial ya vigente. Infortunadamente pocos de los ‘formadores de opinión’ lo conocen o lo tienen como referencia.

Circunstancias objetivas llevaron a firmarlo. Está la desaparición del ‘modelo socialista’ como alternativa a la democracia y al capitalismo; mientras existió la comparación o confrontación entre ambos, este último binomio daba prioridad y casi exclusividad a los derechos civiles —libertad de opinión, de contratación, de movilización, etc. — por encima de los objetivos sociales que pregonaba el otro —igualdad, eliminar la ‘explotación del hombre por el hombre’, solidaridad entre los pueblos, etc.—. Desaparecida la confrontación, el triunfador reconoce la prioridad —o por lo menos la importancia— de las reivindicaciones del otro y pasan a tener igual jerarquía como parte de los Derechos Humanos y de los propósitos del Estado. Internamente existía el reconocimiento de que una salida militar no sería posible o por lo menos no definitiva, y que la negociada o la de un ‘acuerdo político’ era una opción mejor.

Esto se acompañó de condiciones subjetivas como las de que tanto el Dr. Juan Manuel Santos como la dirigencia de la guerrilla estaban decididos a suscribir cualquier documento que al primero le permitiera pasar a la historia y a los segundos desmontarse de una situación que no tenía ya ninguna perspectiva.

En abstracto y en términos generales eso es lo que refleja ese ‘Acuerdo General’: que se satisfacían las aspiraciones de la insurgencia al negociar con ella y al destacar los diferentes aspectos del concepto de ‘desarrollo social’ más que los del desarrollo económico; y que la terminología para el gobierno importaba menos que el no comprometerse a cambio alguno en cuanto al modelo económico, político o social. En tal sentido para ambas partes quedó plasmado lo esencial.

Analizando ya los dos elementos, lo primero es aclarar que la ‘terminación del conflicto’ se refiere a lo militar y es condición previa y sine qua non para la etapa posterior de ‘construcción de una paz estable y duradera’, pero que esta no nace y poco tiene que ver con la primera.

Respecto a esta primera etapa, se destaca que las conversaciones se han dirigido a confirmar lo que dice textualmente el acuerdo inicial; también que son pocos los puntos que se han tomado para adelantar una oposición. Vale la pena recordarlos:

Política de desarrollo agrario integral
Acceso y uso de la tierra. Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola y protección de zonas de reserva.

Participación política
Derechos y garantías para el ejercIcIo de la Oposlclón política en general, y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final. Acceso a medios de comunicación.

Fin del conflicto
Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo
Dejación de las armas. Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil —en lo económico, lo social y lo político—, de acuerdo con sus intereses.
El Gobierno Nacional coordinará la revisión de la situación de las personas privadas de la libertad, procesadas o condenadas, por pertenecer o colaborar con las Farc-EP.

La parte resaltada de los textos ha sido la cuestionada por los opositores al gobierno, pues el resto del documento simplemente enumera obviedades como combatir la droga, desarrollo de las regiones, erradicar la pobreza, respetar los derechos humanos, etc., las cuales conciernen solo al Estado y mal pueden ser sujeto de negociación o controversia.

El punto de ‘implementación, verificación y refrendación’ se presenta con la ‘Justicia Transicional’ y el Plebiscito. Es motivo de dificultades tanto entre las partes como ante la opinión pública; pero, dada la decisión inicial y la inercia que ya lleva el proceso, parece que bajo esta forma u otra se superarán.

En cuanto a lo que es  ‘la paz estable y duradera’ no ha habido una sola palabra.

En cuanto a lo que es  ‘la paz estable y duradera’ no ha habido una sola palabra. Excepto tal vez las declaraciones del Gobierno a través de sus negociadores en el sentido que no cambiará ni la visión, ni la misión, ni los efectivos, ni los recursos de las fuerzas armadas, como tampoco el modelo económico o el modelo político. La única razón de la existencia de la guerrilla sería la perversidad de sus miembros, y no existirían causas adicionales que justifiquen o motiven políticas de cambios.

Tanto como merece y debemos dar respaldo a que se logre la superación de la primera etapa con el ‘acuerdo final’ que espera el gobierno, debemos exigirle y presionarlo para que de verdad se inicie la segunda etapa y no se limite y satisfaga con este primer paso.

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