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Nacional

Desbalance insostenible

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

El país no ha advertido las dimensiones de la caída del precio del petróleo y el disparo de la devaluación. El Gobierno y los círculos dominantes cercanos consideraron que la baja cotización del crudo es temporal y que la devaluación corregiría el cuantioso desbalance de las cuentas externas. Luego de que durante más de dos años anticipamos que la economía evolucionaba hacia un déficit en cuenta corriente de más de 6,5% del PIB, hasta ahora el ministro de Hacienda ha reconocido que se trata de un estado insostenible. Sin embargo, no hizo nada para evitarlo y las acciones para reducirlo resultaron infructuosas.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

El país no ha advertido las dimensiones de la caída del precio del petróleo y el disparo de la devaluación. El Gobierno y los círculos dominantes cercanos consideraron que la baja cotización del crudo es temporal y que la devaluación corregiría el cuantioso desbalance de las cuentas externas. Luego de que durante más de dos años anticipamos que la economía evolucionaba hacia un déficit en cuenta corriente de más de 6,5% del PIB, hasta ahora el ministro de Hacienda ha reconocido que se trata de un estado insostenible. Sin embargo, no hizo nada para evitarlo y las acciones para reducirlo resultaron infructuosas.

El comportamiento de los precios no se ha entendido. El mercado petrolero está sobreofrecido desde hace muchos años y mientras persistan esas condiciones no se puede mantener el precio tres veces por encima de los costos variables. La única forma de evitarlo es con un cartel que limite la producción a las condiciones del mercado. No obstante, el dispositivo no puede sobrevivir indefinidamente. Tal como ocurrió con el crudo y con los otros productos básicos, los países fuera del cartel producen a elevados costos y aumentan su participación en el mercado. La solución es ineficiente porque el mundo tiene que pagar mayores precios, y lo peor, no es sostenible. En algún momento los países de la OPEP encuentran que es mejor incrementar la producción y dejar que desciendan los precios. El cartel se quiebra y deja de ser efectivo.

Lo menos que se podía esperar es que las autoridades económicas reconocieran la realidad y se redujera la enorme dependencia del petróleo. Luego de diez años de revaluación, el tipo de cambio no podía dejarse al vaivén de los ingresos corrientes de divisas. Así lo han venido a confirmar los hechos. La devaluación de 60% no evitó que el déficit en cuenta corriente continuara aumentando presionando el tipo de cambio. En su lugar, provocó un estado de estanflación. La actividad productiva decae y se extiende en todos los sectores. La manifestación más severa se observa en el mercado laboral; los nuevos empleos se han reducido a la tercera parte con respecto a la tendencia histórica y están representados en su totalidad por trabajadores informales. Por su parte, la inflación supera ampliamente las metas del Banco de la República y, lo más grave, para detenerla se ha entrado en un proceso de alzas de tasas de interés que resultan peor que la enfermedad. La confluencia de déficits en cuenta corriente y elevación de las tasas de interés desemboca en recesión.

La verdad es que cuando el precio del dólar llegó a $2.200 se ha debido intervenir el mercado cambiario vendiendo divisas de las reservas internacionales y regularlo y mantenerlo dentro de una franja compatible con las características de la economía. Adicionalmente, se planteaba elevar los aranceles y darles un tratamiento especial a las exportaciones industriales y agrícolas. De esta manera, se habría avanzado en la reducción del déficit en cuenta corriente con el menor impacto sobre la inflación y los salarios.

En la actualidad se requiere el mismo tratamiento dentro de un ambiente resquebrajado. El grado de maniobra para intervenir el mercado cambiario se acortó. La intervención del Banco de la República para bajar el precio de la divisa significa una salida apreciable de divisas y una fuerte contracción monetaria que tendría que compensarse con el mayor déficit fiscal. Si bien contribuiría a moderar el estado de estanflación, mal podría considerarse como permanente. En cualquier caso, la recuperación del crecimiento, el empleo y la estabilidad no serán posibles sin un marco comercial y cambiario que aumente las exportaciones, reduzca las importaciones y erradique el insostenible déficit en cuenta corriente.

El Espectador, Bogotá.

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