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Desigualdad en América Latina disminuyó salvo en Colombia, Costa Rica y Honduras, según estudio de FLACSO Ecuador

Por Falder Faconí / El Telégrafo  

Según el estudio ‘Desigualdad en América Latina en los 1990 y 2000. Avances y recomendaciones para la política pública’, elaborado por la Facultad de Ciencias Sociales (FLACSO) de Ecuador, en las décadas del ochenta y noventa -etapa de aplicación de políticas neoliberales-, la desigualdad medida por ingresos en la región aumentó. En contraste, en la década de los 2000 -fase de implementación de políticas posneoliberales-, la concentración del ingreso disminuyó en la mayoría de países, salvo en Colombia, Costa Rica y Honduras.

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Por Falder Faconí / El Telégrafo  

Según el estudio ‘Desigualdad en América Latina en los 1990 y 2000. Avances y recomendaciones para la política pública’, elaborado por la Facultad de Ciencias Sociales (FLACSO) de Ecuador, en las décadas del ochenta y noventa -etapa de aplicación de políticas neoliberales-, la desigualdad medida por ingresos en la región aumentó. En contraste, en la década de los 2000 -fase de implementación de políticas posneoliberales-, la concentración del ingreso disminuyó en la mayoría de países, salvo en Colombia, Costa Rica y Honduras.

La acumulación de riqueza y poder se ha convertido en una verdadera adicción. Los ricos ya no se contentan con lo mucho que tienen, sino que cada vez necesitan de una mayor cantidad para sentir bienestar. Su satisfacción no tiene límites.

El dinero y los bienes materiales aumentan en el mundo, de acuerdo al ‘Global Wealth Report 2014’, elaborado por el Credit Suisse Research Institute. En el año 2000 la riqueza material fue de $ 117 trillones (un millón de millones de dólares). Para mediados de 2014 se incrementó en $ 20,1 trillones, en comparación al período anterior. Ahora, la riqueza llega a $ 263 trillones.

Pocas manos concentran la riqueza. La acumulación desigual se puede representar como una figura piramidal, en cuyo vértice se sitúa el 0,7% de las personas, el selecto grupo de los multimillonarios, que concentran el 44% de la riqueza. Dentro de ese grupo, el reporte estima que 128.200 personas tienen una riqueza de más de $ 50 millones, 45.200 poseen más de $ 100 millones y 4.300 personas tienen más de $ 500 millones. El 70% de las personas -que apenas poseen el 2,9% de la riqueza- está en la base de la pirámide.

Norteamérica es la región con mayor participación de la riqueza (34,7%), seguida de Europa (32,4%), los países del Asia- Pacífico -sin China e India- (18,9%), China (8,1% con el 21,4% de la población mundial adulta), América Latina, India (1,4%) y África (1,1%).

América Latina, además de su poco peso en la participación de la riqueza y una importante demografía (8,4% de la población adulta mundial), es la región donde encontramos las mayores desigualdades en la distribución de los ingresos en el mundo, incluso superiores al África subsahariana.

Por tal motivo resultan importantes los avances registrados en materia de equidad en la región, como resalta el estudio ‘Desigualdad en América Latina en los 1990 y 2000. Avances y recomendaciones para la política pública’, de FLACSO. Esta investigación demuestra que en las décadas del ochenta y noventa -etapa de aplicación de políticas neoliberales-, la desigualdad medida por ingresos aumentó. En la década de los 2000 -fase de implementación de políticas posneoliberales-, la concentración del ingreso disminuyó en la mayoría de países (salvo en Colombia, Costa Rica y Honduras).

La investigación de FLACSO destaca que los cambios en las relaciones de poder, provocados por la presencia de gobiernos progresistas y la acción pública deliberada a favor de la equidad, han sido esenciales para acortar las distancias entre ricos y pobres.

Si bien la región se benefició de los altos precios de las materias primas, la reducción de la desigualdad de ingresos obedeció a alzas en los salarios reales, generación de empleo, mejores condiciones de trabajo, disminución de brechas salariales entre trabajadores calificados y no calificados, creación de oportunidades en educación, salud y nutrición, y fiscalidad progresiva.

En la altura de la pirámide el capital financiero y los súper ricos concentran la riqueza, mientras que la poca riqueza de la base se mueve. Tanto peso en metal en el vértice de la pirámide puede provocar un colapso, si no hay una justa distribución de la riqueza mundial.

El Telégrafo, Ecuador.

 

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