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El monopolio mediático sería obstáculo para la paz

Por Juan Manuel López Caballero   

La guerrilla no fue derrotada militarmente pero sí cuando en los medios de comunicación perdió cualquier opción de manejar una imagen favorable a sus reivindicaciones ante la opinión pública. 

La verdad es que la posibilidad de alcanzar la paz no llegará con el acuerdo que se logre en La Habana. La paz depende de lo que suceda en lo que llaman el ‘posconflicto’. 

En cuanto al acuerdo nunca ha habido realmente desacuerdo: desde que se suscribió el documento inicial no solo las dos partes ya habían tomado la decisión de firmar algo que tomara la forma de un ‘fin del conflicto’, sino también definido los puntos que contendría. Como bien se ha dicho, no se está negociando ningún cambio ni en el modelo político, ni en el económico, ni en el social, y la idea es que si estos llegan sea a través de las urnas. 

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Por Juan Manuel López Caballero   

La guerrilla no fue derrotada militarmente pero sí cuando en los medios de comunicación perdió cualquier opción de manejar una imagen favorable a sus reivindicaciones ante la opinión pública. 

La verdad es que la posibilidad de alcanzar la paz no llegará con el acuerdo que se logre en La Habana. La paz depende de lo que suceda en lo que llaman el ‘posconflicto’. 

En cuanto al acuerdo nunca ha habido realmente desacuerdo: desde que se suscribió el documento inicial no solo las dos partes ya habían tomado la decisión de firmar algo que tomara la forma de un ‘fin del conflicto’, sino también definido los puntos que contendría. Como bien se ha dicho, no se está negociando ningún cambio ni en el modelo político, ni en el económico, ni en el social, y la idea es que si estos llegan sea a través de las urnas. 

Las eventuales divergencias han sido más generadas por las presentaciones —a veces del Gobierno, a veces de los voceros de las Farc, y la mayoría de las veces por culpa de los medios de comunicación—. Pero lo concretado es lo que se estableció en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, desde antes de oficializar las conversaciones.

Tampoco es que fuera mucha la controversia sobre la necesidad de un censo agropecuario, ni existía la posibilidad de omitir el compromiso de dejar el negocio de droga, ni era posible negar que las zonas controladas por la insurgencia tendrían que ser reconocidas en alguna forma para efectos tanto políticos como económicos; tampoco se podía debatir sobre la prioridad de las víctimas, o la creación de una justicia transicional que incluyera la verdad, la reparación y la no repetición. Dificultades ha habido porque lo obvio como es una mayor o menor amnistía, o que la entrega de las armas es para sustituir su accionar por la actividad política nunca ha podido estar en discusión, pero ha aparecido como vehículo para hacer o crear una oposición de origen y carácter en el fondo estrictamente político.

Lo central es que hoy las confrontaciones se manejan y se dirimen ante todo en los medios de comunicación. La guerrilla no fue derrotada militarmente pero sí lo fue cuando en los medios masivos de comunicación perdió cualquier opción de manejar una imagen favorable a sus reivindicaciones ante la opinión pública; dejó de ser insurgencia y resultó ser solo terrorista.

Pero ahora para ganar la verdadera paz también será en los medios donde se concentra el poder de movilizar las fuerzas sociales y los diferentes estamentos para lograrla.

La función de los medios ya no será ocultar o minimizar los conflictos sociales y las deficiencias del Estado para polarizar alrededor del conflicto armado –como lo ha hecho hasta ahora-, sino por el contrario, visibilizar las quejas y las aspiraciones de cambio para que no se mantengan las mismas condiciones que fueron causa de lo que deseamos acabar.

Pero nuestro sistema mediático es altamente concentrado. No solo por los pocos canales que existen en cualquiera de los sectores (radio, televisión, prensa escrita), sino porque estos pertenecen a los grandes grupos económicos (que entendieron que ahí reside el poder y los desarrollaron como su principal instrumento justamente de poder).

Si se mantiene el control de los medios tal como existe hoy no será el inconformismo con el statu quo el que se debatirá en ellos.

Hasta ahora los actores sociales no tienen acceso a la opinión pública sino por las vías de hecho; no existen sino a través de movilizaciones que obligan a que los consideren como interlocutores –y eso generalmente solo para manejar la imagen de que se les ‘paran bolas’-.

Si se mantiene el control de los medios tal como existe hoy no será el inconformismo con el statu quo el que se debatirá en ellos. El argumento de que detrás de todo movimiento de protesta social estaba la insurgencia fue el que permitió su estigmatización y su deslegitimación;  el conflicto ha impedido que la izquierda se vuelva corriente política y el propósito debe ser que eso suceda: que se renueve, se fortaleza y ocupe el sitio que debe ocupar en cualquier proceso político y electoral.

Es necesario dispersar la concentración de los medios y fortalecer los que estén atentos a los procesos sociales que se desencadenarán con la firma del acuerdo

Pero para ello es indispensable asignar en alguna forma esa responsabilidad concreta a los medios. La paz depende de que se democratice ese sector; se debe limitar el derecho de opinión cuando lo que en realidad sucede es que esta se crea en el público muchas veces mediante información distorsionada: una regulación estricta debe diferenciar ese derecho del ciudadano particular y de quien tiene una mayor responsabilidad social. Hacen falta controles sobre la propiedad de los medios para que se impida que estos sirvan a grupos empresariales monopólicos que como es natural buscan mantener esa condición. Los medios actuales viven solo en el mundo comercial, o lo que tiene de expresión política está condicionado a los intereses de quienes los controlan; es necesario dispersar esa concentración y fortalecer medios que estén atentos a los procesos sociales que se desencadenarán con la firma del acuerdo. Si el poder de los medios es el que maneja la sociedad —como hoy es imposible no reconocerlo—, la primera prioridad del posconflicto tiene que ser reestructurarlos para que no sean un obstáculo para la paz.

 

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