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El simplismo ortodoxo del informe de la OCDE

Por Jorge Iván González / Razón Pública  

A pesar de su mucha resonancia y de su influencia previsible sobre el gobierno nacional, el informe comienza por un diagnóstico superficial y concluye con una hoja de ruta que no nos saca de donde ya estamos. La OCDE está pensando en una paz barata.

Simplismo

El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) titulado Estudios Económicos de la OCDE. Colombia 2015 tiene dos características: primero, es simplista y, segundo, sus argumentos alimentan una ortodoxia que no permite entender las tensiones sociales y económicas de la sociedad colombiana.

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Por Jorge Iván González / Razón Pública  

A pesar de su mucha resonancia y de su influencia previsible sobre el gobierno nacional, el informe comienza por un diagnóstico superficial y concluye con una hoja de ruta que no nos saca de donde ya estamos. La OCDE está pensando en una paz barata.

Simplismo

El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) titulado Estudios Económicos de la OCDE. Colombia 2015 tiene dos características: primero, es simplista y, segundo, sus argumentos alimentan una ortodoxia que no permite entender las tensiones sociales y económicas de la sociedad colombiana.

Simplistas son tanto el diagnóstico como las recomendaciones. Las relaciones de causalidad  que propone son recetas estándares. El diagnóstico no se basa en un esfuerzo sistemático para entender las características de la economía colombiana. El informe no menciona para nada los errores de la política macroeconómica, que llevaron al aumento  notable de las importaciones y al deterioro  productivo de la industria y del campo.

Hay además una marcada asimetría en el Informe entre los retos y las medidas. Algunos de los retos implican cambios profundos, pero las medidas  no van más allá del marco estrecho de la ortodoxia económica. Con su insistencia en el modelo de austeridad, la OECD no ha captado tres poderosos mensajes recientes:

· Primero, el éxito del keynesianismo de Obama, que va en contra de las medidas de austeridad;

· Segundo, la crisis griega y el auge de movimientos políticos anti-austeridad, como Syriza en Grecia y Podemos en España.

· Tercero, las alarmas derivadas del  influyente estudio de Thomas Piketty (El Capital en el Siglo XXI), donde demuestra que la desigualdad creciente en la distribución del ingreso se debe sobre todo a que los ricos capturan los Estado. Pero en el diagnóstico de la OCDE no existen esos ricos.

No existe el conflicto

El Informe tampoco dice nada sobre los cambios sustantivos que necesita la política económica para que la paz se consolide.

Las palabras guerra o conflicto armado no existen, y a la paz apenas se le dedican cuatro líneas. En dos de ellas se dice que los acuerdos de La Habana podrían llevar a “… la ampliación de las pensiones no contributivas, el aumento de la calidad en la educación y de la cobertura de los programas de la primera infancia, así como el gasto adicional en salud previsto, costaría en torno al 1,7 % del PIB” (página 19). Y agrega que la paz exigiría un gasto adicional en el sector agrícola del 1 por ciento del PIB durante el período 2015-2018.

La OCDE está pensando en una paz barata, que no implica ninguna reforma estructural porque, en su opinión, la economía colombiana va bien.
Salarios e informalidad

Colombia también está mal en cuanto a los indicadores “vulnerabilidad del empleo” y “resultados de las pruebas Pisa”. Los indicadores son pertinentes, pero el análisis de las causas y las consecuencias no es adecuado.

La OCDE quisiera, como todos, que la informalidad disminuyera. Y para lograr este propósito considera que lo más adecuado es reducir el salario mínimo. En sus palabras: “El salario mínimo es elevado en relación con los ingresos laborales, lo cual empuja al sector informal a los jóvenes, a los trabajadores de baja cualificación y a los residentes de regiones menos desarrolladas” (p. 4).

El argumento sobre el “elevado” salario mínimo se desprende del argmento según el cual relaciona el salario mínimo con la mediana del salario.Como lo hace el ex ministro Carrasquilla, que el salario mínimo en Colombia es “exageradamente alto”.

La mediana del salario en Colombia es más baja que en el resto de los países. Si uno hace   énfasis sobre el numerador, como lo hacen Carrasquilla y la OCDE, concluye que el salario mínimo es muy alto. Pero si la atención se fija en el denominador, la conclusión es contraria: en Colombia la mediana del salario es relativamente baja.

Por consiguiente la política económica debe impulsar los aumentos salariales, en lugar de reducir el salario mínimo. Una de las razones por las cuales la pobreza en Colombia (32,7 por ciento) es mayor que en los países de la OCDE (11,1 por ciento) es, precisamente el que nuestros salarios sean muy inferiores. 

Si el organismo le prestara atención a Piketty, habría utilizado otro indicador para entender el valor relativo del salario mínimo. Habría podido comparar las variaciones en la rentabilidad de los activos con el salario mínimo. Esta medida le mostraría que los poseedores del capital aumentan su riqueza mucho más rápido que los asalariados. Y que la brecha ha ido creciendo de manera exponencial.

Cuando la OCDE se refiere a la equidad no hace ninguna consideración sobre la riqueza, y por esta razón sus apreciaciones son tímidas. El Informe reconoce que la desigualdad en Colombia es más alta que la de los países de la organización. En Colombia la relación entre los ingresos de los percentiles 10 y 90 es de 11 veces, mientras que en los países del norte de Europa es de 2,5 veces. Estas diferencias que son importantes, apenas son una aproximación a la inequidad. La medición adecuada debería considerar la riqueza, ya que la inequidad en términos de ingresos es considerablemente menor que cuando se mira por el lado de la riqueza.

Y en cuanto a los resultados de las pruebas Pisa, el gobierno Santos ha reconocido que la educación tiene que ser un pilar del nuevo plan de desarrollo. Pero este propósito implicaría, por lo menos, triplicar el gasto en educación. Sobre este tema, la Organización no hace ninguna recomendación especial, y deja el asunto de lado.

Recomendaciones  tributarias

El Informe recomienda aumentar los impuestos sobre el trabajo o consumo de las personas. Pero, siguiendo la tradición colombiana, el énfasis se inclina hacia las clases medias,  no hacia los ricos. En palabras de la OCDE, se debería: “… reducir la carga tributaria sobre la inversión disminuyendo paulatinamente la tasa del impuesto a la renta empresarial, retirando gradualmente el impuesto al patrimonio neto sobre las empresas y eliminando el IVA a la inversión” (p. 5).

Dicho de otra manera, se propone buscar fuentes de ingreso que no toquen los grandes capitales. En ninguna parte se define la “renta empresarial”, así que las interpretaciones son múltiples, pero el tono del mensaje es claro: es necesario reducir los impuestos al capital. Esta recomendación va en contraria de las propuestas de Piketty. La posición del organismo  tampoco coincide con los afanes que expresó Obama en su reciente discurso sobre el estado de la Unión; el presidente mostró su preocupación por el crecimiento exponencial de las rentas del capital.

La Organización es muy tímida en sus recomendaciones sobre los tributos al suelo. Las reflexiones sobre la baja productividad de la economía colombiana no están relacionadas con la potencialidad que tiene la tributación para modificar las relaciones entre los factores de producción. El Informe deja de lado recomendaciones como una mayor tributación para acabar con la ganadería extensiva, y con la acumulación rentística.

Una paz barata

En su afán de estandarización, la OCDE olvida que Colombia está en guerra, y que la paz exigirá transformaciones sustantivas.

En el lenguaje simplista del Informe, las tensiones sociales y políticas no pertenecen a la esfera de la economía. En su visión estrecha no existen vínculos entre la desigualdad y la guerra, ni entre la productividad agropecuaria y la lucha armada por el territorio. Estos no son temas de la OCDE. Seguramente porque el Informe pretende hacernos creer que es un estudio técnico y no político. Esta visión maniquea no es ingenuidad analítica, sino la expresión de una opción política que hábilmente se oculta bajo un lenguaje tecnocrático.

Razón Pública

 

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