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En medio de los medios

Por Octavio Quintero   

La libertad de expresión tiene que coincidir con la libertad de pensamiento. Si no, estamos diciendo y haciendo dos cosas diferentes. 

Entre las formas más sutiles de coartar la libertad de expresión en el ejercicio periodístico está la autocensura, aquella que se ejerce desde el interior mismo del periodista motivado por dos razones principalmente: primera por temor y segunda por estimulación. 

Ambas formas hacen de la prensa “una prensa mala”, en los términos en que el filósofo de medios de comunicación más reconocido mundialmente, Albert Camus, lo define así: “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. 

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Por Octavio Quintero   

La libertad de expresión tiene que coincidir con la libertad de pensamiento. Si no, estamos diciendo y haciendo dos cosas diferentes. 

Entre las formas más sutiles de coartar la libertad de expresión en el ejercicio periodístico está la autocensura, aquella que se ejerce desde el interior mismo del periodista motivado por dos razones principalmente: primera por temor y segunda por estimulación. 

Ambas formas hacen de la prensa “una prensa mala”, en los términos en que el filósofo de medios de comunicación más reconocido mundialmente, Albert Camus, lo define así: “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. 

Algunos informadores de la verdad que persisten en sus denuncias públicas, a pesar de las amenazas que se les hacen para atemorizarlos, son finalmente asesinados…

Y en la lista aparecen periodistas de la talla de Álvaro Gómez Hurtado. Guillermo Cano, Diana Turbay, Héctor Abad Gómez, José Eustorcio Colmenares, Jaime Garzón y Orlando Sierra, y muchos otros que han ofrendado sus vidas, cuya larga lista se cierra, de momento, con Flor Alba Núñez, asesinada hace apenas dos meses en Pitalito, Huila, entrando al noticiero…

Pero la lista resultaría interminable de enumerar, si se pudiera establecer con alguna certeza la inmensa cantidad de periodistas que se autocensuran por temor a entrar en esa lista de crímenes, casi todos ellos en la impunidad, o, en el mejor de los casos, a tener que emprender el camino del exilio como nuestro muy ilustre novel, García Márquez;  o también, por qué no, a tener que abandonar “la profesión más bella del mundo” y dedicarse “a vender paletas”.

El segundo caso de coacción sobre la libertad de expresión (la estimulación), sí que está contribuyendo a la mala prensa. Notables periodistas que orientan medios que se definen “libres”, no son más que pregoneros, ellos y sus medios, de intereses personales y grupales.

No hace muchos años, en la cúspide del periodismo escrito, la gente compraba El Tiempo porque era liberal o El Colombiano porque era conservador… y así, sucesivamente, en las distintas ciudades capitales del país, cada cabeza de partido, liberal o conservador, se repartió la gracia de la opinión pública, y desde sus tribunas se alentó no solo la confrontación política sino la civil… Estos medios también debieran salir, en esta hora de “justicia, verdad y reparación, a pedirles perdón a los colombianos por su participación activa y contribución  a la violencia que ahora intentamos cerrar con los grandes obstáculos que se atraviesan en el camino, y los que faltan.

Pero bueno, era, con todo, esa “libertad de prensa”, atrincherada en las fronteras políticas, menos nociva que la libertad de prensa que se parapeta hoy en el sector económico. Antes, al menos, se sabía sin mucho esfuerzo mental qué era y qué se podía esperar de la información politizada de los medios de comunicación… Y hasta nos gustaban, por lo mismo, más unos que otros, y esos medios se ufanaban de ser voceros de facciones partidistas…

Pero hoy, ¿podríamos confiar en la información veraz e imparcial de El Tiempo de Bogotá o El Colombiano de Medellín? Y así, sucesivamente, pudiera seguirse dudando en las distintas regiones sobre los diferentes medios de comunicación…

Y pare de contar, porque si nos preguntamos a qué juegan medios masivos de radio y televisión como Caracol, RCN, CM&, Canal Capital en Bogotá o Teleantioquia en Medellín, tendríamos que convenir en que no propiamente juegan en el equipo del interés general, como manda la constitución política y la ética periodística.

En síntesis, sobre la prensa colombiana, el pensamiento de Albert Camus, sí que viene a ser un referente de alta preocupación: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”.

Equivocadamente se considera que la libertad de prensa solo está amenazada por gobiernos dictatoriales o autócratas…

Fin de folio: si todo tiempo pasado fue mejor, ¿cómo será mañana con respecto a hoy?

 

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