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La locomotora de la construcción

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

La locomotora de la minería, que se presentó en el plan de desarrollo como el sector prioritario, no dio los resultados anunciados.

Luego de que creciera por encima de 10%, en los últimos 12 meses descendió y todo parece indicar que en el año completo disminuirá con respecto al anterior.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

La locomotora de la minería, que se presentó en el plan de desarrollo como el sector prioritario, no dio los resultados anunciados.

Luego de que creciera por encima de 10%, en los últimos 12 meses descendió y todo parece indicar que en el año completo disminuirá con respecto al anterior.

Por lo demás, los elevados precios de los productos mineros ocasionaron un estado de euforia y exuberancia que llevó a una revaluación y un déficit en cuenta corriente insostenibles. La caída de las cotizaciones mundiales y el deterioro de la actividad petrolera ocasionarán un severo ajuste de los salarios, el crédito y los ingresos fiscales.

Frente al fiasco minero, el Gobierno se precipitó a sustituirlo por la locomotora de la infraestructura vial y la construcción. Luego de un largo período de indecisión, anunció un programa de infraestructura vial de $45 billones para cuatro años y ahora extendió los subsidios de vivienda. Lamentablemente la iniciativa está llena de intereses políticos que adquieren la forma de propaganda y promesas que deforman la realidad y no han salido bien.

En una publicación reciente se encuentra que el plan de 300 kilómetros de doble calzada para el presente año se ejecutará únicamente en 70. El aumento de las obras públicas, que aparece en las cuentas nacionales como la principal fuente de crecimiento del producto, no corresponde a obras efectivas sino a giros presupuestales. De nuevo se confirma que las actividades de infraestructura vial, que se caracterizan por costos variables muy inferiores a los fijos, no pueden financiarse fácilmente con concesiones. Los ganadores de las licitaciones apuestan a introducirles grandes modificaciones a los proyectos para aumentar las utilidades o terminar en los estrados judiciales.

Los cuantiosos subsidios entregados a la vivienda no evitaron el desinfle del sector. En agosto las licencias cayeron 25% y en el año completo el sector descenderá con respecto al año anterior. En el desespero, el Gobierno procedió a extenderlos para las personas con ingresos de más de dos salarios mínimos. No se advierte que los impuestos y los subsidios no los pagan los sujetos que los perciben, sino todas las actividades relacionadas con ellos. Así, en el caso de la vivienda que se caracteriza por la inelasticidad de la oferta, la subvención a la compra se traslada en la forma de mayores precios a los constructores e intereses más altos a los bancos.

Frente al desorden nacional, se destaca el estudio revelado por la Alcaldía sobre el metro. En un documento serio se muestra que el sistema se puede realizar en forma aérea por un valor de $7 billones y en forma subterránea por $15 billones. En las investigaciones de ingeniería, la diferencia se justifica especialmente por el suelo de arcilla y el riesgo sísmico de Bogotá, que se asemejan a Ciudad de México. Luego de las experiencias vividas en México, hoy en día a nadie se le ocurriría adoptar para esa ciudad un metro elevado. Por lo demás, dada la situación de movilidad que le ha significado enormes pérdidas a la ciudadanía, los aspectos de ingeniería se deben priorizar sobre los financieros. Quiérase o no, la ciudad requiere un metro subterráneo que difícilmente tendrá un valor de menos de $12 billones y deberá ser financiado en 70% por la Nación.

El Gobierno está abocado a compromisos que superan sus posibilidades. No es factible realizar el programa de infraestructura, el metro y los subsidios a la vivienda con un presupuesto que tiene un hueco fiscal de $17 billones y difícilmente pueden conseguir más de $8 billones en la reforma presentada al Congreso. La locomotora minera falló por la naturaleza de los recursos naturales y la de la construcción va por el mismo camino por la falta de recursos y planeación.

El Espectador.

 

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