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La reversa de la economía estadounidense

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Los anuncios recientes señalan que Estados Unidos continuara desmontando el instrumento de relajamiento cuantitativo (QE) que constituyo el principal medio de recuperación de la economía de Estados Unidos en los últimos tres años de las cuantiosas revaluaciones de los países emergentes.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Los anuncios recientes señalan que Estados Unidos continuara desmontando el instrumento de relajamiento cuantitativo (QE) que constituyo el principal medio de recuperación de la economía de Estados Unidos en los últimos tres años de las cuantiosas revaluaciones de los países emergentes.

La determinación significa cambios notables en el funcionamiento de la economía de Estados Unidos y de sus relaciones con el resto del mundo, y Colombia no es la excepción.

El relajamiento cuantitativo (QE) no es otra cosa que la compra de títulos del tesoro para bajar la tasa de interés y elevar los precios de las acciones y bonos, que constituyen el principal componente de la riqueza nacional. Se esperaba que la elevación de la riqueza propiciaría la ampliación del consumo y la inversión e impulsaría la producción y el empleo. La idea fue seriamente cuestionada por la información que muestra que durante su aplicación el 1% más rico se llevó la mitad del crecimiento del producto y los salarios de los grupos medios y bajos sufrieron un rápido deterioro.

El juego ha tenido repercusiones sobre la economía mundial. Se propiciaron cuantiosos flujos de capitales hacia los países emergentes, que ampliaron los déficits en cuenta corriente, revaluaron los tipos de cambio y elevaron los ingresos por el abaratamiento de las importaciones. Así, la recuperación de Estados Unidos coincidió con el debilitamiento de las economías emergentes mayores, como Indonesia India Turquía, Brasil y Sur África, que experimentan déficits en cuenta corriente de más de 3.5% del PIB y presiones inflacionarias. En Colombia el abaratamiento de las importaciones elevó las remuneraciones a expensas de la industria y la agricultura.

El modelo de QE no deja de ser un desacierto teórico. El dispositivo reactivó la economía estadounidense a cambio de un deterioro en los ingresos laborales que empeoró la distribución y  debilitó las economías emergentes de mayor tamaño y las desarrolladas de menor tamaño. Es la típica receta que cura un mal causando otro igual o más grave.

El nuevo marco de referencia invierte el comportamiento. El desmonte del QE le significará en Estados Unidos una reducción de las ganancias del capital y esto en conjunto con la revaluación puede aliviar los ingresos laborales. Por su parte, en los países emergentes se presentará una reducción de los déficits en cuenta corriente, a cambio de una elevación de la inflación y la devaluación de los tipos de cambio que bajaran los salarios reales. En Colombia, el abaratamiento de las importaciones, que ha sido la principal fuente de incremento de los ingresos laborales, desaparecerá; en adelante, dependerán fundamentalmente de la producción doméstica.

Curiosamente, la globalización, al significar la renuncia las políticas internas, como los aranceles y la regulación directa del tipo de cambio, ha dejado las economías emergentes y desarrolladas pequeñas en una total dependencia de las mayores. Los términos de intercambio comercial de Grecia, España y Portugal son determinados por Alemania y los de las economías emergentes por Estados Unidos. Todas ellas han estado expuestas a grandes revaluaciones que inexorablemente son seguidas por grandes devaluaciones.

La política del QE fue una salida audaz, pero desesperada, para enfrentar una economía con tasa de interés cero y exceso de ahorro. Mientras persistan estas condiciones, el desmonte del instrumento implica retornar a la posición inicial. La economía estadounidense experimentaría una deficiencia de demanda que llevaría a las autoridades económicas a reimplantar el mecanismo o aplicar una política fiscal expansiva, que enfrenta serias resistencias internas.

El Espectador, Bogotá, 27 de enero de 2014.

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