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Nacional

Las ilusiones del empleo

Por Eduardo Sarmiento Palacio   

El Gobierno no ha ahorrado despliegues para presentar el empleo como la principal realización de la administración.

Los partes de victoria no guardan relación con los hechos. El Gobierno fundamenta el éxito en la reducción del desempleo y en el aumento de la ocupación de los trabajadores

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Por Eduardo Sarmiento Palacio   

El Gobierno no ha ahorrado despliegues para presentar el empleo como la principal realización de la administración.

Los partes de victoria no guardan relación con los hechos. El Gobierno fundamenta el éxito en la reducción del desempleo y en el aumento de la ocupación de los trabajadores

independientes, que no están exentas de ficción.

Lo primero es que la reducción del desempleo no obedece a un aumento del empleo, sino de los trabajadores inactivos. Algunas personas que antes aparecían como desempleadas salieron de la fuerza de trabajo activa. Así, el número de empleos generados en 2013 ascendieron a 441.000, cifra muy inferior a la tendencia histórica.

El Gobierno atribuyó los resultados a la ley del primer empleo y a la formalización adoptada al principio de la administración y luego la reforma tributaria. La reforma determinó una reducción de los impuestos a las empresas de $8 billones, que guardan relación con las realizaciones. Si se tiene en cuenta que la creación de un empleo de salario mínimo cuesta cerca de $8 millones, su movilización para crear empleos en forma directa habría generado un millón de puestos de trabajo. Esta cifra es similar a la proyección presentada por el ministro de Hacienda para justificar la reforma.

Nada de esto ocurrió. La reducción de los impuestos se la apropiaron las empresas en la forma de mayores utilidades y, probablemente, de alzas de salarios de los trabajadores existentes. La contribución al empleo fue nula.
Ciertamente, los estímulos propiciaron, de acuerdo con los diferentes indicadores, una reducción del empleo informal, en particular en los trabajadores clasificados como independientes. Sin embargo, no trajeron consiguió la ampliación de la nómina. Al parecer, los nuevos trabajadores formales, en la realidad o en el papel, vinieron a reemplazar a los antiguos.

El fracaso de la reforma fue el resultado de un error teórico. El desmonte del impuesto a la nómina da lugar a un aumento de las utilidades y a una elevación de los salarios de los trabajadores existentes. En razón de que la oferta de trabajo es inelástica, en particular en una economía que enfrenta deficiencias de demanda, el resultado sobre la ocupación es de orden menor, como se enseña en los cursos introductorios de economía.

El subsidio al empleo se justificaba plenamente. Sin embargo, el camino no era entregarles a las empresas los recursos mediante exenciones tributarias para que los distribuyeran de acuerdo con sus intereses particulares. Lo menos que se podía esperar, como lo requería la ley de primer empleo, es que la entrega del subsidio estuviera acompañada de una organización que garantizara que la contratación de trabajadores formales se realizara ampliando la nómina.

El balance laboral no podía ser más lamentable. El empleo no aumentó en relación con la tendencia histórica y la reducción de la informalidad, se realizó a expensas de los trabajadores veteranos. De nuevo se demuestra que la represión laboral y la baja de los costos laborales no tienen mayor efecto sobre la ocupación. El expediente es infructuoso en una economía que enfrenta una oferta de trabajo inelástica y deficiencias de demanda efectiva.

Los tropiezos del empleo replican los desaciertos del Gobierno y la coalición del Congreso en la aprobación del TLC, que significó el desplome de las exportaciones y el balance comercial con Estados Unidos, y los intentos fallidos de reglamentar la salud, la educación y las pensiones. Se trata de razones poderosas para reflexionar sobre el próximo Congreso y apoyar a los candidatos que se opusieron a estas determinaciones y tienen las capacidades para enmendarlas en favor del interés público.

El Espectador, Bogotá, 9 de marzo de 2014.

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