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Las penalidades de la pandemia en el Atlántico

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Comité Ejecutivo Departamental Polo Atlántico, Barranquilla, junio 19 de 2020

Para empezar, se debe tener en cuenta el contexto anterior al inicio del contagio del covid-19 en el país, en la región y en el departamento del Atlántico. Para algunos estábamos de maravilla, todo iba sobre ruedas, Barranquilla era la admiración con muchas obras de infraestructura para mostrar a propios y extraños. Sin embargo, la procesión iba por dentro. Las políticas económicas implementadas en el país, sobre todo desde la década de los noventa, impactaron negativamente el aparato productivo, que resultó destrozado por la apertura y el libre comercio. Se dispararon las importaciones masivas de productos agrícolas y manufactureros, que provocaron un desempleo galopante, el más alto de América Latina, fue creciente la informalidad y se privatizó el patrimonio público, todo lo cual provocó una respuesta sindical y ciudadana con los paros y movilizaciones de fines de 2019 y principios de 2020 con millones en las calles.

En Barranquilla y Atlántico la crisis no es de menor cuantía. La informalidad está por encima de la tasa nacional (54%), las necesidades básicas insatisfechas de las tres localidades del sur de la capital son elevadas, los impuestos son los mayores del país, las deudas distritales y vigencias futuras hasta 2034 hipotecan el fisco, los multimillonarios contratos oficiales son para unas élites plutocráticas, la red pública distrital de salud se disfrazó como empresa de economía mixta bajo la égida de la ganancia, el hospital Cari, otrora de alta complejidad, varias veces ha entrado en quiebra. Y como si fuera poco, el alcalde Pumarejo corona un Plan Distrital de Desarrollo plagado de alzas de impuestos, endeudamiento con la banca nacional e internacional, privatización de ocho colegios, nuevos gravámenes a futuro para honrar la especulación financiera y autorizaciones para una nueva masacre laboral, en medio de la peor crisis económica y social de que se tenga conocimiento.

Hay que ubicar lo que está ocurriendo en este marco. Las autoridades no estaban preparadas para responder a tamaña responsabilidad porque pensaban continuar con “la prosperidad a debe”. Por eso se le quiere endilgar la culpa a la “indisciplina social”, sin ninguna capacidad de autocrítica.

El Polo Democrático Alternativo del Atlántico hace un llamado a enderezar las cargas. Ante un contagio tan desmedido se requiere volcar toda la acción del Estado a proteger la vida de la ciudadanía a través de cuarentenas y otras formas racionales, que para ser efectivas tienen que atender las necesidades de alimentación, elementos de aseo y pago de servicios públicos a quienes lo requieran. Se debe fortalecer la red pública hospitalaria sin ánimo de lucro, brindar todos los elementos de bioseguridad al personal médico y sanitario y pagarles todos los salarios y prestaciones sin dilación. E ir abriendo los sectores económicos indispensables con los cuidados del caso, todo lo cual requiere ingentes recursos monetarios, que están, en lo fundamental, en manos del Gobierno nacional, pero que los gobiernos locales también pueden reorientar inversiones no prioritarias para tales fines.  Solo falta la voluntad política. Obviamente, con estas medidas habría una mejor disposición de la sociedad en su conjunto.

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