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Los hijos ocultos de Pinochet: revelador libro sobre miserabilismo histórico de E.U. en América Latina y sus nuevas tácticas para desestabilizar a gobiernos progresistas

Cronicón.net  

Un sólido trabajo de investigación histórica que ayuda a recuperar la memoria de los múltiples crímenes de lesa humanidad, las acciones de pillaje, saqueo, golpes de Estado, explotación y humillación que ha cometido los Estados Unidos en América Latina durante el siglo XX y lo que llevamos de la actual centuria, además de develar las trampas sutiles por parte del imperialismo estadounidense en connivencia con las oligarquías locales que buscan a todo trance el derrocamiento de los gobiernos progresistas en la región, constituye el último libro del periodista francés, Maurice Lemoine, que tiene el sugestivo título de Los hijos ocultos del general Pinochet, el cual se acaba de publicar en español con el subtítulo: “Compendio de golpes de Estado modernos y otras tentativas de desestabilización”, (Alianza País, Quito, Ecuador 2015).

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Un sólido trabajo de investigación histórica que ayuda a recuperar la memoria de los múltiples crímenes de lesa humanidad, las acciones de pillaje, saqueo, golpes de Estado, explotación y humillación que ha cometido los Estados Unidos en América Latina durante el siglo XX y lo que llevamos de la actual centuria, además de develar las trampas sutiles por parte del imperialismo estadounidense en connivencia con las oligarquías locales que buscan a todo trance el derrocamiento de los gobiernos progresistas en la región, constituye el último libro del periodista francés, Maurice Lemoine, que tiene el sugestivo título de Los hijos ocultos del general Pinochet, el cual se acaba de publicar en español con el subtítulo: “Compendio de golpes de Estado modernos y otras tentativas de desestabilización”, (Alianza País, Quito, Ecuador 2015).

La publicación fue presentada en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), en la capital ecuatoriana, en el marco de la realización del Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP) 2015, que organizó con rotundo éxito el movimiento Alianza País del presidente Rafael Correa Delgado, entre el 28 y el 30 del pasado mes de septiembre.

Lemoine, periodista y escritor de origen francés, especializado en temas relacionados con América Latina, antiguo redactor en jefe de Le Monde Diplomatique, quien ha cubierto buena parte de los conflictos de la región desde hace cuarenta años, revela en este sólido trabajo bibliográfico el miserabilismo histórico con que ha actuado Estados Unidos frente a lo que despectivamente se ha denominado su “patio trasero”.

Los diversos golpes de Estado patrocinados u orquestados por Washington durante el siglo pasado, su mano oculta para armar planes de desestabilización contra los gobiernos progresistas de Latinoamérica, el papel clave que ha jugado la criminal CIA y organismos de fachada como la USAID o la NED, quedan al descubierto en este libro escrito en el género de la crónica y que tiene la virtud de leerse como una novela.

Los  vericuetos y fabricación de las operaciones de desestabilización a partir de 1998 cuando varios dirigentes latinoamericanos de sello progresista o de izquierda asumieron el poder son reseñados en forma muy detallada y en amena crónica en el trabajo de Lemoine. En efecto, se analizan los golpes de Estado, levantamientos, y otros intentos de desestabilización que han afectado a países como Venezuela (2002, 2014 y 2015); Haití (2004); Bolivia (2008); Honduras (2009); Ecuador (2010) y Paraguay (2012).

RECETAS MÁS SOFISTICADAS

El periodista francés explica que Estados Unidos con la complicidad de las oligarquías locales utilizan ahora “tácticas de golpe de Estado” muy diferentes a las que recurrían en el siglo pasado como en el caso del presidente chileno Salvador Allende en septiembre de 1973. En la actualidad, refiere, esas tácticas “han evolucionado por cuanto que los sectores conservadores han llegado a percatarse que, frente a la ‘opinión pública’, los métodos sangrientos son contraproducentes, y por tanto, el uso de ciertas recetas más sofisticadas, permiten que estas siniestras operaciones ya no puedan ser calificadas como golpes de Estado”.

De Truman, Einsenhower, John F. Kennedy, Richard Nixon, Reagan, a los Bush (padre e hijo), los Clinton y Barack Obama; de Allende y Fidel Castro a Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa, el autor entrelaza el pasado con el presente, lo relata con testimonios, y lo analiza para contarnos detalladamente esta metamorfosis y sus protagonistas: ejércitos, CIA, diplomáticos, “sociedades civiles”, medios de comunicación, empresarios.

Explica que recurrió al título de “los hijos ocultos de Pinochet” para significar que en décadas pasadas un golpe de Estado era considerado solo si provenía de acciones militares, en cambio en la actualidad existen grupos –formados por la oligarquía y auspiciados económica y políticamente por Estados Unidos- que protestan a nombre de la “sociedad civil”.

Como parte de la estrategia, explica, siempre incluyen en los movimientos golpistas el nombre de “democrático” para justificar su accionar ante la comunidad internacional.

Los presidentes “atípicos que surgieron a fines de los 90” y que enumeró el escritor francés son, además de los nombrados: Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, Fernando Lugo, Daniel Ortega, José Mujica, Michelle Bachelet, Dilma Rousseff y Salvador Sánchez Cerén. Todos envueltos en una paradoja latinoamericana: “entre las cosas más graves que les puede suceder está perder las elecciones…, o ganarlas. En el segundo caso, las castas superiores no dan tregua y, de un día para otro, estalla el conflicto con los gringos”, explica Lemoine.

En la presentación del libro, el experimentado periodista galo dijo que no obstante la sistemática estrategia de dominación imperialista, ciertamente algo ha cambiado en América Latina y  trajo a colación que, al cumplirse 35 años del golpe pinochetista, el fallecido presidente Hugo Chávez expulsó al embajador estadounidense de Venezuela (Patrick Duddy); mientras que, a día seguido, el 13 de  septiembre de 2009, el mandatario Manuel Zelaya suspendía temporalmente la recepción de cartas credenciales al diplomático estadounidense designado para Honduras (Hugo Llorens). Por su parte, el presidente Evo Morales no solo expulsó en 2008 al embajador estadounidense en Bolivia Philip Goldberg, a quien calificó de “persona non grata” sino que además, mando para su casa tanto a la DEA como a la USAID.

LA FARSA DE LA “SOCIEDAD CIVIL”

Entre las diversas tácticas utilizadas por Estados Unidos y sus operadores locales no solo están las del “golpe blando”, la guerra económica o mediática, sino también la farsa que montan mediante la utilización del término “sociedad civil”.

“Ahora te dicen: la sociedad civil está en la calle”. ¿Qué quiere decir eso de “sociedad civil”?, es algo muy simpático, explica Lemoine. “Sin embargo, si uno mira a Venezuela, por ejemplo, no es la sociedad civil la que está en la calle, es la parte más reaccionaria de la derecha. En Venezuela existe una oposición respetable de derecha y hay una ultra-derecha. Pero si la llaman “sociedad civil”, lo que conocemos como comunidad internacional piensa que se está enfrentando a una dictadura”.

“También, y no es tan nuevo, los medios de comunicación desempeñan un papel muy importante. Y digo que no es tan nuevo porque cuando se produjo el golpe de Estado en Guatemala contra Jacobo Árbenz, en 1954, los medios en EE.UU. y América Latina jugaron un papel muy importante para denunciar a Árbenz como comunista. Pasó lo mismo con Juan Bosch en República Dominicana”.

“En aquellos tiempos, -agrega el periodista francés- en Europa teníamos medios de comunicación más independientes del sistema económico global, que eran capaces de analizar y de denunciar eso. Ahora esto ya no existe. El hecho de que prácticamente todos los medios de comunicación pertenezcan a grupos económicos hace que el pensamiento se unifique y que esas nuevas izquierdas de América Latina, que no entendemos muy bien los europeos, pero que critican y se apartan del neoliberalismo, molestan bastante”. Por esa razón en el viejo continente “Chávez era un semidictador, o Zelaya había violado la constitución, y pasa, se acepta tranquilamente”.

En la actual coyuntura latinoamericana, explica el escritor francés, como los sectores de la derecha no consiguen ganar el poder en las urnas recurren a las intentonas de golpe de Estado, mediante métodos sofisticados, hasta el punto que hacen aparecer un golpe como una transición democrática tal y como ocurrió en Honduras y Paraguay. En ello los medios de comunicación juegan un rol definitivo porque ante el debilitamiento de los partidos se han convertido en sus sustitutos y son los verdaderos protagonistas políticos. Además, señala Lemoine, en la región los medios impresos cuentan con una organización de dudosa reputación como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que se encarga de amplificar el discurso hegemónico de Estados Unidos al que están perfectamente alineados para defender sus mezquinos intereses económicos y políticos.

Remarca que ahora un golpe se hace casi sin la participación de los militares.  “Intervienen grupos de militares como ocurrió en Venezuela en 2002 o en Honduras en 2009. Sacan al presidente e inmediatamente devuelven el poder a los civiles y todo el andamiaje de las operaciones está oculto”.

Además el interés de Estados Unidos es no solo debilitar los gobiernos progresistas en América Latina sino su política de integración regional. Se trata también de proyectos como ALBA, UNASUR, CELAC por cuanto que “la hegemonía que tenía Washington en la OEA desapareció”.

Otro elemento que destaca Lemoine es el juego geopolítico de Estados Unidos que cuenta en sus propósitos desestabilizadores y hegemónicos en América Latina con el concurso de Europa a través de su brazo armado que es la OTAN, la cual es dirigida prácticamente desde el Departamento de Estado norteamericano. A ello agrega el hecho de que los gobiernos europeos no solamente están alineados con Washington sino que ideológicamente se encuentran a la derecha de Obama.

Quito, Ecuador.

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