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Los medios: actores políticos

Por Juan Manuel López Caballero  

Una entrevista en Cronicón Virtual al director de El Telégrafo del Ecuador trata uno de los temas que más interés deberían despertar entre los analistas políticos.

Lo esencial es que caracteriza a los medios de comunicación como ‘actores políticos’ en el sentido de que participan y compiten

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Por Juan Manuel López Caballero  

Una entrevista en Cronicón Virtual al director de El Telégrafo del Ecuador trata uno de los temas que más interés deberían despertar entre los analistas políticos.

Lo esencial es que caracteriza a los medios de comunicación como ‘actores políticos’ en el sentido de que participan y compiten

en las luchas de poder con intereses tan claros y acciones tan determinantes como quienes pretenden acceder a la conducción del Estado y de la sociedad.

Lejos de su pretendida neutralidad lo que están no es informando sino haciendo política desde los titulares.

Su análisis a partir de esta premisa es que la confrontación con los gobiernos ‘postneoliberales’ – o sea los de Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Uruguay- por las nuevas legislaciones que buscan limitar o democratizar la tenencia y el poder de los medios de comunicación es exactamente eso, una lucha política entre intereses privados e intereses públicos, y no como lo presentan los mismos medios, una entre los principios democráticos y las tendencias dictatoriales de quién no se guía por el modelo preponderante del momento.

La aparición de las ‘redes sociales’ no sólo se ha convertido en alternativa para informar y movilizar a la población, sino en un instrumento para que esos gobiernos progresistas disputen la credibilidad de esa prensa opositora.

Cuando esos actores dicen que se censura o afirman que la ‘libertad de prensa’ está siendo atacada lo que realmente revelan es que están perdiendo poder al desaparecer su monopolio de la comunicación.

No es casualidad sino parte de esa actividad política que existan supuestas ONGs que representan a los medios más ‘institucionales’ de los países, pero que son financiadas justamente por las fuerzas de derecha, y son opositoras del progresismo que pueden representar esos gobiernos o sus políticas respecto a los medios de comunicación privados.

No es extraño que esas fundaciones o los mismos medios que tanto defienden la importancia de la información no propongan ni mencionen siquiera la posibilidad o la importancia del ‘periodismo público’, como sería el ejercido por medios que no dependan del capital privado ni de poderes económicos o empresariales sino de instituciones oficiales o públicas.

Una muestra del poder y la función que podrían cumplir estos medios públicos la vimos en su reciente uso por parte del alcalde Petro y el Canal Capital. Más allá de los cuestionamientos por su uso por fuera de la ley, lo que se probó con su dedicación las 24 horas a la defensa de Petro es que buena parte de la población estaba interesada en unas noticias y unos eventos que el resto de los medios callaban; los discursos y arengas desde el balcón del Palacio Liévano eran ignorados por los canales y noticieros privados pero eran accesibles a los seguidores del burgomaestre por el canal oficial.

Otro ejemplo más reciente es el de los festejos de la comunidad LGTB. Mientras se celebraba su día mundial y desfilaba en todas partes del mundo esa expresión de una nueva visión de ese sector de la sociedad, el único medio que le dio cubrimiento no como una nota marginal fue también Canal Capital.

Estos casos contrastan con las noticias o ‘informaciones’ que se producen desde el ‘establecimiento’ donde sólo se destaca lo que confirma las bondades del modelo que se aplica y los resultados positivos de la gestión que se adelanta.

Tales ejemplos corroboran la tesis del director del Telégrafo en cuanto a que los medios son actores políticos per se, y no sólo como instrumento de los otros competidores por el mando de la sociedad.

Pero confirman también que el poder de los medios no privados están a su turno al servicio de quienes detentan el poder, y lo que es verdaderamente grave, que estos -quienquiera que sean- los usan arbitraria y abusivamente.

No es casualidad que en todo golpe de Estado lo primero de lo que los golpistas se preocupan es de asegurar el control de los medios de información. No únicamente para impedir que se organice la oposición y la población sepa lo que está sucediendo, sino para divulgar una vez pasado el golpe las ejecutorias ciertas o falsas que vendrá a realizar.

La institucionalización de mecanismos públicos pero independientes de los gobiernos parecería favorecer al ciudadano; tal el caso paradigmático de la BBC, aunque casi todos los países europeos tienen algo parecido con más o menos énfasis en su distancia del ejecutivo. Por supuesto sería deseable que esto se diera entre nosotros, pero todos los intentos de comisiones con autonomía han caído en alguna forma de desviación -cuando no de corrupción-.

Pero como ‘la necesidad crea al órgano’, la respuesta se está dando a través de los blogs, revistas y periódicos virtuales que como éste empiezan a garantizar al ciudadano lo que los medios masivos privados le niegan: la información para servir a la democracia y no para consolidarse como el Gran Poder en manos de los medios privados.

1 de julio de 2014.

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