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“No podemos ser antiimperialistas y no ser feministas”: Gabriela Montaño, presidenta de la Cámara de Diputados de Bolivia

La irrupción de las mujeres y los jóvenes como dos nuevos actores políticos no fuera posible en Bolivia si no hubiese el proceso de cambio en el país, afirmó la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño Viaña, durante su intervención en el Foro Internacional “Emancipación e Igualdad”, evento en el que participaron personalidades e intelectuales de la izquierda latinoamericana y europea, que se realizó en Buenos Aires, entre el 12 y 14 de marzo

La dirigente política reivindicó el papel de la mujer y de los jóvenes en la experiencia boliviana de integración de tradiciones

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La irrupción de las mujeres y los jóvenes como dos nuevos actores políticos no fuera posible en Bolivia si no hubiese el proceso de cambio en el país, afirmó la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño Viaña, durante su intervención en el Foro Internacional “Emancipación e Igualdad”, evento en el que participaron personalidades e intelectuales de la izquierda latinoamericana y europea, que se realizó en Buenos Aires, entre el 12 y 14 de marzo

La dirigente política reivindicó el papel de la mujer y de los jóvenes en la experiencia boliviana de integración de tradiciones

En el caso de las mujeres, dijo que las conquistas reales logradas no habrían sido posibles si ellas no hubieran generado “esa gran alianza con la vanguardia indígena, originaria, campesina”.

“Hemos tenido capacidad de aliarnos, de construir juntos una Constitución nueva, de colocar nuestros derechos gracias a la movilización de miles de campesinos y campesinas indígenas, de marchas multitudinarias por la tierra y el territorio hasta llegar a la consigna de Asamblea Constituyente”, subrayó Montaño Viaña.

La diputada postuló que si bien las mujeres en Bolivia lograron espacios cada vez más relevantes porque ganaron elecciones a la cabeza del presidente Evo Morales, la lucha debe continuar hasta lograr que ellas no sólo sean antimperialistas y anticapitalistas, sino también feministas.

“No podemos ser antiimperialistas y no ser feministas; el origen de ambas cosas está en el mismo centro, es una misma lucha”, afirmó la presidenta de la Cámara de Diputados al recordar que el fallecido presidente Hugo Chávez y el mandatario de su país Evo Morales, de manera certera, se declararon feministas.

Respecto a la participación de los jóvenes, señaló la necesidad de que los gobiernos de izquierda se preocupen y ocupen de este sector poblacional “que creció con Evo, que creció con Chávez, que creció con Cristina, que creció con Correa, que ya no conoce gobiernos de derecha”.

“Debemos tener claro que si la juventud importa es porque nosotros no los vemos como elementos que van a ir a engrosar el mercado y el consumo, sino como energía creativa, como quienes van a impulsar la posibilidad de encontrar nuevas salidas y nuevas respuestas a la producción sin la destrucción; van a ser quienes van a generar respuestas creativas”, sostuvo Montaño al relievar el aporte de los jóvenes en la construcción de la revolución.

Para ello, planteó la creación no sólo de espacios específicos para los jóvenes sino también intergeneracionales, para que exista interconexión entre quienes vivieron la época de las dictaduras, de la derecha, y las actuales generaciones, para transmitir la experiencia política pasada.

Montaño, es médica de profesión, magíster en Salud Pública, militante de izquierda activa por los derechos humanos, políticos y de mujeres, desde sus 17 años. Combatiente desde los espacios abiertos por reivindicaciones en las que cree desde siempre. Fue representante Presidencial para el Departamento de Santa Cruz 2007-2009, durante el primer gobierno del presidente Evo Morales, senadora por el departamento de Santa Cruz y vicepresidenta ante el Parlamento Latinoamericano.

La siguiente es la intervención de la diputada boliviana en el Foro Internacional Emancipación e Igualdad:

Solidaridad con Venezuela

Quiero empezar dándoles un mensaje de mi presidente, del presidente Evo Morales. Hoy por la mañana, el presidente Evo Morales le decía a Obama que si no quiere encontrarse con la horma de su zapato, en la Cumbre de las Américas le pida perdón a Venezuela y a América Latina (aplausos). Pero no solamente le vamos a exigir que pida perdón, sino que tenemos que ser capaces de llevar adelante acciones concretas que eviten por todos los medios que Estados Unidos tenga la mínima posibilidad de poner sus garras en Venezuela. No se lo podemos permitir ni como pueblos ni como gobiernos de izquierda del continente. Todos y todas, creo, de alguna manera u otra, nos hemos referido a este tema en cada una de nuestras intervenciones. Y es muy difícil, porque nos come el sueño, nos come el ansia de lo que hoy está sucediendo con un pueblo hermano. Lo dijimos muchas veces y lo volvemos a repetir aquí: si se meten con Venezuela, se meten con todos nosotros y con todas nosotras (aplausos). Aunque me siento una infiltrada en este Foro, porque no soy del área académica sino del área política, creo que algunas ideas desordenadas podré aportar.

Irrupción del movimiento indígena y campesino

La tradición popular en Bolivia venía de la mano de los sectores obreros, mineros, si estamos hablando de esa tradición de izquierda. Y, de repente, en el escenario, empieza a ingresar una nueva izquierda, unos nuevos movimientos sociales que tenían una vanguardia, fundamentalmente, en los más relegados de la historia de Bolivia. El movimiento indígena campesino. Ese movimiento indígena campesino irrumpe en el escenario político boliviano y plantea algunas propuestas que, la mayoría de los que proveníamos de la izquierda clásica, no entendíamos muy bien: se empezó a hablar de asamblea constituyente. Se empezó a hablar de un término que conocíamos un poco mejor, que era nacionalización de los hidrocarburos. Y nosotros decíamos: ¿asamblea constituyente? ¿Cambiar la constitución? ¿Acaso cambiar la constitución o cambiar las leyes es algo revolucionario? No era el problema de los medios de producción, no era. Y de repente decíamos, ¿por qué cambiar la constitución? Y algunos compañeros desde los pueblos indígenas nos daban una respuesta muy simple: “Porque cada vez que planteamos un derecho, nos dicen que no está en la constitución. Porque cada vez que planteamos una necesidad nos dicen que no está en la ley. Entonces habrá que cambiar la constitución”. Y ahí fuimos dándole un sentido distinto a la constitución, a las leyes. La constitución, en este momento, es un verdadero nuevo pacto social. Un nuevo pacto político. Y claro, ahí algunos izquierdistas con formación clásica, como yo, empezamos a entender por qué sí era revolucionario cambiar la constitución. Y empezamos a encontrar caminos por donde el planteamiento de la nacionalización de los hidrocarburos y el planteo de asamblea constituyente, iban fusionando a esas fuerzas políticas, a esas organizaciones sociales, de la tradición popular de Bolivia de los años anteriores, con estos nuevos movimientos sociales.

El proceso no fue fácil, porque estos nuevos movimientos sociales en Bolivia empezaron a cuestionar quién era el actor central de este proceso de cambio y, por supuesto, todo el sector obrero, que había tenido la tradición de ser la vanguardia, de ser el que dirija los procesos revolucionarios de cambio, y que desdeñaban, de alguna manera, al campesino desde la lógica de “es pequeño burgués, es pequeño propietario”, empiezan a encontrarse. Y había también sospechas históricas que permitían que ese encuentro fuera difícil. El pacto militar-campesino, que fue un momento en la historia de Bolivia que se vio como un distanciamiento y una traición de los sectores populares al sector obrero. Y esos nuevos sectores campesinos indígenas plantean liderazgos muy fuertes, como el del presidente Evo Morales. Y esos nuevos sectores demuestran que tienen la capacidad de expandirse en el resto de la sociedad. Y que es posible, desde esos sectores que tradicionalmente no eran la vanguardia, vanguardizar un proceso que generó la confluencia de todas las fuerzas de izquierda en Bolivia. No creo hoy que ningún compañero o compañera de izquierda en Bolivia no se sienta convocado, seducido, necesitado de debatir con estos movimientos sociales, campesinos indígenas, interculturales. Y yo creo que lo fundamental que generó esa inmensa alianza popular tiene que ver con las consignas. Las consignas no estaban centradas solamente en las necesidades particulares del sector campesino, sino que incluían las necesidades de todos y todas. ¿Para qué queremos nacionalizar? ¿Para qué queremos recuperar nuestros recursos naturales? Para volver a controlar el corazón económico en Bolivia. ¡Para eso queremos nacionalizar! Para que esos recursos les sirvan a todos y todas. Para redistribuir. Y entonces el resto de la población ya no miraba a esa vanguardia campesina como algo ajeno, sino que era su propio interés que había sido cooptado, enamorado, conquistado.

Pero también el tipo de liderazgo es muy importante para que se genere esa expansión en la sociedad. Un liderazgo que no se aleja de la gente. Un liderazgo que no maneja ni controla el poder de la misma manera que hacían los del pasado. Que entiende el poder de otra manera. Y, entonces, nos fuimos encontrando en la lucha, y compartimos dos escenarios, básicamente, de lucha. El escenario electoral, que antes desdeñábamos, que no creíamos en él, no creíamos en llegar al poder a través del proceso electoral. Hoy estamos seguros de que es un arma que sólo puede jugar a nuestro favor. Porque ellos no van a ganar elecciones nunca más en nuestros países (aplausos).

Reinvención de la derecha

Pero miren cómo la derecha, como decía algún compañero, se reinventa, es creativa. Resulta que hoy, a los gobiernos que ganan con más del 50% pueden cuestionársele su raíz democrática, cuando ellos no ganaban elecciones ni con el 20%. Ojo, y aquí un ojo muy grande. No le están cuestionando sólo a Maduro, o a Evo Morales, que han ganado elecciones con más del 50%. Nos están cuestionando a todos en América Latina. Nos están diciendo que se pueden imponer las ideas aunque no sea en elecciones. Se puede romper el proceso democrático e imponer gobiernos aunque se hayan perdido las elecciones. Y eso es algo muy grave. Y ahí concuerdo con algún compañero que decía que el espacio de la democracia representativa sigue siendo un espacio de lucha importante para nosotros. Porque si alguien puede cuestionarle a un presidente o a una presidenta que ha ganado con más del 50%, realmente pareciera que estamos en una película de terror. Cuando la derecha es capaz de llevar tan al límite, ¿qué pone en juego? La institucionalidad que supuestamente ellos defienden, ¡tan institucionalistas! ¡Tan enamorados de las paredes, de los edificios! Tan poco convencidos de que la democracia no son paredes, edificios, butacas de congreso, testeras. La democracia para nosotros es calle también. Y eso es lo que nos protege. Eso es lo que nos genera certeza. Y ese es el segundo espacio de batalla que venimos compartiendo todos estos procesos de izquierda en Latinoamérica. La calle.

Pero ojo, la calle también está en disputa. Los sectores conservadores han tratado de utilizar la calle como trinchera en este último tiempo. Pero la calle es nuestra porque es la matriz de donde nacimos, y no nos la van a quitar tampoco. La calle es ese enorme útero donde cada uno de nosotros nacimos, donde nacieron nuestros gobiernos. Y por eso es tan importante que jamás cometamos el error de distanciarnos: ni de la calle ni de las organizaciones sociales ni de los sindicatos ni de los barrios. Porque en ese momento estaremos abriendo la puerta para que la derecha, efectivamente, intente quitarnos la calle. Y no lo podemos hacer. El día de ayer, mi vicepresidente, el compañero Álvaro, decía que la combinación ideal es esa combinación entre calle-elección. Elección-calle. Y no pueden separarse. No podemos dejar de gobernar con la gente. No podemos correr ese riesgo. Esa certeza la tenemos que tener tan presente como tenemos presente que tenemos que ganar elecciones. No nos podemos dejar cuestionar hoy, compañeros. Miren cómo son las cosas que a veces nos dejamos convencer por CNN que resulta que, si alguno de nuestros presidentes saca el 48%, “Ah!, no había sido ya tan legítimo”. Si en alguna municipalidad o en alguna elección a gobernación, sacamos 46%, “¿Ven? Está a punto de caerse este gobierno”. Y esa tensión la incluimos nosotros inclusive en nuestros discursos. Nos creemos, a ratos, los discursos de la derecha. Y no nos damos cuenta de que están intentando quitarnos eso que nos costó tanto conseguir. Ayer, Iñigo (Errejón) hacía un relato maravilloso de lo que están construyendo en España en esa lógica de elección y calle. Y yo pensaba, qué locura, cómo hemos perdido nosotros la capacidad de admirarnos de lo que hemos logrado en Latinoamérica. ¿Cómo nos van a quitar, a estas alturas, el respeto por lo que acabamos de vivir, acabamos de pasar? No podemos permitir eso, compañeros y compañeras (aplausos).

Participación activa de la mujer

Pero en Bolivia nos estamos dando cuenta que hoy hay nueva gente. Hay nuevos actores políticos a quienes escuchar, con quienes sentarse a debatir. Y yo voy a nombrar dos de los que creo más importantes. Aunque es un error nombrarnos como sector, estamos las mujeres. No somos sector, somos la mitad de todos los sectores. Pero tenemos que tener conciencia las mujeres de que hubiera sido imposible que nos hubieran permitido irrumpir en el escenario político colectivamente como lo hemos hecho hoy en nuestros países, si no hubiera procesos de cambio y procesos revolucionarios en nuestros países. Hoy Bolivia en la Cámara de diputados tiene más del 50% de mujeres. Pero esto no lo íbamos a hacer solas. Lo hemos logrado porque hemos generado esa gran alianza con esa vanguardia indígena, originaria, campesina. Y le hemos reconocido como vanguardia las mujeres. Y hemos tenido capacidad de aliarnos, de construir juntos una constitución nueva. De colocar nuestros derechos gracias a la movilización de miles de campesinos, campesinas indígenas. De marchas multitudinarias, por la tierra, por el territorio, hasta llegar a la consigna de asamblea constituyente. Nunca hubiéramos llegado a ejercer el poder que para nosotros debería ser solamente tener la capacidad de diseñar políticas públicas mejores para la gente. Las mujeres no estaríamos aquí sentadas si no fuera, en Bolivia, que ganamos elecciones a la cabeza del presidente Evo Morales, también. Que tuvimos organizaciones sociales que nos representaron a todos y todas. El 50% de la población, que debemos escuchar, que debemos atender, que debemos entender. Vengo de un congreso de mujeres venezolanas que no solamente hoy ya se declaran anti capitalistas, anti imperialistas, sino también feministas. ¿Por qué el feminismo se convirtió en una mala palabra? ¿En qué momento nos sucedió eso? (aplausos). ¿En qué momento permitimos que nos cambien el feminismo por “género”, por palabritas más light? No podemos ser anti imperialistas y no ser feministas. El origen de ambas cosas está en el mismo centro. Es una misma lucha. Por eso Chávez seguramente en algún momento se declaró feminista. Y por eso Evo hace algunas semanas hizo lo mismo.

Los jóvenes, una energía creativa

Otro enorme ámbito de la población, no sé, que tampoco es “un sector”, son los jóvenes. Ya lo decía el compañero de Ecuador: hoy estamos frente a una generación de jóvenes que creció con Evo. Que creció con Chávez. Que creció con Cristina. Que creció con Correa. Que ya no conoce gobiernos de derecha. Entonces, debemos preocuparnos, ocuparnos, los que nos decimos revolucionarios y de izquierda, de qué vamos a hacer juntos con esos jóvenes. Porque no podemos creer, y aquí tengo una autocrítica, que tenemos que atender a los jóvenes, que tenemos que generar acciones con los jóvenes solamente porque son jóvenes, porque es un problema etáreo. No, no, no. Debemos tener en claro que si a la juventud le importan estos procesos, es porque nosotros no los vemos como elementos que van a engrosar el mercado y el consumo, nosotros los vemos como energía creativa, como quienes van a impulsar la posibilidad de encontrar nuevas salidas y nuevas respuestas a la producción sin la destrucción. Van a ser quienes van a generar. Los necesitamos para generar respuestas creativas. Somos gobierno, ¿cómo no vamos a necesitar a los jóvenes para gobernar? (aplausos) ¿Cómo no vamos a necesitar a los jóvenes para dar respuestas y salidas a economías que siguen siendo rentistas? Son los jóvenes, son esas nuevas generaciones, las que tienen una cabeza construida, un espíritu construido en nuestras revoluciones. Que tienen la capacidad y el amor por crear. Es decir, no creamos que porque somos jóvenes nos merecemos algo. Nos merecemos algo porque estamos inyectando esa capacidad creativa en nuestras revoluciones. Si no, no nos lo merecemos. Si no estamos inventando y creando para aportarle a Cristina, a Evo, a Maduro, a Correa, nuevas respuestas, entonces no nos merecemos. Tenemos que ser capaces, nosotros, quienes estamos en gobierno, quienes estamos en las organizaciones sociales, de generar espacio específico para jóvenes.

Pero también una cosa que nunca debemos olvidarnos, porque la derecha, ahí en los años 90, nos generó una gran fractura, debe haber espacios intergeneracionales. En los años 90, cuando a mí me decían que yo era parte de una generación X, Y, ya no sabían cómo llamarle porque nos decían fantasmintas, nos querían convencer de que estábamos vaciados de cualquier propuesta ideológica, de la discusión política. Yo creo que una de las razones más importantes por las que se generó ese vaciamiento fue porque no hubo la capacidad de interconexión generacional entre quienes habían vivido los años 60, 70 en las calles, y nosotros. Se desconectó. No debemos cometer ese error. Tenemos que tener la capacidad también, por lo tanto, de generar espacios intergeneracionales donde, quienes vivimos a Sánchez de Lozada, bueno, no voy a decir vivimos, morimos o sufrimos es más fácil decir, o a Menem, podamos transmitir que eso existió. Que no fue un sueño o una película. Existió. Destruyó vidas, destruyó países, destruyó organizaciones. Fragmentó nuestras organizaciones, nuestros partidos. Destruyó la posibilidad de integrarnos en la izquierda. Y eso, quién nos lo puede contar, si no es el que lo vivió, la que lo vivió. A veces creemos que ya no es necesario hablar de dictaduras militares porque ya no va a ser esa la forma, pero, si se pierden esos hilos de contacto entre generación y generación, probablemente estemos dando paso a una generación X, Y o Z dentro de 10 años, y ese lujo no nos lo podemos dar los gobiernos revolucionarios y las izquierdas en Latinoamérica.

Es posible que los marginados de la historia lleguen al poder

Me costó mucho intentar imaginarme cómo conectar una experiencia que siempre se ve, que es la experiencia boliviana, o la experiencia ecuatoriana, cómo, fundamentalmente, de un proceso de mayorías indígenas, puede servirle a países, a gobiernos, a compañeros de izquierda en América que no tienen una mayoría indígena probablemente. A compañeros en Europa que no tienen una mayoría indígena. Y, fruto de esa elaboración, hay algunas cosas que quiero compartir con ustedes, de las conclusiones que pueden sacar otros pueblos respecto de Bolivia y que pueden ser útiles porque son certezas. Y la gente necesita certezas. La primera certeza que Bolivia muestra al mundo es que es posible que los más marginados de la historia lleguen al poder y al gobierno. Pero no solamente es posible que lleguen al poder y al gobierno, como lo hizo Evo Morales, como lo hizo la vanguardia indígena campesina, sino que es posible que los marginados del pasado gobiernen bien, y puedan gobernar para todos y para todas (aplausos). Una siguiente certeza que les puede dar Bolivia: es posible transformar el Estado y la forma de administrar el poder. Pero sólo es necesario hacerlo con la gente y para la gente. El Estado no es eterno. El Estado no es una entelequia que nunca vamos a poder tocar los marginados del mundo. Es algo que podemos amoldar en nuestras manos si tomamos el poder. Puede convertirse en la arcilla que nosotros diseñemos si tomamos el poder. Otra certeza es que cuando estamos ahí, en el poder, gobernando, es necesario reinventarse cada día. No podemos quedarnos en lo planteado inicialmente. Necesitamos nuevos sueños, nuevas construcciones, nuevas tareas. Es necesario reinventarse todos los días. Con una sola previsión: reinventarse no quiere decir abandonar los principios y valores que nos dieron origen. Nunca puede significar abandonar esos principios y esos valores. Esas certezas que Bolivia le da al mundo quizás le puedan servir a PODEMOS, no como un calco en España. Tendrán que construir ellos su propio camino. Pero estas certezas demuestran que es posible, nada más. No importa cómo lo haga cada quien. Pero nosotros podemos mostrarle al mundo que lo hicimos y que lo seguimos haciendo, y que no vamos a parar hasta terminar estas tareas.

Requerimos generar conocimiento propio

Yo quiero agradecerle al Foro porque también traté, para cerrar mi exposición, de pensar en tareas urgentes. Y pensé en dos tareas, claro que hay miles, cientos de tareas. Pero pensé en dos que quisiera compartir con ustedes hoy. Es necesario generar espacios comunes en Latinoamérica, y me parece muy interesante lo que plantea este Foro. No sólo en Latinoamérica de repente, entre Latinoamérica y Europa, espacios de generación de conocimiento, de ciencia, de tecnología. Y en esto este Foro puede aportar muchísimo. Éste es, quizás, el principio. Porque, para nosotros, pongo un ejemplo, en Bolivia, entre nacionalizar, recuperar los recursos naturales, que fueron los primeros pasos, redistribuir, que es la tarea que estamos llevando ahora y salir definitivamente de una matriz primario-exportadora, necesitamos ciencia, necesitamos tecnología, necesitamos conocimiento nuestro. No lo que nos vendían o nos regalaban antes desde el norte. Necesitamos intercambiar entre nosotros nuevo conocimiento, nueva tecnología.

Y una segunda tarea es que necesitamos un espacio común de los jóvenes de izquierda en el continente. El golpe de la muerte de Chávez fue muy duro para nosotros. Él fue nuestro puntal en la integración. Y solo creo que hay una manera de combatir nuestras dificultades hoy en la integración. Y es que no sólo se integren los gobiernos, sino que se integren los pueblos, las organizaciones sociales, los jóvenes. Y todos los espacios de integración de nuestros gobiernos tienen que ser espacios de integración que tome la gente. Que amase la gente. Desde la gente, creo, vamos a revitalizar nuestra integración. Por eso ese espacio de jóvenes, integrador, que les permita intercambiar ideas, debatir, ver sus problemas. No mirarse el ombligo, porque es uno de los problemas que tenemos todos a veces. Ese espacio de integración de jóvenes es una tarea urgentísima, creo yo. Probablemente ha sido un puñado de ideas desordenadas, pero las traigo como experiencia, con cariño a lo que estamos haciendo en Bolivia.
Gracias.

Buenos Aires.

 

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