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Políticas educativas neoliberales en Colombia explican proceso de recolonización imperialista que condenan al país al atraso productivo y científico: Robledo

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), institución propagandística de las buenas prácticas neoliberales con sede en París, busca imponer los lineamientos de la política educativa en Colombia, dejó entrever el senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, durante la presentación que hizo del libro La educación de la colonia al siglo XX. Confrontaciones ideológicas y políticas, de autoría del profesor José Fernando Ocampo, publicado por Ediciones Aurora.

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), institución propagandística de las buenas prácticas neoliberales con sede en París, busca imponer los lineamientos de la política educativa en Colombia, dejó entrever el senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, durante la presentación que hizo del libro La educación de la colonia al siglo XX. Confrontaciones ideológicas y políticas, de autoría del profesor José Fernando Ocampo, publicado por Ediciones Aurora.

Robledo, en la presentación de este trabajo bibliográfico en la 29 Feria Internacional del Libro de Bogotá el pasado 14 de abril, dijo que “es digno de resaltar el rechazo del Colegio Nacional de Academias –Cuerpos Consultivos del Gobierno Nacional–, al proyecto de Documento Conpes sobre Ciencia, Tecnología e Innovación que promueve Juan Manuel Santos, al que valora tan mal que considera que hay que cambiarlo por uno nuevo, porque no tiene arreglo, entre otras razones porque “el documento parece hecho para cumplir con los requisitos de la OCDE y no para construir una verdadera política de desarrollo científico y tecnológico de largo plazo para el país”. Al paso que vamos, la OCDE le va hacer más daño a Colombia que el Banco Mundial y el FMI sumados”.

El libro de Ocampo, filósofo, politólogo, docente universitario, con amplia experiencia en el activismo gremial en defensa de la educación pública en Colombia, hace un recorrido desde el siglo XVIII con el virrey Francisco Moreno y Escandón y el impulsor de la Expedición Botánica, José Celestino Mutis, quienes no obstante siendo fieles a la corona española promovieron las ideas de la ilustración, pasando por el agudo debate que sostuvieron Bolívar y Santander en torno al papel laico de la educación, hasta llegar al siglo XX con los logros obtenidos por los movimientos sociales, como por ejemplo, la autonomía de los contenidos educativos frente al Estado.

Este nuevo trabajo bibliográfico de José Fernando Ocampo “podría ser también un modelo de enseñanza de la dialéctica. A partir de las contradicciones que se van presentando y de su desenlace, el lector va conociendo el método correcto para abordar el estudio de la sociedad en su historia y su presente”, señala en la presentación del libro, el analista y escritor Aurelio Suárez Montoya. Y agrega: “podría decirse que este texto, además de su propósito general enunciado, es de utilidad para aprender a hacer el análisis de los distintos problemas de la sociedad que, visto así, no tendría solo como objeto la historia de la educación en Colombia en los últimos dos siglos y medio, sino el saber: ¿Cuáles son los aspectos de cada contradicción en cada periodo?, ¿cómo se desarrollan?, ¿cuál es el aspecto principal?, ¿cuál es su desenlace?, ¿cómo se transforma para la época subsiguiente?

La historia de la educación, pero también económica, social y política de Colombia

El senador Robledo al presentar el libro del profesor Ocampo hizo una sinopsis general de su contenido. Resaltó que en su texto no solo se analiza la historia de la educación en Colombia sino también el devenir económico, social y político del país con todas sus vicisitudes.

El texto de la presentación de este imprescindible trabajo investigativo por parte del senador del Polo Democrático, es el siguiente:

El libro que tengo el honor de presentar del profesor José Fernando Ocampo –profesor, sí, a mucho honor, aun a riesgo de ser abducido por la alta burocracia santista–, tiene una primera gracia nada fácil de alcanzar: lleva a leerlo de una sola sentada, de un tirón, como se dice, porque se trata de una historia apasionante y bien contada, como solo puede hacerlo quien conoce el tema a profundidad, lo ha explicado incontables veces y se esfuerza por hacerlo comprensible –sin que por ello pierda rigor y profundidad–, pues lo escribió para fortalecer la lucha por la transformación democrática del país.

Quien lea este libro se encontrará con la historia de La Educación en Colombia, de la Colonia al Siglo XX, y, al mismo tiempo, con la historia económica, social y política de Colombia. Las dos juntas, como deben ser las historias de los sectores, que no pueden comprenderse sin entender el todo del que hacen parte, y más si se trata de la educación de un país, del sistema principal mediante el cual los pueblos logran el insustituible objetivo de transmitir y crear conocimientos, siempre y cuando se lo ganen con la lucha, porque hasta en estos asuntos, como en todos, se enfrentan las concepciones democráticas con las reaccionarias, que se atraviesan como mulas en el camino del progreso.

Esta historia se remonta al curioso esfuerzo de Francisco Antonio Moreno y Escandón en el siglo XVIII, alto funcionario de la Corona española en la Nueva Granada, que inspirado por lo que ocurría en Europa planteó reformas que modificaran el espantoso oscurantismo educativo que en esos días lastraba toda forma de progreso. Y se refiere también al gran papel del Sabio Mutis y de su Expedición Botánica, quien, por la vía de aumentar el conocimiento ciudadano sobre las ciencias naturales –de la enseñanza de las matemáticas, la botánica y la física, por ejemplo–, jugó un papel clave en la formación política –política, repito– de muchos de los jóvenes que dirigieron la revolución de Independencia de España.

Explica también el texto las coincidencias entre Bolívar y Santander sobre la importancia que le concedieron a la educación en la construcción del nuevo país, al igual que sus diferencias de criterios –acerca de si apelar a los métodos científicos o a la escolástica– como bases de las políticas educativas. Y se detiene en las enconadas controversias del siglo XIX–con guerras incluidas por su causa– entre los dos partidos políticos de entonces sobre cómo debía ser la educación, confrontaciones que concluyeron con el triunfo de Núñez y de Caro, que impusieron una política educativa calculada para estancar por varias décadas, como en efecto ocurrió, educativa, económica y socialmente a Colombia.

Al adentrarse en el siglo XX, el libro señala los notables avances de la educación en contra del gran atraso que le habían impuesto, pero también explica cómo estos fueron, al mismo tiempo, estimulados y lastrados por la toma de Colombia por los Estados Unidos, que los impulsó porque sus intereses le exigían modernizar en algo al país, pero no hasta el punto de desatarle por completo toda su potencialidad de desarrollo, no fuera que se escapara de su órbita. Ay de aquel, decía Francisco Mosquera, que crea que lo salvará el mismo que le tiende la emboscada.

Además de explicar el carácter retardatario de las políticas educativas de las agencias internacionales de crédito posteriores a la II Guerra Mundial, contra las que nos levantamos los estudiantes en 1971, José Fernando Ocampo trata las luchas del magisterio colombiano dirigido por Fecode que conquistaron el Estatuto Docente y la Ley General de Educación, dos triunfos de gran importancia en el esfuerzo por dotar al país de un sistema educativo que cimiente el verdadero progreso del país, victorias en las que él, como dirigente sindical, hizo aportes determinantes.

Expresan mucha ignorancia o muchos prejuicios quienes no reconocen que el magisterio colombiano, además de luchar, y con toda justicia y derecho, por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, también ha batallado sin cesar por una educación universal, es decir para todos, pública y gratuita, para que pueda ser universal, y de alto nivel científico y pedagógico, la consigna más avanzada, en Colombia y en cualquier país, para orientar el desarrollo del conocimiento a su máxima expresión.

Concluye esta obra, que todo interesado en la educación debe leer, con certeros comentarios sobre las políticas educativas neoliberales a partir de 1990, cuya naturaleza particularmente retardataria explica como parte del proceso de recolonización imperialista que impone al libre comercio, en su estrategia de mantener al país en el atraso productivo y científico y tecnológico.

Sobre este último aspecto es digno de resaltar el rechazo del Colegio Nacional de Academias –Cuerpos Consultivos del Gobierno Nacional–, al proyecto de Documento Conpes sobre Ciencia, Tecnología e Innovación que promueve Juan Manuel Santos, al que valora tan mal que considera que hay que cambiarlo por uno nuevo, porque no tiene arreglo, entre otras razones porque “el documento parece hecho para cumplir con los requisitos de la OCDE y no para construir una verdadera política de desarrollo científico y tecnológico de largo plazo para el país”. Al paso que vamos, la OCDE le va hacer más daño a Colombia que el Banco Mundial y el FMI sumados.

Gracias, José Fernando, por persistir en el esfuerzo de toda su vida, por seguir dándoles a los jóvenes y a los colombianos ejemplo de coherencia, de lo que es valorar de verdad el estudio, el conocimiento, para poder comprender la sociedad y transformarla. Gracias, además, por su actitud ejemplar de descender de las cómodas torres de cristal de la academia –como también lo hizo Carlos Gaviria–, para jugársela en los con frecuencia procelosos caminos de la actividad política y gremial, que es donde al final se define la suerte de los pueblos y de si estos pueden o no transmitir y crear los conocimientos de alto nivel suficientes, sin los cuales no es posible escapar de la trampa del atraso, el desempleo y la pobreza.

Muchas gracias.

Feria Internacional del Libro de Bogotá, Corferias, 24 de abril de 2016.

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