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Santa Marta: dolores que urgen ser aliviados

Por Alejandro Arias  

La ciudad que soñamos está al alcance de nuestras manos si se asume la responsabilidad política de planificarla.

Para ello no necesitamos más dinero del que tenemos y en cambio nos ayudaría acelerar la proposición de aquellos proyectos que nos permiten acceder a los recursos que la nación

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Por Alejandro Arias  

La ciudad que soñamos está al alcance de nuestras manos si se asume la responsabilidad política de planificarla.

Para ello no necesitamos más dinero del que tenemos y en cambio nos ayudaría acelerar la proposición de aquellos proyectos que nos permiten acceder a los recursos que la nación nos ofrece y de la que han echado mano las otras ciudades del país para garantizar su desarrollo.

No podemos pretender incentivar la inversión en la ciudad si carecemos de un Plan de Ordenamiento Territorial que responda a los retos de la globalización y los TLCs. La incertidumbre que hoy ofrece el uso del suelo es catastrófico y la ausencia de autoridad en materia de planeación no contribuyen a que se ofrezca el nivel de confianza mínima a los inversionistas.

Más grave aún es desconocer la importancia de la Sociedad Portuaria como eje posibilitador de desarrollo y bienestar social. La importancia de Santa Marta en el corto y mediano plazo no está en su turismo, de infraestructura y organización incipiente, sino en la portuaria donde la dinámica de inversión en el continente propende aceleradamente por la reducción de los costes para ser competitivos en el nuevo modelo de mercado.

Razón le asiste a Metrogua S.A. ESP al justificar las falencias en el servicio de suministro de agua potable cuando 125 mil personas están conectadas al servicio sin ningún control y no existen propuestas que permita avizorar al mediano plazo un control efectivo.

Más de 200 mil migrantes, no todos desplazados, se han hecho parte de la infraestructura pública de la ciudad (salud, vías, servicios públicos domiciliarios, trasporte urbano, etc.) y no hay una sola propuesta tendiente al retorno de estas personas a sus lugares de origen; personas que además en su mayoría tienen vocación campesina y no presentan las competencias para su inclusión en la poca oferta laboral del Distrito.

No existe un solo plan o proyecto orientado al desarrollo del sector rural de la ciudad, que constituye más del 70% del territorio. Tenemos un campesinado sin vías, sin servicios públicos, sin escolaridad, etc. de suerte que por esta vía presionamos su movilización a la zona urbana aumentando la informalidad que hoy se evidencia en las calles.

El sólo acceso a agua potable y saneamiento básico garantizaría que el 65% de las atenciones médicas en todos sus órdenes se reduzcan. Los indicadores de las EPS y ARS señalan que este porcentaje de atenciones se derivan de enfermedades relacionadas con el agua y el aseo primando las afecciones gastrointestinales, las diarreas y las infectocontagiosas.

El porcentaje de población con Necesidades Básicas Insatisfechas – NBI en Santa Marta alcanzaron a 2013 el 32.08% de su población total.
En Santa Marta el 14.5% de su población vive en condiciones de hacinamiento crítico, el 16% está en condiciones de miseria, el 60.6% se ubica por debajo de la línea de pobreza y de éste el 23.4% vive en condiciones de indigencia.

En Santa Marta mueren 62.96 niños por cada 100 mil nacidos vivos. La mortalidad infantil aportó 48 casos en menores de un año y 93 casos en menores de cinco años en 2011. Como causas principales de las muertes se identificaron las enfermedades respiratorias y diarreicas. Causadas en gran medida por la ausencia o la inadecuada prestación de los servicios públicos, entre ellos el alcantarillado.

Hemos crecido bajo la ilusión de ser una ciudad turística y que por virtud de la naturaleza creemos tenerlo todo; lo cierto es que nada tenemos distinto a lo que ofrecen en materia de sol y playa Cartagena, San Andrés, el pacífico colombiano ni qué decir de cualquier ciudad extranjera con acceso al mar. Nuestra estructura turística se basa en paquetes de servicios marginales, la mayoría de ellos informales. El dominio de la ocupación y oferta de camas está en cabeza de la parahotelería. No hay un solo programa que promueva la vinculación organizada de servicios complementarios en materia de turismo.

De las más de 16 mil viviendas ubicadas en zonas de alto riesgo o invasión se cuentan alrededor de 21 mil jóvenes de entre 14 y 25 años que no están escolarizados, no registran ingresos dignos. Cómo no entender entonces que este pequeño ejército de hombres y mujeres decidan buscar posibilidades económicas en la informalidad, la prostitución o en la delincuencia común u organizada.

Esta es la explicación al crecimiento exponencial de la inseguridad en la ciudad; lo que hace que el tema de la seguridad ciudadana no sea sólo de pie de fuerza policial sino en gran medida de política social.

El liderazgo que demanda la ciudad implica no sólo su administración sino el reto de proyectarla en el futuro, ofrecerle al ciudadano la más valiosa de las posibilidades de vida y bienestar, concederle a cada uno de los samarios el sueño real y palpable de una sociedad incluyente y ello sólo es posible si se propone y expone un plan de desarrollo que nos haga mirar hacia la ciudad que soñamos, aquella en la que los dolores sociales más urgentes sean aliviados.

3 de febrero de 2013.

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