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Ucrania, bajo el fuego cruzado de las grandes potencias

Por Roberto Montoya / Miradas al Sur  

Putin, autorizado por su Parlamento a usar la fuerza, y Crimea, que convoca a un referéndum para separarse de Ucrania. Todos los temores se confirman. El clima de Guerra Fría ha vuelto al Viejo Continente más de dos décadas después de dada por terminada. Ya no es una simple metáfora.

Vladimir Putin ha obtenido la autorización del Parlamento ruso para intervenir militarmente en Ucrania. Europa, escenario en el siglo XX de las dos grandes guerras mundiales,

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Por Roberto Montoya / Miradas al Sur  

Putin, autorizado por su Parlamento a usar la fuerza, y Crimea, que convoca a un referéndum para separarse de Ucrania. Todos los temores se confirman. El clima de Guerra Fría ha vuelto al Viejo Continente más de dos décadas después de dada por terminada. Ya no es una simple metáfora.

Vladimir Putin ha obtenido la autorización del Parlamento ruso para intervenir militarmente en Ucrania. Europa, escenario en el siglo XX de las dos grandes guerras mundiales,

vuelve a sentir en la segunda década del siglo XXI la amenaza de hacer saltar por los aires las artificiales fronteras que dieron lugar décadas atrás a la formación de países como la actual Ucrania, el segundo más grande del continente después de Rusia.

Los acontecimientos se precipitan con rapidez. El 28 de febrero, soldados rusoparlantes uniformados y fuertemente armados, sin identificación ni distintivo alguno, ocuparon por la fuerza los dos aeropuertos, el Parlamento, la sede del gobierno regional y otros edificios oficiales, izando en ellos la bandera rusa en claro desafío al nuevo gobierno provisional de Ucrania.

Mientras estas fuerzas reivindicaban ser “grupos de autodefensa de los rusos de Crimea”, las autoridades de Kiev denunciaban que eran soldados rusos, y acusaban a Vladimir Putin de invadir territorio ucraniano. Moscú se limitó a reconocer que había puesto en máxima alerta a sus 13 mil hombres de la base naval crimeana de Sebastopol, donde se asientan más de 300 buques de guerra y submarinos de la Flota rusa del Mar Negro y que está arrendada a Ucrania hasta 2042.

Rusia inició también maniobras militares con blindados y cazas en la frontera ruso-ucraniana por tiempo indefinido.

Por su parte, el huido presidente ucraniano, Viktor Yanukóvich, reapareció en la ciudad de Rostov del Don, al sur de Rusia, donde se le otorgó asilo político, y acusó a Occidente por su destitución y de sembrar el caos por medio de las milicias de grupos neonazis. Yanukóvich manifestó que “Rusia puede y debe intervenir en Ucrania”, provocando aún más alarma en Kiev, en las cancillerías europeas y en la OTAN. Representantes de los 28 países miembros de la OTAN –varios de ellos ex repúblicas soviéticas– mantuvieron reuniones a puerta cerrada con el viceministro provisional de Defensa ucraniano, a quien le garantizaron que respaldarían la “integridad territorial” de su país.

Ucrania es desde 2008 candidato a ingresar en la OTAN, pero en 2010 Yanukóvich congeló las negociaciones por presión de Rusia. Putin siente cómo esa alianza militar, en la que EE.UU. juega un papel dominante, se acerca cada vez más a sus puertas.

La Casa Blanca advirtió de las graves consecuencias que podría implicar una acción militar rusa en un territorio soberano como Ucrania.

Con el Parlamento regional de Crimea rodeado por esos soldados sin identificar, sus 100 parlamentarios, 82 de ellos pertenecientes al Partido de las Regiones de Yanukóvich, y varios más a formaciones rusófilas, como Unidad Rusa o a la comunidad tártara, votaron el viernes la convocatoria a un referéndum sobre el futuro de esa región para el próximo 25 de mayo, aunque incluso podría adelantarse a este mismo mes.

La pregunta a la población local, unos dos millones de personas, casi el 60% rusoparlantes, un 32% ucranianos y el resto tártaros, será si acepta o no que Crimea sea un Estado autónomo dentro de una confederación compartida con el resto de Ucrania.

El líder de Unidad Rusa fue nombrado como nuevo jefe del gobierno autónomo de Crimea y pidió públicamente ayuda a Rusia, y es a ese pedido y al pedido de Yanukóvich, que se sigue reivindicando como el presidente legítimo de Ucrania, al que ha respondido Putin y el Parlamento ruso. Se desconoce por el momento las características de la intervención militar que se plantea, si se limitará a un despliegue de tropas rusas exclusivamente en Crimea, o si la sorpresiva operación tiene mayor alcance y supone una invasión en toda regla de Ucrania.

Esta es la solicitud que hizo el primer ministro ruso al Parlamento y que recibió amplio respaldo:

“En vista de la situación extraordinaria creada en Ucrania y de la amenaza a la vida de ciudadanos de la Federación Rusa, de nuestros compatriotas y de los efectivos del contingente militar de las Fuerzas Armadas de Rusia emplazadas en territorio de Ucrania (República Autónoma de Crimea), en concordancia con el punto G de la primera parte del artículo 102 de la Constitución, presento ante el Consejo de la Federación la petición de utilizar las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa en territorio de Ucrania hasta la normalización de la situación sociopolítica en ese país”.

En 1979, en plena Guerra Fría, el Ejército Rojo acudió con miles y miles de hombres, blindados y aviones a Afganistán, respondiendo al pedido de ayuda del gobierno acosado por las guerrillas islámicas, y permaneció allí hasta su derrota. Fue el Vietnam para la Unión Soviética, que menos de dos años después se rompería en pedazos.

La propuesta del gobierno provisional ucraniano de recortar las competencias de las autoridades regionales y de restringir el uso de sus lenguas fue uno de los detonantes de la ira en Crimea.

Esta península, antiguo dominio tártaro conquistado por el Imperio otomano y posteriormente por el Imperio ruso, fue durante años una república dentro de la URSS. Nikita Kruschev decidió en 1954 transferirla a Ucrania. Pero, tras la descomposición de la URSS y la independencia de Ucrania en 1991, el grueso de la población de Crimea sintió, más que las otras 14 repúblicas que se independizaron de la URSS, que la habían separado de la “madre patria” rusa y la habían obligado a convivir con decenas de millones de personas con las que poco tenía que ver.

Crimea es la única región autónoma de Ucrania y desde 1992 ha ido perdiendo progresivamente una serie de competencias que le habían sido reconocidas.

La visión cortoplacista de la Unión Europea y de EE.UU. ha repetido en el conflicto ucraniano la misma actitud interesada que mantuvo en el pasado incentivando a ultranza el desmembramiento de la URSS y de la República de Yugoslavia, sin medir las graves consecuencias que implica. Y Rusia esta vez no parece dispuesta a dejarse acorralar más.

Ucrania, un país ya de por sí dividido internamente por razones históricas, queda ahora más que nunca bajo el fuego cruzado de las grandes potencias.

Antecedentes del golpe de Estado en Ucrania

Recientemente Umberto Mazzei, profesor de la Universidad de la Universidad de Ginebra, dedicado a la historia y la actualidad de La técnica del Golpe de Estado, título de un libro de Curzio Malaparte, publicado en Paris en 1931, publicó un artículo en el que llamó la atención sobre el hecho de que Washingtón deseaba derrocar a Victor Yanukovich e imponer en su lugar a Arseni Yatseniuk. Al día de hoy, como bien se sabe, ese deseo ha sido plenamente satisfecho. 

A continuación los pasajes del articulo de Mazzei referidos al golpe de Estado en Ucrania.

En noviembre del 2004 Viktor Yanukovich ganó las elecciones en Ucrania. Su rival, Víctor Yushchenko, tenía el apoyo de los medios ucranianos. Después de su derrota, se repitió la operación de Georgia. Se acusó de fraude y una turba desfiló por las calles de Kiev, con banderas anaranjadas, regalando rosas: la revolución naranja. Los medios amplificaron el desorden y bajo presión internacional, la Corte Suprema anuló la elección anterior.

En Ucrania, como en el Cercano Oriente, se busca exasperar y aprovechar las divisiones religiosas y culturales para cambiar gobiernos e imponer políticos propios: divide et impera. La fractura en Ucrania existe desde la Segunda Guerra Mundial. Stalin desplazó Polonia hacía el oeste, en tierras alemanas, pero expulsó la población alemana. Ucrania recibió tierras polacas al oeste, pero sin expulsar a los polacos. Por esa razón existe en Ucrania una minoría que habla polaco y es católica. Mientras la mayoría es ortodoxa y habla ruso. No olvidemos que Ucrania es el origen de Rusia. El pueblo vikingo de los Russ creó primero el Reino de Kiev y desde allí se expandió hacia el este y el sur, en lo que ahora es Rusia.

En Ucrania se quiere repetir la revolución naranja, pero con armas. En cualquier país sería inaceptable la activa y pública intervención de funcionarios europeos y norteamericanos azuzando las protestas. El objetivo de la intromisión es “cambio de régimen”, como dijo la Secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, cuando admitió, en un encuentro del Nacional Press Club, patrocinado por Chevron, que los Estados Unidos han invertido 5. 000 millones de dólares fomentando la agitación en Ucrania. El nombre del títere que quiere imponer, Arseni Yatseniuk, afloró en una conversación telefónica suya con el embajador en Kiev, Geoffrey Pyatt, que fue interceptada.

En este momento las protestas ya son insurrección armada, contra una policía desarmada, por lo que ya van 105 policías heridos de bala y 35 muertos. Eso obligó al gobierno a equipar con armas la policía para que pueda defenderse. El gobierno ucraniano calcula que en el centro de Kiev hay unos 5 mil activistas extranjeros entrenados en desatar violencia. Muchos vienen desde Moldavia, según la prensa del Transdniester, otros de Polonia. Rusia debe apoyar con firmeza a Ucrania contra la injerencia de países de la OTAN en los asuntos ucranianos.

 

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