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Volvamos a empezar

Por Octavio Quintero  

“La paz no empieza hoy, viene de ayer y seguirá mañana”, dice la mirla que trina en el periódico virtual El Satélite. Es una reflexión que indica que si la paz ha ganado las elecciones pasadas, es bueno que empiece a ponerse sobre la mesa en qué condiciones se va  llevar paz a los colombianos.

Más debajo de la mirla que trina, hay otra reflexión puesta como epitafio de una tumba: “Aquí no había paz: yo la traje”. Esto nos indica que la paz no solo significa silenciar los fusiles sino desarmar los espíritus. Y es aquí donde volvemos a empezar…

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Por Octavio Quintero  

“La paz no empieza hoy, viene de ayer y seguirá mañana”, dice la mirla que trina en el periódico virtual El Satélite. Es una reflexión que indica que si la paz ha ganado las elecciones pasadas, es bueno que empiece a ponerse sobre la mesa en qué condiciones se va  llevar paz a los colombianos.

Más debajo de la mirla que trina, hay otra reflexión puesta como epitafio de una tumba: “Aquí no había paz: yo la traje”. Esto nos indica que la paz no solo significa silenciar los fusiles sino desarmar los espíritus. Y es aquí donde volvemos a empezar…

No puede vivir en paz una sociedad como la colombiana a la que se le niegan derechos fundamentales como la salud, o sometida a condiciones laborales que distan mucho de asegurarles a los trabajadores una vida digna.

No puede vivir en paz una sociedad con tal nivel de desigualdad que resulta ser de las más pronunciadas a nivel mundial, o una sociedad cuya estructura tributaria se descarga más sobre los menos pudientes que sobre los ricos en términos proporcionales.

No puede haber paz en una sociedad atravesada por la corrupción en todos los niveles público y privado, desde las cúpulas hasta los valles, en donde bien pudiera aparecer nuevamente Diógenes con su lámpara encendida a medio día en busca de un honrado.

Ya que se salió del miedo a la guerra si no ganaba Santos, sería bueno que alguien pudiera explicar de qué paz se habla en la Habana cuando se pone como punto de entrada inamovible el modelo económico.

¿Puede alguien hacer una defensa en términos socioeconómicos del neoliberalismo? No se ve, ni aquí ni en Cafarnaúm y, para los que siguen insistiendo en que las condiciones económicas de la gente son una cosa y la violencia es otra, podría entonces descargar su mirada sobre países como Grecia, España, Portugal; por aquí mismo en Chile, por ejemplo, en donde al neoliberalismo ha llevado a la gente a una irascibilidad rayana en lo subversivo.

¿Y, qué digo: acaso no fue por unos marranos y unas gallinas que nacieron las Farc…? ¿O por un maldito florero que toda la mala vida de los granadinos explotó en la Bogotá del 1810?

Bueno, llegó la hora de hablar de paz, pero en serio, sin confundirla con la desmovilización de unos guerrilleros devenidos en narcotraficantes, con más de esto último que de lo primero, porque si todavía tuvieran algo de social en su lucha, no estarían sentados a una mesa en donde lo primero que se deja como innegociable (lo económico) es el factor principal por lo cual ellos se alzaron en armas en ese lejano año de 1949.

 

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