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Nacional

De nuevo fracasan los exámenes Pisa

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En días pasados se divulgaron los resultados de las pruebas Pisa correspondientes a la solución de problemas.

El desempeño es similar al de las pruebas de matemáticas, ciencias y lectura. En cierta forma queda al descubierto la deficiencia de la formación tradicional orientada más a memorizar

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

En días pasados se divulgaron los resultados de las pruebas Pisa correspondientes a la solución de problemas.

El desempeño es similar al de las pruebas de matemáticas, ciencias y lectura. En cierta forma queda al descubierto la deficiencia de la formación tradicional orientada más a memorizar

que a pensar.

Al igual que en las pruebas anteriores, los resultados son el reflejo de las enormes inequidades de la sociedad. La mayoría de los estudiantes obtienen puntajes por debajo del promedio. Las diferencias entre los colegios y las regiones se explican por los ingresos familiares; la influencia de los insumos escolares es imperceptible.

Lo grave es que estos resultados han precipitado a personajes que ocuparon en los últimos 20 años altos cargos a culpar a los maestros. No se advierte que estos servidores están sujetos a las evaluaciones más severas y permanentes por parte de los estudiantes, los padres de familia, el colegio y el mismo Estado, que en cualquier otro oficio. En el fondo, son una muestra de los profesionales que genera el sistema educativo de colegios y universidades. Si estos profesionales obtienen bajos salarios no es por ineficientes, sino porque operan con menos capital y tecnología.

Las soluciones están orientadas a elevar los puntajes medios e incluso altos, mejorando la selección y los salarios de profesores, y más, conformando un grupo selecto. Pero la falla del sistema no está en estos grupos, sino en la mayoría que obtienen los porcentajes más bajos. De hecho, la fórmula acentuaría la segregación y la dispersión, y no tendría mayor efecto sobre el conjunto. Debido a la relación con la distribución del ingreso y la educación, los países de mejor desempeño son aquellos que exhiben la menor diferencia entre los mejores y los peores.

Los grandes responsables de los exámenes Pisa son el Ministerio de Educación y las administraciones escolares que han consentido y propiciado un sistema segregado inducido por la desigual distribución del ingreso.

De entrada, las oportunidades de las mayorías son inferiores a las de los grupos altos que disponen de todo tipo de externalidades para apropiarse de las rentas del sector. Los estudiantes de estratos 5 y 6 no acuden a las escuelas públicas de secundaria. Los padres de familia se alían con los colegios para establecer alianzas que impidan el ingreso de estudiantes más capaces de menores ingresos. Las asignaciones per cápita de la educación primaria y secundaria disminuyeron en los últimos diez años y la de la pública bajaron a menos de la mitad. Tan sólo el 8% de los estratos 1 y 2 asiste a la universidad pública.

Lo que se plantea es quebrar la discriminación y la segregación ocasionada por las diferencias de ingresos y acentuadas por las políticas acumuladas por siglos. La solución no es distinta a la de los países nórdicos que han propiciado una estructura en la cual los jóvenes de distintos niveles socioeconómicos asisten a las mismas dependencias, para ampliar las externalidades del sistema y el acceso de los grupos menos favorecidos a la tradición cultural y a la interacción con los círculos más educados.

Lo primero es extender la educación pública a todos los niveles. Es necesario construir colegios oficiales en todos los barrios, unificar los programas curriculares, incluso evaluaciones comunes, e intercambiar profesores entre las diversas áreas. Segundo, condicionar las exenciones tributarias de los colegios privados a la asignación de becas y destinación de cupos a los estudiantes de menores estratos. Tercero, fortalecer las facultades de las ciencias de la educación mediante la concesión de apoyos financieros y el desarrollo de competencias para enfrentar los problemas y aplicar los conceptos.

El Espectador, Bogotá, 20 de abril de 2014.

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