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Nacional

Evidente desplome de la economía

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Cada cifra de la económica colombiana es peor que la anterior. La información de las cuentas nacionales reportadas a finales de la semana pasada revelan que el crecimiento del producto, que hace un año ascendía a 6%, bajó a 2,8%, contradiciendo las predicciones oficiales.

La industria, la agricultura de cereales, la minería y la infraestructura vial revelan índices negativos. El modesto avance se explica por el comercio, el sector financiero, la construcción privada y algunos servicios puntuales.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Cada cifra de la económica colombiana es peor que la anterior. La información de las cuentas nacionales reportadas a finales de la semana pasada revelan que el crecimiento del producto, que hace un año ascendía a 6%, bajó a 2,8%, contradiciendo las predicciones oficiales.

La industria, la agricultura de cereales, la minería y la infraestructura vial revelan índices negativos. El modesto avance se explica por el comercio, el sector financiero, la construcción privada y algunos servicios puntuales.

Las secuelas sobre el mercado laboral no han demorado en manifestarse. El desempleo subió en los últimos cuatro meses, el empleo informal aumentó y el salario real descendió.

Buena parte de la explicación está en el perfil productivo. La prioridad nacional estuvo durante diez años en el abaratamiento de las importaciones. El expediente contribuyó a elevar el salario en 2% anual y se sostuvo con la elevación de los precios de los productos básicos y la inversión extranjera. A cambio de ello, se propició una estructura productiva dominada por la minería y los servicios que se caracterizan por la baja productividad. El país dejó de lado la producción de bienes industriales y agrícolas que tienen mayor potencial de exportación y sustitución de importaciones. Se configuró un cuantioso déficit en cuenta corriente que, por un lado, presiona el tipo de cambio y baja el salario real, y por otro, ocasiona una severa contracción de la demanda efectiva.

Las cifras divulgadas en la última semana sobre la industria, Ecopetrol y las utilidades de las grandes empresas revelan un deterioro acelerado. Aún más diciente, la reducción de las predicciones de recaudos de la DIAN en $7 billones y el descenso de las ventas del comercio de 1% constituyen un claro indicio de que el choque externo, que en un principio se manifestó en los índices de producción, llegó al consumo que representa más de la mitad del producto nacional. Estamos en una economía que se dirige con un déficit en cuenta corriente cercano a 7% del PIB y crecimiento del consumo cero hacia el estancamiento y el retroceso.

No se podía esperar que el modelo del TLC, inversión extranjera y revaluación perdurara por más de una década. Sólo se podía mantener con precios del petróleo de US$100 y entrada indefinida de inversión extranjera. En el momento que terminara el beneficio por el abaratamiento de las importaciones, el andamiaje tenía que venirse abajo, pero esto no cabía dentro de la creencia de que la economía estaba blindada a los choques externos.

El perfil conformado por el abaratamiento de las importaciones y la conformación de un perfil de baja complejidad no podía transformarse de un momento a otro en el motor de crecimiento y expansión de las exportaciones. La minería y los servicios son limitados por la demanda. Las productividades de la industria y la agricultura son muy inferiores a la de los socios comerciales; su colocación en los mercados internacionales está condicionada a devaluaciones y baja de salarios que no son socialmente sostenibles. Por exclusión de materia, la única salida de verdad al desbalance externo es la aplicación de políticas industriales y agrícolas para elevar la productividad mediante el aprendizaje en el oficio, la innovación tecnológica y la protección escalonada.

Frente a este panorama aparece descabellado el anuncio del Gobierno de desmontar lo que queda de aranceles. La medida prolongaría la cadena de equivocaciones que ha llevado a la economía al estado crítico. Por el contrario, a corto plazo el margen de maniobra para enfrentar el desajuste externo se reduce a subir los aranceles, intervenir el tipo de cambio y apartarse de la regla fiscal.

El Espectador, Bogotá.

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