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Nacional

La misión cafetera

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Los resultados de los estudios de la Misión Cafetera fueron presentados por el director como conclusiones finales. Los directivos de la Federación de Cafeteros, los encargados de ponerlos en ejecución, han revelado una abierta discrepancia con los análisis y propuestas.

En las presentacionesdel estudio no se incluye una descripción histórica de la Federación y la política cafetera.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

Los resultados de los estudios de la Misión Cafetera fueron presentados por el director como conclusiones finales. Los directivos de la Federación de Cafeteros, los encargados de ponerlos en ejecución, han revelado una abierta discrepancia con los análisis y propuestas.

En las presentacionesdel estudio no se incluye una descripción histórica de la Federación y la política cafetera.

En razón de que el café es altamente inelástico y que Colombia está entre los principales productores mundiales, el país disponía de un poder de mercado que le permitía influir en los precios internacionales. En este contexto, se consolidó el acuerdo mundial de consumidores y productores orientado a regular la producción y la oferta mundial para obtener los máximos ingresos cafeteros.

La intervención en la política cafetera se realizaba con el Estatuto 444 que contemplaba un severo control de cambios mediante la junta monetaria. El papel de la Federación, que era especialmente administrativo, quedó a la deriva con el desmonte del Acuerdo Mundial del Café y la creación del Banco de la República. Las funciones de control de cambios pasaron a la Federación y las ejercen los ministros que asisten al Comité de Cafeteros.

El desmonte del Acuerdo Mundial 1989 fue el primer golpe de la apertura económica. En la creencia de que la competencia les rendiría mejores frutos al país y los productores, las naciones productoras y consumidoras acordaron prescindir de la intervención directa. La determinación ocasionó un deterioro de los precios internacionales del café y una severa reducción en los ingresos de los países productores. En Colombia significó el desplome de la producción, los ingresos y los niveles de vida de las zonas cafeteras.

La Comisión plantea borrón y cuenta nueva. Propone recortar en forma drástica las facultades administrativas de la Federación y eliminar las políticas de intervención cafetera con el argumento que interfieren el mercado y reducen la competencia. Sin mayor recato, se revive el discurso neoliberal que sirvió para el desafortunado desmonte del Acuerdo Cafetero Mundial.

Es cierto que las múltiples funciones de la Federación no dejan de ser formas para justificar la burocracia y los compromisos regionales. Sin embargo, no debe confundirse con las decisiones de política cafetera pública, entre las cuales, se destacan el precio de adquisición de las cosechas, la participación en las exportaciones y el subsidio para elevar el precio interno del café.

El país todavía tiene poder de mercado. El abandono de la intervención de la Federación en el precio de compra y en las exportaciones significaría entregarlo a los agentes privados en detrimento de los intereses nacionales y de la mayoría de los productores. El subsidio es cuento aparte. El Gobierno lo estableció como compensación a la cuantiosa revaluación y luego lo amplió para superar el paro cafetero y afianzarse en las elecciones. Los responsables de los desaciertos en materia de aplicación y selección de beneficiarios son los ministros con asiento en el Comité de Cafeteros.

Lo peor que puede ocurrir es que a los errores del Acuerdo Cafetero Mundial y del Comité de Cafeteros se agregue la entrega del poder de mercado a los intereses privados. El estudio de la Misión, que fue mal presentado y tiene la tarea de evaluar al Gobierno que lo contrató, debe empezar por separar las funciones administrativas de la Federación y la política cafetera. Las primeras deben ser materia de un estatuto que defina las funciones del organismo y las necesidades personales a la luz de las nuevas realidades mundiales y nacionales del café, en tanto que la política cafetera está en mora de trasladarse a los organismos de decisión macroeconómica.

El Espectador, Bogotá.

 

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