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La Tercera Vía

Por Eduardo Sarmiento Palacio  

El presidente Santos lanzó la Tercera Vía como línea central de su nuevo mandato, con la presencia de cinco ilustres expresidentes.

La doctrina está inspirada en una organización económica que permita al mercado hasta donde sea posible y adelante la intervención el Estado hasta donde sea necesaria.

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Por Eduardo Sarmiento Palacio  

El presidente Santos lanzó la Tercera Vía como línea central de su nuevo mandato, con la presencia de cinco ilustres expresidentes.

La doctrina está inspirada en una organización económica que permita al mercado hasta donde sea posible y adelante la intervención el Estado hasta donde sea necesaria.

En el fondo, se trata de un sistema que reconoce tanto el mercado como el Estado para lograr sus propósitos de desarrollo, pero el anuncio de los dos instrumentos del modelo, sin precisar las finalidades, no pasa de ser un lugar común que nadie sabe para qué sirve. En la práctica puede ir de mercado pleno a Estado pleno. Como no existe una referencia seria de cómo establecer el punto medio, en la práctica se acude a las concepciones clásicas que claman que el crecimiento y la distribución del ingreso son separables. De esta manera, el mercado se encarga de la eficiencia y el crecimiento, y la intervención del Estado de las trasferencias fiscales para acortar las desigualdades.

En el fondo, esta interpretación corresponde a los esquemas que surgieron después del neoliberalismo y de sus efectos sociales devastadores. La mejor ilustración se encuentra en Chile, que luego de haber acudido al mercado hasta lo posible durante la administración Pinochet, con la liberación de los mercados, las privatizaciones, la represión laboral, las administraciones socialdemócratas le colgaron programas asistencialistas encaminados a propiciar transferencias en favor de los grupos menos favorecidos. El mismo esquema con diferentes variantes se ha aplicado en la mayoría de los países de la región. Si bien la incidencia sobre el crecimiento es disímil, el denominador común ha sido el retroceso de la distribución del ingreso.

La combinación de mercado y Estado asistencialista no logró la conciliación entre el crecimiento y la equidad, dejando al descubierto un grave error teórico. No hay tal independencia entre el crecimiento y la equidad que se clama en el segundo teorema de bienestar de la ciencia económica. Hay una amplia evidencia teórica y empírica de que el crecimiento económico inducido por el mercado, en particular por el ahorro, el libre comercio y la automatización, reduce los ingresos del trabajo en el producto nacional y amplía las desigualdades. Los daños en la equidad superan con creces las posibilidades de compensarlos con transferencias fiscales. Por eso, en la mayoría de los países del mundo, la distribución del ingreso se deterioró en los últimos veinte años.

Las cosas resultaron distintas en Europa. El deterioro de la distribución del ingreso ocasionado por el mercado se contrarrestó en buena medida con un sistema fiscal de elevados gravámenes y amplios apoyos estatales, que obstaculizan el crecimiento. La equidad se consigue a cambio de la producción y el empleo.

En fin, no se ha avanzado en una teoría que establezca cuál es la combinación de mercado y Estado que concilia el crecimiento y la equidad, y ni siquiera que evite el deterioro creciente de la distribución del ingreso. Más aún, mientras en los países de mediano desarrollo predomine el modelo neoliberal, es posible que no exista la intervención del Estado capaz de corregir las enormes desigualdades.

Es hora de que se entienda que la relación entre el crecimiento y la equidad es determinada principalmente por el modelo económico. La solución no está en recoger a los damnificados del mercado hasta donde sea posible en ambulancias asistencialistas. Lo que se plantea es un nuevo modelo que reduzca las ganancias del capital, evite los sesgos contra el salario del comercio internacional, el ahorro y la automatización, y eleve en forma notable la participación del 40% más pobre en el ingreso nacional.

El Espectador, Bogotá, 6 de julio de 2014.

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