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Las tareas sociales pendientes en Bogotá

Por Aurelio Suárez Montoya  

Decidí no hablar de Bogotá mientras no hubiera definiciones en torno a la permanencia de Gustavo Petro en la Alcaldía. Y aunque hay capítulos pendientes, considero conveniente hacerlo ahora, justo cuando Juan Manuel Santos ha lanzado el “Pacto por Bogotá” con miras a reforzar su reelección, porque tal propuesta se sustenta en la hipótesis según la cual -como la “izquierda” fracasó por 10 años- los grandes negocios-megaproyectos, como los llaman algunas publicaciones, son la solución al “polvorín” que hoy es la capital.

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Por Aurelio Suárez Montoya  

Decidí no hablar de Bogotá mientras no hubiera definiciones en torno a la permanencia de Gustavo Petro en la Alcaldía. Y aunque hay capítulos pendientes, considero conveniente hacerlo ahora, justo cuando Juan Manuel Santos ha lanzado el “Pacto por Bogotá” con miras a reforzar su reelección, porque tal propuesta se sustenta en la hipótesis según la cual -como la “izquierda” fracasó por 10 años- los grandes negocios-megaproyectos, como los llaman algunas publicaciones, son la solución al “polvorín” que hoy es la capital.

Parece obviarse que Bogotá sigue padeciendo graves problemas sociales y gran iniquidad. Las iniciativas emprendidas para paliarlos en una década bajaron el coeficiente de Gini de 0,571 en 2002 a 0,522 en 2011 y, aunque registra un descenso mayor que el resultado nacional, no lograron erradicar las secuelas que el neoliberalismo irriga sin miramientos por Colombia.

Según la medición de pobreza y desigualdad del DANE para 2013, en Bogotá este coeficiente fue de 0,504, casi empatado con Cali y Medellín y apenas superado por Pasto y Montería entre las 13 áreas metropolitanas estimadas por el DANE, y en 2013 creció respecto a 2012, cuando era 0,497. Si bien la pobreza ha caído en una tercera parte en cuatro años, de 15,5% a 10,2%, y la indigencia de 2,6% a 1,6%, en números absolutos significan casi un millón de personas y 150 mil, respectivamente.

El desempleo y la informalidad campean. En 2013, el efecto de la reducción de los desocupados en Bogotá, con relación a 2012, de 432 mil a 322 mil, se neutralizó por el incremento de trabajadores por cuenta propia, que ya llegan a 1’360.000, al de los ocupados sin remuneración y al de los “inactivos”. La estructura empresarial refuerza la dramática visión. De 250 mil empresas existentes, aproximadamente el 90% son microempresas y el 1%, las mayores, concentran entre el 85% y el 90% del valor del capital. El “rebusque” es el medio económico sucedáneo a la industria, que ha reducido su participación en el PIB bogotano del 17% en 1995 al 10% en el tercer trimestre de 2013.

El cuadro anterior se recrudece con las respuestas sobre calidad de vida que los ciudadanos dieron en la encuesta-2013, “Bogotá, cómo vamos’”. El 10% de los hogares, más de 200 mil, dijeron que varias veces en el último mes, uno de sus miembros comió menos de las tres comidas diarias; más de la mitad del 33% de los hogares capitalinos, que son los que tienen niños menores de 5 años, contestó que los dejan al cuidado de adultos en la casa y sólo 19% de estos niños va a jardín o a preescolar público.

Así mismo, un 40% de aquellos que vieron degradada su situación económica, que es el 14% de todos los hogares de Bogotá, acusan al costo de los servicios públicos y al de los alimentos, este último agravado por el cierre de más de 150 comedores comunitarios en los dos últimos años. Para rematar, apenas el 36% de las familias tiene casa propia totalmente pagada; hay 270 mil jóvenes, de 1,8 millones entre los 14 y los 26 años, que ni estudian ni trabajan y el 15% de quienes se desplazan a diario lo hace por medio humano en buena medida por las altas tarifas.

Hay frustraciones enormes devenidas de la tibia “Bogotá sin hambre”, de las corruptelas que macularon indeleblemente a “Bogotá Positiva” y de las insuficiencias de la “Bogotá Humana”. Pero que nadie se imagine que se corregirán con el neoliberalismo a ultranza de los “juanmanueles”, ni al tenor de los TLC ni del modelo 4G (alianzas de negocios público-privados) aplicado o en las nuevas troncales de Transmilenio y autopistas urbanas, o quizás se extenderá al Metro y a los metrocables del suroriente, y con ambición desmedida en proyectos urbanos como el CAN o Ministerios.

Es de esperar que el péndulo no explote antes de que vuelva a retornar, para ello será indispensable implantar una alcaldía que actúe consecuentemente a favor del interés general, no de particular alguno, ni lícito ni ilícito, que, con honestidad y eficacia incontrastables, dé un verdadero salto en el campo social y adopte a futuro políticas públicas democráticas en los aspectos sustanciales de la vida urbana. No hay otra.

 

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