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Los retos de Ernesto Samper al frente de la Secretaría General de Unasur

Por Fernando Arellano Ortiz  

La designación del expresidente colombiano Ernesto Samper Pizano como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en reemplazo del venezolano Alí Rodríguez Araque, prácticamente es un hecho habida cuenta el consenso que en torno a su nombre se ha logrado en la región, según lo confirmado por los mandatarios de Uruguay y Ecuador, José Mujica y Rafael Correa, respectivamente.

Resulta paradójico que Colombia vuelva a obtener la Secretaría General de Unasur

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Por Fernando Arellano Ortiz  

La designación del expresidente colombiano Ernesto Samper Pizano como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en reemplazo del venezolano Alí Rodríguez Araque, prácticamente es un hecho habida cuenta el consenso que en torno a su nombre se ha logrado en la región, según lo confirmado por los mandatarios de Uruguay y Ecuador, José Mujica y Rafael Correa, respectivamente.

Resulta paradójico que Colombia vuelva a obtener la Secretaría General de Unasur

(pues la excanciller María Emma Mejía de tinte neoliberal estuvo al frente de esa posición entre mayo de 2011 y junio de 2012), cuando su gobierno (el de Juan Manuel Santos) se ha caracterizado por torpedear la integración suramericana impulsando la Alianza del Pacífico, un instrumento auspiciado por Washington que busca no solo generar sinergias de libre comercio en la región sino dar al traste con todo lo que tiene que ver con la unión política y económica de la región.

Samper Pizano es un dirigente político de amplia experiencia en el ámbito académico y con credenciales en el tema de la integración hemisférica como coordinador del Foro de Biarritz, una instancia de acercamiento entre América Latina y Europa. Se autocalifica de “socialdemócrata”, un eufemismo hoy en día para disimular la derechización de esa tendencia ideológica. Se podría afirmar que el nuevo secretario general de Unasur es, aunque no lo acepte, un derechista moderado que está lejos de lo que hoy representa en Colombia, su ex pupilo político en la década de los 90, Álvaro Uribe Vélez, quien representa la ultraderecha mafiosa y de caverna.

Defensa del proceso democrático, primer desafío

El primer desafío que tiene por delante Samper Pizano una vez  asuma en Quito la Secretaría de este importante mecanismo de integración regional, es el de tratar de generar, como bien lo señala el politólogo argentino Atilio Boron, una estrategia adecuada para evitar que Estados Unidos arrase con  los procesos políticos de acento progresista que se vienen dando fundamentalmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Lo cual no es tarea fácil habida cuenta que Suramérica es hoy en día un mapa muy heterogéneo donde hay por un lado gobiernos de izquierda radical que están avanzando, con mayor o menor intensidad, pero avanzan al fin y al cabo por una senda de cambios profundos, y de otro, están gobiernos más moderados como los de Brasil, Argentina, Uruguay, el Chile de Bachelet, junto con regímenes ultraconservadores de corte neloiberal como los de Colombia, Perú y Paraguay.

Simultáneamente a la defensa de la democracia suramericana, está el tema de ejecutar igualmente una política integracionista para enfrentar el criminal chantaje del capital especulativo transnacional que en este momento está poniendo contra la pared a Argentina con el tema de los denominados fondos buitre (consistentes en comprar en el mercado accionario deuda de Estados y empresas al borde de la quiebra, normalmente al 20% o al 30% de su valor nominal y luego mediante artificios legales obtener el pago del 100%).

Tanto la preservación en forma activa de los procesos democráticos en la región como la defensa del ataque de la piratería financiera presupone ir en contravía de la posición hegemónica de Estados Unidos que en forma solapada está detrás de la desestabilización política y económica de Suramérica. Es decir, Washington apuesta por desestabilizar a gobiernos como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, al tiempo que respalda a los fondos buitre en su afán de timar al Estado argentino. En ese sentido, Unasur tiene y debe jugar un papel protagónico en la coordinación de acciones en la defensa de los intereses de la región. Un rol muy complicado para Samper Pizano si se tiene en cuenta que su designación al frente de la Secretaría General de esta institución de política multilateral es avalada por el gobierno neoliberal de Juan Manuel Santos, caracterizado por ser pronorteamericano y proisraelí y como consecuencia de ello, haber convertido a Colombia en un laboratorio militar estadounidense que amenaza a todo el continente, y en una plataforma del capital especulativo transnacional que proyecte sus leoninos negocios para el saqueo de los recursos naturales de América Latina.

Nueva visión de la integración regional

Así como la tarea que le espera a Samper en el caso de que la región busque consolidar su proceso integracionista es de gran envergadura, hay que reconocer que en la actual etapa del devenir histórico hay fortalezas que permiten desarrollar dinámicas de unidad e interacción desde Unasur.

En efecto, desde hace más de una década el panorama regional ha manifestado un cambio en su proceso interno de confluencia y acción política. Nunca antes se habían logrado afianzar instituciones supranacionales medianamente estables, legítimas y orientadas exclusivamente por los países de América Latina. En ese sentido, se trata de un cambio geopolítico de carácter doble: por un lado, de los países del subcontinente entre sí; por el otro, de la región frente a otras regiones. Simultáneamente, se perciben reacomodamientos geopolíticos de Estados Unidos para la región y la emergencia tanto de doctrinas que reivindican los denominados “golpes blandos”, como de diversas estrategias para relanzar la hegemonía disputada por los movimientos y gobiernos populares latinoamericanos y caribeños.

Esta realidad obliga a tener en cuenta un abanico de temas relacionados con la integración regional como proyecto geopolítico hemisférico, tales como las transformaciones socioeconómicas en los países latinoamericanos, las nuevas alianzas y factores de poder, las disputas por la organización y (re)apropiación de los bienes y recursos naturales de la región y las tensiones resultantes en aquellos aspectos que vertebran las identidades comunes latinoamericanas.

Consolidación de la institucionalidad

En el corto periodo en que lleva funcionando Unasur (desde marzo de 2011), cuya sede está en Quito, se ha avanzado en el desarrollo de su institucionalidad para materializar una estrategia conjunta de cooperación política, económica, militar, cultural y ecológica. Actualmente están funcionando doce consejos sectoriales. Uno de ellos que merece mención especial por su impacto geoestratégico en la región es el Consejo de Defensa Suramericano cuya función está enfocada a concretar iniciativas relacionadas “a la protección de los recursos naturales, tales como la construcción de instrumentos jurídicos comunes y convergentes; desarrollos doctrinarios y conceptos compartidos; promoción de la formación y educación en las instancias regionales suramericanas Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) y Escuela Sudamericana de Defensa (ESUDE), entre otros”.  Es decir,  Se trata de una instancia de consulta, cooperación y coordinación en materia de Defensa que se inscribe en las nuevas concepciones de la defensa y la seguridad.

Cabe resaltar que el Consejo de Defensa Suramericano no es una alianza militar y por consiguiente su acción no está dirigida a la predeterminación de enemigos o a desarrollar hipótesis de guerra o agresión. Su misión se enfoca a un acompañamiento positivo de los procesos de integración regional.

Recursos naturales como eje dinámico de integración

Otro de los temas en el que ha puesto hincapié el actual secretario general de Unasur, Alí Rodríguez, es el concerniente a sustentar las premisas que posibiliten concretar en el mediano plazo una estrategia común de unidad e integración en torno a la protección y aprovechamiento de los recursos naturales de la región.

Se trata, como lo ha señalado el propio Rodríguez, de convertir a la Unasur en un proceso irreversible a partir de una estrategia y un plan comunes sustentados en el aprovechamiento conjunto de ese acervo gigantesco de riquezas naturales, habida cuenta que en ellas recae la principal fortaleza de Suaramérica.

Hacia una nueva arquitectura financiera regional

Otro de los desafíos de Unasur que permita solidificar su proceso integracionista es el de concretar una nueva arquitectura financiera regional para lo cual es indispensable que entre en funciones el Banco del Sur al que vienen impulsando países como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay Venezuela. Se busca con ello poner en marcha  una banca de desarrollo de nuevo tipo, como un conjunto de nuevas prioridades en materia de alimentación, energía, cuidado de la salud, ciencia y tecnología, conectividad física, financiamiento de la economía popular y nuevas prácticas bancarias.

De esta manera se logrará bloquear la restauración del poder de chantaje de la vieja arquitectura financiera, liderada por el FMI, el Banco Mundial y a nivel regional por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por un lado, y por otro detener la ofensiva de los especuladores de capital a nivel mundial.

Desafíos que le esperan a Samper Pizano en el propósito de consolidar la dinámica integracionista de América del Sur, dejando atrás el tutelaje, el chantaje y la continua intervención de una potencia decadente como Estados Unidos con instituciones confeccionadas a su medida como la OEA y el BID que en forma descarada han contribuido a que la región fuera el patio trasero de Washington.

 

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