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Argentina: usos opositores de la muerte

Por Roberto Follari  

La teoría de Thomas Kuhn sobre los paradigmas muestra cómo dos versiones del mundo (incluso dentro de una misma ciencia) se hacen irremisiblemente diferentes y no comunicables entre sí; es decir, no resolubles por vía de argumentación o contrastación con hechos en cuanto a quién tenga razón, sino autocentradas cada una en sus propias nociones y pretendidas certidumbres.

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Por Roberto Follari  

La teoría de Thomas Kuhn sobre los paradigmas muestra cómo dos versiones del mundo (incluso dentro de una misma ciencia) se hacen irremisiblemente diferentes y no comunicables entre sí; es decir, no resolubles por vía de argumentación o contrastación con hechos en cuanto a quién tenga razón, sino autocentradas cada una en sus propias nociones y pretendidas certidumbres.

Vemos cómo en Argentina, la furia de ciertas oposiciones políticas quiere -a toda costa- ver un asesinato en la muerte del fiscal Nisman, ocurrida el domingo 18 de enero. Nisman había lanzado una ruidosa acusación judicial cuya solidez, en primera instancia, parece escasa, en contra de la gobernante, el canciller y algunos personajes secundarios (elegidos según su impopularidad para el mundo mediático, aparentemente). La fiscal que realizó pericias en el cuerpo del fiscal fallecido dictaminó en primera instancia que no hubo otras personas en la escena de la muerte. La hipótesis del suicidio no quedó plenamente probada, pero aparece por lejos la más plausible (al menos hasta la tarde del miércoles, en que redactamos este texto).

Pero los opositores demuestran querer ver otra cosa (como señalábamos que ha explicado Kuhn); necesitan que esto haya sido un asesinato, o al menos el fruto de una presión gubernamental. Y han logrado que un sector de la población crea esto, y salga a la calle a protestar pidiendo justicia, frente a un hecho que -si hacen caso a la justicia a la que dicen defender- hay amplias posibilidades de que haya sido suicidio, es decir, un acto autoinfligido. Sin embargo, no hay argumento que les sirva, y en estos días no han hecho caso a las iniciales pericias de la fiscal, pues ellas han ido contra sus deseos de culpar al Gobierno a cualquier costo.

Por cierto, algunos suponen entonces que la motivación para el posible suicidio vino desde el Gobierno. Pero si se atiende a que Nisman volvió súbitamente de unas vacaciones en Europa, dejó a su hija de 12 años varada en el aeropuerto de Barajas y apareció de golpe en Buenos Aires haciendo una acusación enorme -que debiera haber sido fruto de una larga investigación- la situación se hace confusa. ¿Quién llamó a Nisman a volver a Argentina? ¿Por qué lo hizo? ¿Fue realmente él quien escribió la acusación?

Por cierto que hay no pocas anormalidades en el curso de la causa del brutal atentado a la AMIA hecho en tiempos de Menem, causa que Nisman debía investigar y en la que no logró nada en dos décadas. Por el contrario, se plantaron pruebas falsas y borraron huellas múltiples. A su vez, la nueva causa contra la presidenta Fernández fue operada por el fallecido fiscal sin que nadie se la otorgara, incluyó grabaciones telefónicas no autorizadas por el juez (Canicoba Corral) y fue trasladada por Nisman no a este juez sino a Lijo, un magistrado obviamente enfrentado con el Gobierno nacional y, por ello, de muy dudosa imparcialidad para el caso.

Demasiados hilos sin atar, como para simplificar en la pretendida responsabilidad gubernamental. Más si se tiene en cuenta la casi total dependencia que Nisman tenía de un agente del espionaje nacional de apellido (falso) Stiuso, que llevaba varias décadas enquistado allí, y que ha sido desplazado de su cargo en diciembre por la mandataria. Se presumía que desde ese espacio habría revancha contra el Gobierno, y eso se advirtió en una abrupta e inusual andanada de ataques judiciales contra funcionarios en diciembre (la relación entre justicia y Secretaría de Inteligencia parece ser muy estrecha, por la posibilidad de la segunda de chantajear a la primera), situación que llegó a su paroxismo con la implausible acusación lanzada por Nisman -si bien no necesariamente escrita por él- la semana anterior.

El Telégrafo, Ecuador.

 

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