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¿´Golpe blando´ a alternativas neoprogresistas en la región?

Por Alpher Rojas Carvajal  

Una aproximación desde el riguroso espectro de las Ciencias Sociales al proceso electoral del 06-Dic en la República Bolivariana de Venezuela, nos debe conducir -en equilibrado tratamiento y previo descarte de las emociones compulsivas, intereses económicos y prejuicios ideopolíticos-, a identificar los factores que determinaron tales resultados. Desde luego, no derivan ellos de una única circunstancia atribuible a procesos endógenos –indescartables, por supuesto-, sino también a externalidades complejas. Venezuela es el quinto productor de petróleo en el mundo, pero el primero en reservas, y ha orientado un realineamiento regional con un fuerte tono social y democrático en el que basa su proyecto de emancipación sociopolítica.

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Por Alpher Rojas Carvajal  

Una aproximación desde el riguroso espectro de las Ciencias Sociales al proceso electoral del 06-Dic en la República Bolivariana de Venezuela, nos debe conducir -en equilibrado tratamiento y previo descarte de las emociones compulsivas, intereses económicos y prejuicios ideopolíticos-, a identificar los factores que determinaron tales resultados. Desde luego, no derivan ellos de una única circunstancia atribuible a procesos endógenos –indescartables, por supuesto-, sino también a externalidades complejas. Venezuela es el quinto productor de petróleo en el mundo, pero el primero en reservas, y ha orientado un realineamiento regional con un fuerte tono social y democrático en el que basa su proyecto de emancipación sociopolítica.

Este país se ubica hoy en el puesto 71 del Índice de Desarrollo Humano (IDH) -ponderado por el PNUD, 2015, que toma en cuenta variables sociales y económicas-, al situarse en el rango de los países que han logrado mayor índice de igualdad social.
La circunstancia histórica de que en 19 años de Revolución Bolivariana se hubieran realizado 17 procesos electorales –dos de ellos desfavorables al chavismo- que las auditorías internacionales declararon impecables, generó una estrategia reactiva de Estados Unidos ante la aparente consolidación del régimen “socialista” en su “patio de atrás”, e impulsó dispositivos propios de la psicología política como la “guerra de cuarta generación”, principalmente instrumentalizados a través de alianzas mediáticas privadas, la exaltación de los sectores de oposición y el desprestigio sistemático del régimen. 

La Revolución Bolivariana ha sufrido desde el inicio, numerosos ataques que van desde golpes de Estado, atentados contra la producción petrolera, hasta acaparamiento de alimentos y medicinas. El 11 de abril de 2002 Estados Unidos respaldó un golpe cívico-militar de los grandes capitales norteamericanos y venezolanos junto con un sector del Ejército que puso en la presidencia a Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras.

Además, EE.UU. estaba avocado a reinventar su debilitado Consenso de Washington, con instrumentos como el “Área de Libre Comercio para las Américas” (ALCA),  y la nueva (´Alianza Pacífico´) a fin de asegurar el acceso de sus corporaciones transnacionales al mercado regional con gran rentabilidad y bajos costos laborales, cuyas clausulas anexionistas le permitirían disponer de la enorme gama de recursos naturales, la propiedad intelectual y la privatización y monopolio del conocimiento y la tecnología, incluyendo ámbitos como la genética y la biodiversidad.  Sin embargo, ese instrumento económico fue derrotado en Mar del Plata, Argentina, en 2005, cuando el Presidente Chávez proclamó su resonante “¡Alca, al-carajo!”, respaldado por 34 mandatarios de América Latina y el Caribe.

Por ello, Estados Unidos lanzó una implacable acometida para restaurar su escenario de influencia estratégica en la región, y convertir a América Latina y al Caribe en teatro de operaciones de confrontación, con la finalidad geopolítica de disputarles espacios a China y Rusia, potencias con dinámico influjo en la región.

La táctica ha sido -como lo ha expresado James Petras-: “crear tensión, pánico, provocar mayores problemas económicos y una vez que las cosas empeoren, financiar operativos internos, promover debacles y marchas con luchadores callejeros y terroristas que produzcan confrontaciones y muertes. Con el uso de la difícil situación económica se completaría una sumatoria de tensión y en ese momento lanzar un golpe (…) Además, el ´Imperio´ se ha propuesto destruir las organizaciones regionales construidas con la orientación del presidente Hugo Chávez: la UNASUR, el ALBA, el CELAC, el MERCOSUR, para volver a la OEA, donde la orientación está dirigida hacia la dominación norteamericana.

La preocupación de las elites económicas y de los actores políticos norteamericanos se habría de centrar en el papel económico cumplido por el Estado en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador y Uruguay: “países que, en general, desarrollaron novedosas políticas sociales de rescate directo de segmentos importantes de la población en extrema pobreza con resultados inéditos en términos históricos”.  Fue “la única región del mundo que registró en el período referido una significativa disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso monetario” (CEPAL, 2015). Sin embargo, las medidas adoptadas por Maduro no abandonaron del todo el credo neoliberal y allí empezó el endémico traspiés.

La oposición venezolana había tenido un comportamiento de critica al sistema con argumentos propios de la ideología de derecha sin violencia aparente, pero en la oportunidad en que el presidente Maduro derrotó a Henrique Capriles en febrero de 2014, el dirigente de ese Partido Leopoldo López rehusó aceptar el veredicto proclamado por el CNE, se alzó contra la institucionalidad democrática y llamó a la violencia (incendios, destrucciones y francotiradores), acciones criminales que dejaron un saldo de víctimas humanas y daños materiales de al menos 43 muertos y cientos de heridos. López fue apresado por el poder judicial (no por el gobierno), por ello el “líder” opositor es un político preso y no “un preso político”. En cualquier democracia le hubiera sucedido igual a quien intentara desestabilizar el gobierno.

Esas circunstancias constituyeron uno de los pretextos para que el lunes 09 de marzo la ´Casa Blanca´, declarara la “emergencia nacional” por la situación política venezolana e indicara que ese país “constituye una seria amenaza para la seguridad nacional estadounidense”:  http://www.infobae.com/2015/03/09/1714778-obama-declara-venezuela-una-amenaza-contra-la-seguridad-los-eeuu. Este hecho atemorizó a gran parte de la población y empezó a producirse un “desenamoramiento” de sectores de la clase media del proceso revolucionario, una transformación que aunque registró enormes logros en el campo social, ciertamente no tuvo su equivalente moral, como lo reconoció el propio presidente Nicolás Maduro.

Sin duda, la caída del precio del petróleo y la corrupción (de la llamada ´boliburguesía´) fueron la causa eficiente del desastre económico. Además del sabotaje económico, las múltiples formas de acaparamiento, contrabando y especulación promovidas por el poderoso gremio empresarial en impúdicas alianzas con sectores corrompidos del gobierno, contribuyeron al fracaso electoral. A ello se agrega la manipulación desde Colombia del comercio legal e ilegal (ver información de El Tiempo 19-XII-15: “En tres locales se encontraron cerca de 50.000 elementos de aseo personal y de la canasta familiar”. En Colombia funcionan tiendas y supermercados que venden a precios reducidos esa mercancía traída de contrabando por la frontera, además de la presencia de mafias y paramilitarismo en ese territorio de lo cual se ha responsabilizado “con amplio sustento probatorio” al expresidente Álvaro Uribe, por el gobierno bolivariano.

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