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Élites y poder

Por Fander Falconí  

Evitar impuestos ha sido la consigna de las élites económicas y políticas de los países latinoamericanos desde que eran élites de las colonias europeas. En aquella época, su actitud era justificada porque los tributos que iban a Europa no regresaban nunca a tierras latinoamericanas. En el caso específico de España, ni siquiera el pueblo español se beneficiaba de este dinero, sino el monarca y su corte, el alto mando militar y las autoridades eclesiásticas; pero tal oro ni siquiera rebotaba en España, sino que terminaba en las arcas de los banqueros de Italia y Holanda, en lo principal. 

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Por Fander Falconí  

Evitar impuestos ha sido la consigna de las élites económicas y políticas de los países latinoamericanos desde que eran élites de las colonias europeas. En aquella época, su actitud era justificada porque los tributos que iban a Europa no regresaban nunca a tierras latinoamericanas. En el caso específico de España, ni siquiera el pueblo español se beneficiaba de este dinero, sino el monarca y su corte, el alto mando militar y las autoridades eclesiásticas; pero tal oro ni siquiera rebotaba en España, sino que terminaba en las arcas de los banqueros de Italia y Holanda, en lo principal. 

La situación interna de España (una potencia que se comía su capital, incluso reforzó la Inquisición para obtener más ingresos) se deterioró tanto que para 1800 era el aliado pobre de Francia contra Inglaterra. Napoleón invadió la península ibérica en 1808 y el breve caos que sobrevino en el imperio español, más la insurgencia interna, permitió que se iniciara el proceso de independencia hispanoamericana. Algo similar ocurrió en el Brasil, aunque allí fue la misma monarquía de Portugal la que dio el paso a la emancipación.   

Más o menos en 1830, la mayoría de estos países ya pertenecían por entero a sus élites locales. Sin embargo, tres siglos de pelear contra la tributación dejaron su huella; continuaron ocultando sus ingresos. Y la costumbre ha permanecido hasta nuestros días. Todavía hoy lo que más enardece a dichas élites es el impuesto a la herencia. Y, lo más grave, ahora evitan los tributos mediante sofisticados procedimientos. Son históricamente los que más se han beneficiado de sus países, pero son los primeros en despreciar su tierra y en hacer todo lo posible por estafar a sus propias naciones.

Esta situación ha creado élites rentistas, sin el menor interés en mejorar la competitividad de sus industrias a escala internacional. Están dispuestas a negociar con cualquier potencia extranjera, aunque sea incumpliendo las leyes de su país, con tal de obtener ganancias. Las pruebas están a la vista.

Periodistas peruanos (del grupo Ojo Público, en octubre de 2015) desenmascararon a la gente más rica de su país, que resultó también la de menos escrúpulos. Sin duda, no era una noticia de primera plana para muchos medios privados. No había sangre derramada ni delincuentes pobres ni los típicos componentes de la crónica roja. Además, los actores de estos delitos de cuello blanco bien podrían ser accionistas de esos medios.

Las revelaciones de este reportaje son más indignantes que las que aparecerían en una violación o en un asesinato, en especial porque son las causas indirectas de muchas desgracias del pueblo peruano. Ojo Público identificó a ocho grupos financieros del Perú que crearon filiales de sus compañías en paraísos fiscales del exterior, en territorios que permiten eludir o reducir el pago de impuestos, evitar las regulaciones tributarias de sus países de origen y proteger el secreto de sus millonarios ingresos.

En Perú las empresas más ricas pertenecen a 20 familias. Ocho de ellas  han levantado filiales en siete paraísos fiscales desde hace 25 años: Islas Caimán, Islas Vírgenes, Islas Bermudas, Panamá, Belice, Bahamas y Chipre. Cifras oficiales confirman que en un año estos grupos están dejando de pagar US$ 100 millones en impuestos. Solo una democracia efectiva volverá obsoletas a las élites.

@fanderfalconi

El Telégrafo, Ecuador.

 

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